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Ombligo de alguien. Cicatriz de una experiencia “incuestionable” alguna vez vivida y via de acceso a “lo desconocido” o “lo aun no reconocido”.

                                                                              Eduardo A Grinspon

Secuencia en mi posición preoníricaen sesión que antecede a este desarrollo.

  • Desde una posición implicativa en sesión frente a situaciones de un profundo colapso de mi paciente, presencia de un desvalimiento en el que “ya” prima el silencio, la retracción y la desesperanza, resistiendo (endurance) a la posibilidad de mi desesperanza, en una sesión de pareja advino el interrogante e intervención pertinente acerca de ¿fue chiquita alguna vez? Esto llevo a esta hermana melliza a “continuar diciendo” acerca de su “no lugar” frente al espacio que ocupó su hermana “siempre” enferma desde su nacimiento. Enuncio “continua diciendo” por la continuidad de su tono respecto al tono de mi intervención. Situación específica que he notado y referidas a mis intervenciones luego de la apertura del circuito co-alucinatorio intrasesion. 
  • A posteriori, ante mi atrapamiento frente a la reedición de estados de profunda desesperanza de mi paciente, de un modo homologo a las escenas que surgen a partir de mi pensamiento en escenas, advino una reflexión intrasesión, pero, nuestros pacientes no nacen ni comienzan con el trauma ya que todo trauma es un trauma para “alguien ya vivo”
  • Ante un escollo clínico similar e insistiendo en mí el resto “alguien para alguien”, al sustraerme en sesión de la desesperanza (desespoir) pude imaginar-pensar a “mi paciente” y recuperando una posición “en espoir” advino, si tiene ombligo y habla algo recibió. Este fue un punto de inflexión en el que “me encontré” aportando el interrogante ¿usted tiene ombligo? 

La presencia “en mí del significante ombligo” inauguró la posibilidad de intervenciones que me posibilitaron co-generar en nuestro espacio inter-subjetivo transferencial, diversas escenas en las que intentamos acceder junto con mi paciente a su marca de resistencia primaria singular, base de su solución de sobrevida psíquica. Esto me llevó a diferentes intervenciones intentando co-construir y dar figurabilidad a marcas de su experiencia de nacimiento, expresión de una escena primaria gestante y fundante para todo ser vivo.

¿Es posible que esta experiencia quede resignificada al modo de convicción constituyendo una marca identitaria sostenida a partir de experiencias de sufrimiento claramente “nombrables” en las cuales el sufrimiento se tornó organizador de un apego al negativo del objeto alguna vez alucinado y fallido?  A partir de procesos recorridos con pacientes y familias en las que primaban soluciones narcisistas de sobrevida psíquica y su derivación identitaria, este interrogante y presunción clínico conceptual no cesaba de insistir en mí.      

Un ejemplo introductorio de intervención en sesión familiar.   

En una sesión de familia una hija adoptiva (22 años), luego de diversos y serios pasajes por el acto frente a la fecha de su cumpleaños, puede enunciar y sostener su enojo por haber sido abandonada por su madre biológica. Un momento puntual en el que sinérgicamente emerge en su madre adoptante un claro gesto de malestar que podía lleva a las conocidas escenas de co-excitación fusional entre ambas. Implicarme en esa tensa escena intersubjetiva transferencial posibilitó sustraerme de lo ya conocido y dirigiéndome a la hija enunciar que su madre biológica decidió no abortarla, de algún modo la deseó viva y luego de algunos meses posteriores a su nacimiento la entregó en adopción.  Continúe explicitando, ahora dirigiéndome a su madre, que sus padres adoptantes ante su dificultad de concebir un hijo mantuvieron innegociable el lugar del “hijo deseado”. Esto posibilitó el encuentro y nacimiento “familiar” de esta hija para esta pareja parental adoptante, quienes continuando con el medio maternante necesario, posibilitaron a esta hija tanto ser quien hoy era así como sostener sus interrogantes en sesión. 

Desde mi posición en sesión esta enunciación sostiene en cada hijo la diferencia entre su madre genitora de la función maternante. J Andre se interroga ¿“un afecto no constituido puede nacer de la experiencia transferencial”? , agregando que la diferencia entre analistas y obstetras no es tan clara, un planteo con el que mi experiencia clínica  me lleva a estar totalmente de acuerdo.  

Ombligo marca de una experiencia subjetivable. 

Enunciamos al ombligo como “el ombligo de alguien singular”, una marca corporal “nombrable” para todo ser nacido y vivo que implica a su vez una “experiencia incuestionable alguna vez vivida”. Esta marca es un vestigio del vínculo con su genitora quien cumplió su función gestante y fundante de ese ser vivo. En todo hijo que “tiene ombligo y habla”, esta marca refiere a lo más arcaico y vital de esa relación junto a sus múltiples avatares. Esta enunciación al ser pensada desde el hijo, nos enfrentó con interrogantes y diferencias en esta necesaria función maternante para cada “hijo” frente a su desvalimiento inaugural. Es el destino de los avatares antes mencionados con lo que nos enfrentamos en nuestra clínica frente al sufrimiento narcisista identitario extremo.   

En cada hijo el corte del cordón realizado por un “tercero” fue su primera separación e interrupción de su continuidad humoral en el camino” de acceso a su autonomía somato psíquica. Se inaugura su acceso a la posibilidad de respirar y luego en su dependencia inevitable con el medio (environement) se accede a la termo regulación y alimentación. Esta experiencia relacional fundamental generó la inscripción de significantes de demarcación para ese hijo, a partir de lo cual esta marca corporal sostiene “una huella (trace)” abierta a la “relación de lo no reconocido” en su diferencia con la “relación de l´inconnu” o de desconocido. Lo no reconocido como lo deja planteado G Rosolato es de algún modo conocible o deducible de otros significantes en la sustitución posible. Esta diferencia al ser pensada desde una posición implicativa  dentro de nuestra intersubjetividad transferencial, nos llevó a plantearlo como lo aun no reconocido.  

Pensamos que en un hijo esta marca sintetiza y evoca sus diferentes búsquedas del objeto (otro sujeto y su pulsión), en cuanto “objeto de o para su pulsión”. Búsquedas con su consecuente apertura alucinatoria y las marcas generadas acorde a la respuesta registrada. Experiencia vivida por nuestros pacientes en quienes el trabajo del afecto sostuvo el circuito en el que se articularon los significantes enigmáticos enunciados por J Laplanche con los de demarcación descriptos por G Rosolato. Es necesario aclarar que nos referimos tanto a las marcas generadas a partir de la presencia trófica de este objeto y el acceso a la experiencia de satisfacción, como a aquellas dadas por las fallas en su presencia. Estas últimas restan como trazas cuantitativas enunciadas como  perceptivas.  En estas al ser “la sombra del objeto la que fue incorporada”, se inaugura la ´posibilidad de constituirse un apego al negativo del objeto como recurso de sobrevida psíquica y la consecuente presencia en “lo actual” de “incorporats”. Estos incorporats evidencian la capacidad de resistencia primaria de nuestros pacientes como base estructural en el acceso a su solución narcisista de sobrevida psíquica.  Al pensarlos como   una presencia “en lo actual” de restos de alguien para alguien, un destino posible de estas incorporaciones es acceder al trabajo de representancia logrado a partir de la transferencia por retorno de estos restos en sesión.  Partiendo del concepto que el par pulsión-objeto se considera indisoluble, nuestra  posición clínica  se   implica en el circuito inter pulsional entre lo  intrapsíquico  y  lo intersubjetivo. En este punto lo planteado como lo no reconocido pasa a ser lo aun no reconocido en nuestra intersubjetividad transferencial. Lo desconocido por impensable es la matriz negativa que subyace en nuestra reverie articulada con las búsquedas en las que el sufrimiento de nuestros pacientes se torna en sesión, gritos mensajeros para alguien disponible.   

 Pensamos al ombligo como marca de una experiencia vital y un saber corporal con la posibilidad de un conocimiento aun no re-conocido. Estamos refiriendo a partir de la separación original a una experiencia de vacío en búsqueda del objeto de perspectiva y solución narcisista lograda. El ombligo, una marca corporal en ausencia de función, sostiene la posibilidad de una representación fantasmatica para alguien y disponible para la “puesta en juego” del trabajo del resto dado en el circuito desde  lo desconocido hacia lo aun no reconocido. 

¿Qué es lo necesario para esta puesta en juego? 

Para acceder a esta posibilidad en nuestros pacientes, es necesario relanzar el trabajo de representancia o de simbolización previo a toda representación. Una situación estructuralmente homologa a la que en la dimensión de lo primario, la falla en la presencia del objeto condujo a su incorporat. Estamos enunciando la posibilidad del retorno de los restos de este incorporat, para lo cual es necesario relanzar desde la intersubjetividad posible, la búsqueda alucinatoria de lo aun no re-conocido. Esta búsqueda que desde nuestros pacientes no cesan en su insistencia, se plasma a partir de la apertura co-alucinatoria dada por la presencia de un objeto otro sujeto y su pulsión.

 ¿Quién? ¿Nosotros en sesión frente a la presencia de la desesperanza? ¿Situaciones de riesgo de vida en nuestros pacientes?

Esta cicatriz es un orificio obturado que reenvía directamente a una madre genitora, enunciado por G Rosolato como “fente”, hendidura o grieta, “los labios de un orificio que expresa la discontinuidad hacia un interior continente y a un exterior “abismal”. Un límite y una cubierta (couvercle).  

Al enunciar la escena primaria (u originaria) gestante y fundante, intento continuar la reflexión de A Green al enunciar “no podemos seguir pensando en jerarquizar padre “o madre, sino pensar en la pareja y su evolución hacia el padre (del hijo). Una relación de tres, la madre originaria de inicio, luego, ¿qué es el padre para esa madre?  Una relación de dos con un tercero en latencia, “a trois”, el padre sale de su latencia hacia un verdadera triangulación”. Debemos pensar todo esto en sus diferencias entre las posiciones familiares para cada uno de nuestros pacientes.  

¿Es posible en situaciones de gran desvalimiento que alguien apele a esta marca en búsqueda de alguna sensación necesaria como un punto de fijación ante la tendencia desobjetalizante en desesperanza? Refiero a una búsqueda desde nuestros pacientes o desde nosotros como personas implicados en nuestra intersubjetividad transferencial.  

 Ejemplos que relanzaron este interrogante

Guy Rosolato despliega el ejemplo de una paciente que en momentos de repliegue en su infancia, se chupaba el pulgar con una mano y con la otra iba debajo de su ropa y se acariciaba el ombligo, logrando un sentimiento muy vivo de omnipotencia. Esta paciente refería a una madre psíquicamente ausente. Este ejemplo abrió el interrogante acerca de su diferencia con una paciente mía que en la actualidad padece artritis reumatoidea auto inmune, quien de chiquita sola en su casa frente a una madre desinvistiente y un padre no conocido, se cubría con la sabana y para dormirse se arrancaba las pestañas necesitando la experiencia de su dolor para dormirse. Un equivalente de experiencia intrauterina accediendo a un apego al dolor como marca del apego al negativo del objeto como estrategia de sobrevida psíquica.

Otra paciente relata que a los pocos  meses que muere su mama,  comienza con  mucha angustia, “no era extrañarla ya que no la veía seguido, pero me  angustiaba mucho darme cuenta que nunca más la iba a volver a ver ni escuchar su voz”. ¿Presencia de la negatividad necesaria en búsqueda de la representación de la falta? Continua mi paciente “registro su muerte y comienzo con crisis de llanto, en las que se me tornaba imposible parar de llorar y tranquilizarme. Una noche acostada en mi cama, sin darme cuenta me toco el ombligo y automáticamente me doy cuenta de que mi ombligo era la marca en mi cuerpo de que estuve unida a ella. Me invadió una sensación de tranquilidad y me calmé en ese mismo momento, me alivió el dolor, dejé de llorar y tocándome mi ombligo pensé ¿Cómo nunca lo pensé o como no me di cuenta antes? El hecho de pensar que tengo una cicatriz “de por vida” que representa la unión con mi mama me daba tranquilidad. Luego me quedo dormida y al día siguiente al despertarme siento una molestia en el ombligo y lo tenía lastimado, supuse que dormida me lastime. A los pocos días “se me hicieron cascaritas” que luego se fueron. A partir de ahí empecé a utilizarlo como herramienta para los días difíciles. 

Siempre tuve sensibilidad en el ombligo, no tolero que alguien me toque el abdomen por miedo a que me lastimen el ombligo. Incluso si alguien acercaba la mano a mi panza me encorvaba para protegerme. A los 16 años me hice un piercing en el ombligo, requería de mucho cuidado para que no se infecte. “No lo cuide como debía” creyendo que no iba a pasar nada y se infectó. Luego de curar esta infección, pudo cicatrizar y me saqué el piercing. En ese momento tenía doble marca, la del ombligo y la del arito ya que era una marca visible. Hoy a los 34 años, a 6 años de que murió mi mama sentí ganas de volver a hacerme el piercing, no sé si por el arito en si o para cuidármelo como correspondía. Así lo hice, cuidé la marca, cicatrizó más rápido de lo que se espera y hoy es parte mía”.  

Omnipresencia mensajera de hijos cautivados y cautivos.

Eduardo A Grinspon.

Articulo presentado en el E congres 2020 de AIPPF, Discutidor Andre Carel

Preguntas de Andre Carel y sus repuestas a continuación del artículo.    

El presente desarrollo es la continuación de un hallazgo clínico presentado en Lisboa[1] en el cual, a partir de nuestra “escucha de lo familiar” [2]en el espacio de terapia individual de uno de los padres”, accedimos a encontrar respuestas al “pasaje por el acto[3]de “sus hijos” en su función mensajera”. Diferenciamos   el pasaje al acto que va a la descarga, de estos pasajes por el acto en su función mensajera dentro de la intersubjetividad familiar. Esta sostiene un equilibrio inter-defensivo que por ser pluripsiquico, plurinarcisista e intergeneracional es dinámico y en permanente readecuación. Así mismo fue posible relanzar hacia la subjetivación sectores clivadosen nuestro proceso de terapia individual”, sostenidos en escenas fijas, privadas y patógenas” de quienes fueran “mis pacientes”. Eran pacientes quienes luego de una conflictiva separación y a pesar de estar separados hacía mucho tiempo, permanecían tensamente unidos a sus ex-esposas en una solución “entre dos”[4](a deux), dentro de la cual sus hijos quedaban cautivados y cautivos. Son soluciones narcisistas en las cuales los restos de experiencias traumáticas “vividas singularmente” pudieron transformarse “entre ambos”, en una herida narcisista referida y ligada en “lo actual” a un agente responsable omnipresente y siempre deudor. Un “siempre” sostenido por la configuración en cada miembro de la pareja parental de “su necesaria escena fija y privada”. Este tipo de alianza garantiza la eficacia de las corrientes defensivas singulares, logrando reducir la historia propia de cada uno a una escena fija co-sostenida en una articulación patógena atemporal[5]. Esta atemporalidad inevitablemente va a ser interpelada por sus hijos, razón por la cual este pacto patógeno puede llegar a convertirse en alienante[6]. Son pactos que sostienen la ilusión de autoengendramiento “a deux”, un sin historia[7] posterior al auto desengendramiento como lo plantea A Carel. A partir de la diferencia que enuncia R Roussillon[8] entre lo “clivado del yo” de “lo clivado hacia el yo”, en nuestra especificidad en el psicoanálisis de familia y pareja, diferenciamos lo “clivado en la intersubjetividad familiar”, de lo “clivado de la subjetividad de sus hijos”[9]. Un clivaje hacia su yo[10] de aquello que como consecuencia de la comunión de desmentida genitora parental”, no adviene a formar parte de su patrimonio subjetivo. Estos sectores clivados intra familiares condensan fragmentos de historia traumática, los cuales desde la perspectiva del hijo fueron necesariamente vividos en “su familia” y sostenidos para cada hijo, como “restos clivados de su subjetividad”. Restos que no cesaran en su insistencia de acceder al trabajo representancia[11] y apropiación subjetiva. Intentaremos explorar desde nuestra clínica el circuito interpulsional e intersubjetivo familiar por el que circulan estos retornos[12].     

En las familias que dieron lugar a estos desarrollos un hijo quedó adherido al sufrimiento sin salida sostenido por la escena fija y privada de uno de sus padres, constituyéndose en un hijo cautivo al conjugarse con la posición entregadora de su otro genitor. Son familias que sostienen escenas en las que priman la tensión y la co-excitación centrípeta. Esta opera como una “seducción narcisista patógena”, a partir de la cual alguno de sus hijos queda cautivado y cautivo como parte de esa escena.  De un modo indiferenciado y fusional esta pasa a ser “su escena”. Así mismo serán sus recursos para   sustraerse y “gritar[13]convocando a la terceridad posible, lo que le posibilitará acceder a su singularidad subjetiva.

En este desarrollo referimos a un matiz diferencial dado por el hecho que estos hijos cautivos a pesar de transitar situaciones extremadamente graves, poniendo repetidamente en riesgo su vida y alterando el clima familiar a niveles insoportables, no aceptan ni estabilizan un espacio terapéutico individual. Permanecen desde su oposición a “la terapia” como una preocupación omnipresente intrafamiliar, articulada a circuitos perversivos parentales. Una vacilación de estos es la consulta familiar muchas veces exigida por los hermanos, generándose frecuentemente procesos recorridos “en ausencia parcial del hijo omnipresente que “ya habita en todos”. Estos hijos a partir de sus pasajes por el acto mensajeros para alguien disponible, lograron que este equilibrio estático (en impassé) vacile. En la investigación anterior he partido de mensajes que emergieron en sesión individual, a partir de variaciones del tono de las afirmaciones que expresaron mis pacientes respecto a sus hijos. Esta agentificacion del hijo, habitualmente fusionado a su otro genitor, me llevó a revalorizar la entonación verbal expresada en afirmaciones referidas a estos hijos. Este registro “en sesión” me posibilitó pensar que el circuito de transmisión intrafamiliar podía darse a partir del trabajo del afecto[14], el cual partiendo de su vertiente somática inicia una búsqueda objetalizante hacia su vertiente psíquica. Al pensar al afecto como un continuum, es en esta búsqueda en la que nos implicamos por el intermediario del tono de las afirmaciones de nuestros pacientes.  A partir de nuestra escucha implicativa en sesión, accedemos a una apertura coalucinatoria y nuestra repuesta subjetiva se integra en el circuito de transmisión intra familiar.   

Es necesario revalorizar el efecto de nuestras intervenciones a partir de los circuitos mensajeros dados en familias en las que prima la tensión y la coexcitación centripeta incestual.

A partir de nuestra data clínica actual, me referiré a consultas en urgencias generadas a partir de hijos en riesgo de vida, omnipresentes en el clima familiar pero ausentes en la consulta y frente a las cuales nuestro encuadre interno, como base de nuestra escucha de lo familiar, posibilitó co-construir un espacio de terapia familiar. Una espacialidad que sostuvo procesos de subjetivación historizante “en familia” y cuyos efectos se extendieron más allá de nuestras sesiones alcanzando al accionar de estos “hijos omnipresentes en ausencia”.  Adolescentes posicionados como hijos problema “sin salida”, pero “habitando” en todos los miembros de su familia. Se nos hizo presente simultáneamente “el miedo a que este hijo se termine destruyendo, junto al hartazgo frente a la imposibilidad que deje de trastornar la vida familiar”[15]. La “posibilidad de muerte en la realidad intrafamiliar” es lo que opera como punto de fijación limite a las complicidades perversivas desubjetivantes.  

Si bien iniciamos estos procesos con el fin de lograr un abordaje adecuado para este hijo, otro hallazgo clínico fue registrar el modo en el que simultáneamente comenzaban a darse cambios en el accionar de este hijo “omnipresente en familia” pero “en ausencia en nuestra sesión”.  Es decir en ningún momento pudimos dejar de pensarlo como un hijo presente a su modo, habitando “en los otros” y ya también en mí.  Este registro intersubjetivo transferencial[16] me llevó a  intervenir y co-generar un canal de comunicación con este hijo, tanto enviándole mensajes por medio de los miembros de su familia, convocándolo a una sesión “vincular con uno de sus padres” o por mensajes via Wapp luego de cada sesión familiar.    Es de mencionar que estos hijos no fallaron a esta convocatoria. Ante los cambios tróficos que se dieron en el accionar de estos hijos nos surgió el interrogante acerca de si estos fueron ¿“a pesar de” o “gracias a” su ausencia en nuestras sesiones?  

Ejemplo clínico   

En la primera sesión solicitada telefónicamente y que operó como motivo de consulta   se presenta una pareja de padres.  Lo enuncio de este modo porque este desarrollo fue pensado a partir de la familia que cada hijo pudo constituir.   La esposa muy angustiada relata que uno de sus hijos (el mayor de 17 años) en plena crisis y estado de desesperación le confesó haberle sacado y vendido un aparato electrónico de su hermana. Usando ya el plural, continúa diciendo que para evitar problemas entre hermanos, los padres decidieron restituirlo. Con un tono confirmatorio de la sin salida de este hijo, afirma que luego de un tiempo volvió a vender otro objeto similar de su hermana menor quien está ahora en plena crisis. Continúa la madre planteando que “su hijo” hace 3 años cambió al extremo de no reconocerlo, modificando tanto su aspecto físico como su vestir y refiere su marginalidad a presuntas adicciones. Una singularidad en el accionar de este hijo fue su ausentarse in crescendo, hasta desaparecer por tres días sin saber dónde podía estar. Una presencia en ausencia que en sesión pasaba a ser un grito de alguien hacia alguien, “es imposible que acepte un límite y se niega absolutamente a reiniciar una terapia luego de varios fracasos”.  Un hijo ya “problema” gravemente afectado y afectante, quien no se hace cargo de las consecuencias graves que sufren otros en posición de testigos. ¿Un pasaje por el acto mensajero que deja restos en los testigos? El clima familiar “ya es” insoportable” por las escenas de violencia verbal que imperan”.  

Llama mi atención la posición del padre quien acompañaba pero sin una emoción definible.  Al interpelarlo me encuentro con un padre quien enuncia que ya se hizo de todo pero “él es asi”, no acepta nada de su familia y sus hermanas no lo aguantan más.  Un relato desde la desesperanza y el hartazgo pero sin la desesperación materna que aun enunciaba una búsqueda. Registro que este hijo cautivo estaba ubicado en alguien “insoportable y perdido en familia”, pero “sus padres y los efectos de sus gritos estaban en sesión conmigo”. Les planteo que hubo un “primer grito intrafamiliar” no registrado, al momento de restituir el aparato electrónico a su hermana. Razón por la cual este hijo volvió a gritar dentro de su familia convocando a sus hermanas. En la segunda sesión   acordamos que nombrándome iban a comentar “en familia” las dos consultas que ya habíamos tenido, explicitando “todo lo no dicho” y propuse una sesión familiar en esa semana[17]

Es de extrema importancia pensar el valor del motivo de consulta en familias en las que imperan los movimientos perversivos y la incestualidad. Nos encontramos con la posibilidad de implicarnos en los momentos muchas veces fugaces de vacilación del circuito interpulsional trans-subjetivo familiar. Este sostiene en su proceso de transformación de excitaciones cuantitativas en representantes afecto, una búsqueda objetalizante necesaria para acceder al trabajo de representancia (o de simbolización). Es en esta búsqueda en las que nos implicamos desde nuestra subjetividad, historia y experiencia clínica. 

Diferenciamos cada familia “en casa incestualmente sin salida” bajo la primacía del sur-anti-moi familiar[18], de la misma familia frente a “nuestra escucha de lo familiar” como analista en persona implicada dentro de los pliegues posibles. Nuestra presencia y disponibilidad sostiene el clivaje trófico entre nuestro superyó y el super-anti-yo familiar. Una función anti-extintiva tendiente a partir de nuestro “resistir (endurance[19]) durando y durante”, a constituir lenta y gradualmente su “objeto analista en persona intrafamiliar” (destruido encontrado creado[20]) sostenedor de una terceridad a operar también “en casa”.

Primera sesión familiar en la que este hijo “cautivo” en presencia “me comunica” que no va a venir más, que la terapia es “un verso”.

En un clima muy tenso en el cual la hermana menor no cesaba en su “silencioso llanto”, la madre enuncia desde el tono en el que ella lo recibía, un insulto impúdico propinado por “su hijo”. Un tono convocante al que este responde sin dilación, reafirmando nuevamente el insulto desde “pero si vos sos”. Una afirmación identitaria[21] que re-presenta en mí el hijo sin salida que ya me había presentado su padre al decir “él es así”. Preguntando por la presencia de insultos, la madre “continua diciendo” que este hijo sabiendo el dolor que le causaba, la seguía insultando enunciando las mismas frases con las que la atacaba su propia madre.  Una “escena a los gritos” y “a gritos para alguien”, en la que la tensión y los tonos hicieron presente una fusión “madre—hijo” sin función paterna, tanto frente a la historia de esta madre con su propia madre, cómo a la de su hijo presente en sesión.  Ante los efectos en mí de la presencia en ausencia, del padre, intervengo convocándolo a implicarse y dirigiéndome a la madre dejo planteado el interrogante por los maltratos sufridos y conocidos por este hijo.  

Este hijo no retornó a las sesiones pero sus tonos y efectos operaron como restos a partir de los cuales, ya en proceso, pudimos dar figurabilidad a las escenas fijas imperantes en esta madre y las respuestas de sus hijas pidiendo un padre que interviniera y salga de su escena fija singular. ¿Pero, con el accionar de quién? ¿De este hijo destructivo? o ¿con el accionar de su esposa?  

Intentando entender evoluciones en las que registramos modificaciones en el accionar del hijo problema omnipresente pero “en ausencia” durante el proceso recorrido.

Considero que sostener en sesión la posibilidad de la presencia en ausencia del hijo   cautivo, posibilitó la liberación de un sector de este hijo quien pudo dejar de apelar a sus pasajes por el acto violentos y riesgosos, y pasar a ser otro testigo implicado “en ausencia” en nuestro proceso. En sesión el grito en hartazgo y desesperación[22]del medio familiar referido al hijo cautivo como agente, me llevó a sustraerme e intentar encontrar un sentido al sin sentido sostenido a su vez por la sin salida referida a este hijo. Un sin salida con alto nivel de riesgo de vida, ante el cual registro mi soledad e impotencia en acceder a un tipo de intervención. Este registro subjetivo transferencial me llevó a sustraerme de la coexcitacion fusional y al reconectarme con el grupo “desde mi singularidad “me encuentro” o “encuentro” sectores singulares disponibles” que posibilitan matices diferenciales dentro de la escena tensa y fusional. Apelar desde mi búsqueda a sectores no desvitalizados en testigos singulares vigentes nos permitió “hacer presente en familia” restos del sufrimiento en impasse sostenidos en las escenas fijas de la solución a deux parental. Un trabajo del resto y ejemplo del circuito co-alucinatorio[23] posible en situaciones extremas.  

En sesión.  Al sustraerme de la co-excitación centrípeta[24] vuelvo a preguntar a una hermana por la situación vigente. Esta hija refiere lo intolerable que son los desbordes impúdicos de su hermano “gritándose con su madre”. Al intentar implicarme en esa escena, su madre cambia el tono y defendiéndose contesta a esta hija en un tono en el que percibo su convocatoria a una escena de aferramiento contestatario a deux, ya conocida por mí.

Se genera una escena familiar intrasesion en la que detecto una hija (en referencia tanto al hijo cautivo “en ausencia” como a esta hermana presente en sesión) convocando una terceridad y también una madre desesperada aferrada y convocando a su pareja parental. El padre en presencia tornado un padre entregador y cómplice. Dirigiéndome a este aporto mi registro y lo convoco a intervenir frente a la escena” sostenida por la desesperación entre madre e hijo. Buscando al testigo del propio sufrimiento padecido, pudimos co construir que los gritos de desesperación en la madre convocaban a “su hijo” a escenas degradantes homologas a las vividas por esta frente a la violencia extrema de su genitora “no madre en función”, y en las que “también” estuvo en juego el valor de su vida. Esta mama hoy solo podía denunciar situación de riesgo pero no sentirse madre de sus hijos ya adolescentes. También pudimos acceder a escenas del hoy padre frente a la ausencia de su propio padre

 Ante estos registros dados en ausencia del hijo cautivo indico que compartan en familia lo hablado en sesión y lo convoco a una sesión vincular con su padre.

El hijo acepta y en sesión ante el silencio de su padre, comienzo preguntándole por sus ausencias en su familia. En estas sesiones dadas “en su presencia” yo me seguía dirigiendo al hijo “que ya habitaba en mi”.  Comienza un esbozo de dialogo entre ambos, en el cual yo intervenía preguntando lo que el padre evitaba y a su vez ponía en palabras los interrogantes que había imaginado en su ausencia. Pudimos incluir las escenas vividas por su madre aun no compartidas con este hijo, así como escenas de su padre frente a la ausencia de su propio padre. Esto me posibilitó ir de-construyendo a posteriori en sesión familiar la tensión fusional y acceder tanto al sufrimiento innombrable en la madre así como la escena fija en el padre sostenedora de su presencia física pero en ausencia psíquica. Una ausencia mensajera en sesión que me posibilitó hacer presente al padre en función convocado por mí en sesión vincular con “su hijo”.

Conclusión.

En familias en las que imperan la incestualidad,”soluciones narcisistas entre dos” (a deux) y movimientos perversivos de lo singular de cada hijo, es difícil acceder a un motivo de consulta familiar. El maniobrar de la alianza parental convoca a sus hijos a una adaptabilidad ant-inarcisista[25] y si bien estos tienden a quedar cautivos dentro del magma familiar , existen restos de su sufrimiento, lo propio no reductible que “aún grita” convocando las situaciones clínicas “familiares” que intento describir. Se inaugura la posibilidad de implicarnos en la transferencia por retorno[26] de lo “aun” no subjetivado, de aquello clivado de la subjetividad del hijo. Son los hijos en un estado limite dentro de su familia”, quienes por medio de sus pasajes por el acto convocan la terceridad posible.

El abordaje familiar en ausencia de estos hijos pudo dar respuesta a sus acciones mensajeras. Gritos mensajeros que no fueron hacia los servicios hospitalarios o policiales, sino que se dirigieron hacia nuestro espacio alojante, de tramitación y elaboración.  En estas procesos trasferenciales si bien comenzamos a partir de un hijo cautivado, el proceso nos posibilitó implicamos en la vacilación de los clivajes intrafamilaires y desde una perspectiva intergeneracional dar acceso al retorno de los restos del sufrimiento padecido por cada hijo dentro de su familia.  Pensamos la singularidad de la pareja parental en cada unidad familia, como un nodo en el proceso de transmisión”[27] dado a partir del circuito interpulsional intrafamiliar. Esta conceptualización nos permitió abordar tanto la transmisión “de lo traumático” de un “modo traumático a través” de generaciones como a sus posibilidades tróficas dadas a partir de nuestra posición implicativa en sesión.

Preguntas de André Carel a Eduardo Grinspon.

Estoy muy agradecido a Eduardo Grinspon por darnos un testimonio de su complejo pensamiento clínico y teórico, muy esclarecedor sobre el trabajo del psicoanalista en sesiones familiares, en situaciones – al límite de la analizabilidad.

Para interrogarte, Eduardo, me centraré en tu ejemplo clínico en el que, desde las primeras reuniones, el analista se ve confrontado a la dificultad de establecer un marco y de perlaborar su contratransferencia. Una pareja de padres consulta para exponer su desesperación e impotencia ante el comportamiento del hijo mayor, de 17 años, que roba a sus hermanas y ejerce mucha violencia verbal en el hogar. Así se pone en peligro a sí mismo y a su familia. Se niega a todo cuidado. Está ausente de la familia de una manera que usted describe como «presencia en ausencia» o incluso «omnipresencia en ausencia», lo que a su vez siente.

¿Es esta una formación paradójica que confunde la presencia y la ausencia? ¿Cómo llegó a usted la fértil metáfora del grito que comienza a poner la verdadera presencia, significado, mensaje e historia en la enigmática conducta del hijo y de toda la familia? ¿Puede ampliar un poco la idea que le es tan querida de que el analista se involucra entonces en persona, incluso en esos momentos fugaces que surgen durante la sesión? ¿No son los sentimientos de soledad e impotencia que reportas una señal de que estás inmerso en este sentimiento negativista compartido con la familia? ¿No evoluciona entonces este sentimiento hacia la «obra de lo negativo», progregando, apoyándose entonces, como usted dice, en los «sectores no desvitalizados de los testigos actuales»?

Eduardo, también compartes con nosotros, a través de esta clínica, tu inventiva en la co-construcción del dispositivo de análisis: envías al hijo ausente, a través de varios canales de comunicación, una firme invitación («convocatoria») para que se ponga en contacto contigo, es decir, para hacer un acto de presencia.

 Esta forma de hacer un acto de presencia, que podría considerarse no conforme a las reglas habituales, ¿no sería, en realidad psicológica, lo que me gusta llamar «una oferta superyoica» por parte del analista, es decir, la manifestación de este superego benévolo y del ideal del yo templado que parece haber faltado tanto en la historia de la familia y que comenzará a transformar en libido el componente defensivo incestuoso activado por las reminiscencias de las experiencias de la catástrofe?

Eduardo, aprovecha la oportunidad, en este texto necesariamente breve, para indicar algunos ejes de reflexión que desarrollas en otros textos más explícitos que te invito a leer. Nos da a pensar en las dos formas de división: la división en la subjetividad y la intersubjetividad y la división más invalidante que tiende a ponerlas fuera de la psique viviente. Añades esta clínica de «la escena fija y privada atemporal» en la alianza de la pareja.

 Mi pregunta es doble y puede formularse de la siguiente manera: ¿estamos allí en presencia de procesos defensivos fetichistas, incluso perversos y narcisistas?  ¿Podrían ser signos de un proceso de luto melancólico transmitido en la historia generacional?

Su texto es rico en múltiples vías de reflexión que dan testimonio de su creatividad y rigor. Le agradezco una vez más.

Andre Carel

 Respuestas en dialogo con las preguntas de André Carel. 

Querido Andre Carel, en primer lugar te agradezco enormemente la posibilidad de dialogar acerca de nuestra posición frente a estas familias en estado límite. Pienso que nuestra posición clínica conceptual son muy afines respecto a una clínica del proceso. Es muy pertinente tu mención acerca de nuestra oferta superyoica.  Diferenciamos cada familia «en casa sin salida» bajo la primacía del “surantimoi familiar, de la misma familia frente a «nuestra escucha de lo familiar» como analista en persona implicado en los pliegues posibles. Nuestra presencia y nuestra disponibilidad mantiene el clivaje trófico entre nuestro superyo y el super-anti-yo familiar. Una función antiextintiva que tiende a resistir y a constituir lenta y progresivamente su «objeto analista intrafamiliar en persona», sosteniendo una terceridad vigente también «en casa».

Respecto a cómo establecer un encuadre, es nuestro encuadre interno el que nos posibilita resistir y sostener una posición y escucha en la que se articula nuestra historia personal, formación y experiencia clínica. 

Pienso a la transferencia posible y necesaria en estas familias, como una intersubjetividad transferencial, en sus dos vertientes A) una espacialidad   en la que al implicarnos es nuestra disponibilidad subjetiva la que posibilita el acceso a un “a posteriori” no confirmatorio ni explicativo, sino parte adviniente del trabajo de subjetivación historizante posible. B) un neogrupo en el que se da la posibilidad de la penetración actuada del clima toxico “invivible” en el que sobreviven estas familias. Es esta toxicidad de la que al sustraerme recupero    mi posición de analista en persona con memoria y una mirada prospectiva (en espoir).

Respecto a la omnipresencia en ausencia, fue el nivel de hartazgo y desesperación ya tendiente a la desesperanza vigente en la consulta de la pareja parental, lo que me permitió registrar la omnipresencia en ausencia de este hijo, e imaginar–pensar una respuesta continente que aún le dé a este hijo “en su familia” un camino diferente a su muerte. Desde mi posición implicativa registré que los padres de este hijo estaban presentes en una primera consulta transmitiendo un pedido de este hijo ya instalado y habitando tanto en sus padres como en sus hermanos. Un grito del hijo gritado desde un cuerpo común incestual “padres, hijos” y testigos aun no desvitalizados convocando una terceridad.  Mi posición de testigo en búsqueda del testimonio.  A estos gritos en familia los pienso como “pasajes por el acto mensajero” de un hijo en quien el afecto pasión se torna signo o señal para alguien disponible que resista (endurance necesaria) la coexcitacion centrípeta.  Este registro nos llevó a repensar el trabajo del afecto en la transmisión y circulación intra- familiar.

Son decisiones que vamos coconstruyendo en nuestra intersubjetividad transferencial y que a su vez son parte de del modo singular en el que   nuestro resistir (endurance) a la destructividad, posibilita la presencia del objeto destruido-“co-alucinado”-creado-encontrado, “ahora” subjetivamente disponible y utilizable.   En estos grupos familiares es predominante, un demasiado lleno tóxico y fusional que opera como un contenido perversivo que tapona las fallas de una continencia adecuada, la intimidad emocional es reemplazada por la co-excitación.

Efectivamente Andre estamos en presencia de familias en las que imperan movimientos pervesivos narcistas y clivajes intrafamiares. Son familias en las que nos enfrentamos con problemas de continente. Desde el inicio sostuve la co-construccion gradual y progresiva del continente posible, respetando   las posibilidades defensivas de la familia. Me refiero a intervenciones, por ejemplo mi propuesta en un inicio de mencionar en familia nuestras dos primeras entrevistas, así como convocar a posteriori al hijo a una entrevista con su padre.  Son familias en las que diferentes contrainvestiduras operan como un “masoquismo guardián del clivaje” al cual, articulando el pensamiento de Benno Rosemberg y de R Roussillon, lo pensamos como un masoquismo guardián “de sobrevida psíquica” en referencia al tipo de soluciones narcisistas articuladas.  Tú mencionas muy acertadamente, la vigencia de un trabajo del negativo al que enuncio como un trabajo del resto. En esta situación de retorno dentro de “nuestro espacio intra e intersesiòn”, lo clivado “de la” subjetividad del hijo” pasa a ser “lo clivado en” nuestra intersubjetividad transferencial” que abarca al hijo, su familia y a nosotros implicados como “su” analista familiar.  

Ente las consecuencias perversivas en familia, nos encontramos con los movimientos fetichizantes sobre un hijo.  El maniobrar de la alianza parental convoca a sus hijos a una adaptabilidad ant-inarcisista  y si bien estos tienden a quedar cautivos dentro del magma familiar , existen restos de su sufrimiento, lo propio no reductible que “aún grita” convocando las situaciones clínicas “familiares” que intento describir.

Tú preguntas como me acerque al concepto de “gritos en nuestros registros intersubjetivo transferenciales”. Pienso que en un inicio fue a partir de familias en las que primaban la coexcitación, las descargas y un nivel de gritos que han arrasado la puerta de mi consultorio. En una de estas experiencias se generó en mi un malestar “en sesión”, y al salir de la sesión “me encontré con la expresión” de mi secretaria impactada por los gritos. El encuentro de mi malestar con su expresión fue uno de los orígenes en pensar que las descargas impúdicas e imparables en familia condensan gritos para alguien disponible y utilizable.

Vuelvo a agradecerte profundamente el inicio de este dialogo a continuar.

Eduardo Grinspon 


[1] Coloquio de Poiesis enero 2020.

[2] E Grinspon, 2020 “Escucha familiar en terapia individual. Acceso a los interrogantes por el origen en hijos de un encuentro des-encontrado y su derivación identitaria”.

[3] R Roussillon 2008  « Le jeu et l’entre-je(u) »,

[4] E Grinspon 2016 “La supervivencia psíquica, una diversidad cultural en nuestra escucha psicoanalítica frente al sufrimiento narcisista identitario familiar.”                                                    

[5] Escena que puede eternizarse al desplazar sobre sus hijo  las deudas ya prescriptas (presencia del negativo)  y de las que  cada uno se siente acreedor. 

[6] R Kaes « les alliances inconscientes »

[7] PC Racamier. « Le genie des origines » « L’inceste et L’incestuel »

[8] R Roussillon 2014 «Un processus sans sujet ».  

[9] E Grinspon “Articulación entre lo clivado en la subjetividad parental y los efectos del retorno de lo clivado de la subjetividad del hijo, producto del trabajo de lo secretado”.

[10] también llamado estructural

[11] R Roussillon, trabajo de simbolización necesario.

[12] Ante este tipo de familias es necesario diferenciar el continente de sus contenidos, nuestra posición implicativa tiende a co-construir desde el inicio el continente intersubjetivo necesario para que advenga aquello que aun pulsa en búsqueda de su representancia y la apropiación subjetiva.

[13] Llamamos grito en estos hijos a su accionar en desesperación y mensajeros para alguien disponible. 

[14]A Green « Discours vivant”.   

[15] Un matiz vigente silenciosamente en la pareja parental y gritado por el sector hermanos.

[16] E Grinspon “La intersubjetividad trasferencial”

[17] Ante este tipo de familias es necesario diferenciar el continente de sus contenidos. Nuestra posición implicativa tiende a co-construir desde el inicio el continente intersubjetivo necesario para que advenga aquello que aun pulsa en búsqueda de su representancia y la apropiación subjetiva.

[18] PC Racamier, surantimoi et sur anti ideal du moi singulier…exige « de croire tout en interdisant de savoir. Ce n’est pas une loi, c’est une tyrannie. Elle interdit mais ne protège pas. Il présente la vérité comme faute, la pensée comme un crime et les secrets comme intouchables ».

[19] Grinspon 2016 Apertura de la posibilidad co-alucinatoria y acceso al trabajo de subjetivación historizante en TPFP. Endurance necesaria del analista frente a la presencia “en sesión” de trazas de la endurance singular de nuestros pacientes.

[20] R Roussillon.

[21] En sesión cuando registro yo soy , por ser capicúa (yo s oy) lo registro como un rasgo especular-  

[22]  En el cual subyace un amago de desesperanza.

[23] E Grinspon 2018 “El concepto de lo alucinatorio y su aplicación en nuestra especificidad en TPFP”.  

[24] A partir de C Chabert “quizás actuados por los afectos provenientes del grupo familiar”

[25] F Pasche. 1991 “L’antinarcissisme”

[26] R Russillon.

[27] E Grinspon 2020 “Orden o desorden en las generaciones”.

Ombligo de alguien. Cicatriz de una experiencia “incuestionable” alguna vez vivida y via de acceso a “lo desconocido” o “lo aun no reconocido”.

Ombligo de alguien. Cicatriz de una experiencia “incuestionable” alguna vez vivida y via de acceso a “lo desconocido” o “lo aun no reconocido”.

                                                                              Eduardo A Grinspon

Secuencia en mi posición preonírica[1]en sesión que antecede a este desarrollo.

  • Desde una posición implicativa[2] en sesión frente a situaciones de un profundo colapso de mi paciente, presencia de un desvalimiento en el que “ya” prima el silencio, la retracción y la desesperanza, resistiendo[3] (endurance) a la posibilidad de mi desesperanza, en una sesión de pareja advino el interrogante e intervención pertinente acerca de ¿fue chiquita alguna vez? Esto llevo a una hermana melliza a “continuar diciendo” acerca de su “no lugar” frente al espacio que ocupó su hermana “siempre” enferma desde su nacimiento. Enuncio “continua diciendo” por la continuidad de su tono respecto al tono de mi intervención. Situación específica que he notado y referidas a mis intervenciones luego de la apertura del circuito co-alucinatorio intrasesion.
  • A posteriori, ante mi atrapamiento frente a la reedición de estados de profunda desesperanza de mi paciente, de un modo homologo a las escenas que surgen a partir de mi pensamiento en escenas, advino una reflexión intrasesión, pero, nuestros pacientes no nacen ni comienzan con el trauma ya que todo trauma es un trauma para “alguien ya vivo”.
  • Ante un escollo clínico similar e insistiendo en mí el resto “alguien para alguien”, al sustraerme en sesión de la desesperanza (desespoir) pude imaginar-pensar a “mi paciente” y recuperando una posición “en espoir” advino, si tiene ombligo y habla algo recibió. Este fue un punto de inflexión en el que “me encontré” aportando el interrogante ¿usted tiene ombligo?

La presencia “en mí del significante ombligo” inauguró la posibilidad de intervenciones que me posibilitaron co-generar en nuestro espacio inter-subjetivo transferencial, diversas escenas en las que intentamos acceder junto con mi paciente a su marca de resistencia primaria[4] singular, base de su solución de sobrevida psíquica[5]. Esto me llevó a diferentes intervenciones intentando co-construir y dar figurabilidad a marcas de su experiencia de nacimiento, expresión de una escena primaria[6] gestante y fundante para todo ser vivo.

¿Es posible que esta experiencia quede resignificada al modo de convicción constituyendo una marca identitaria sostenida a partir de experiencias de sufrimiento claramente “nombrables” en las cuales el sufrimiento se tornó organizador de un apego al negativo del objeto[7] alguna vez alucinado y fallido?  A partir de procesos recorridos con pacientes y familias en las que primaban soluciones narcisistas de sobrevida psíquica y su derivación identitaria, este interrogante y presunción clínico conceptual no cesaba de insistir en mí.      

Un ejemplo introductorio de intervención en sesión familiar.  

En una sesión de familia una hija adoptiva (22 años), luego de diversos y serios pasajes por el acto frente a la fecha de su cumpleaños, puede enunciar y sostener su enojo por haber sido abandonada por su madre biológica. Un momento puntual en el que sinérgicamente emerge en su madre adoptante un claro gesto de malestar que podía lleva a las conocidas escenas de co-excitación fusional entre ambas. Implicarme en esa tensa escena intersubjetiva transferencial posibilitó sustraerme de lo ya conocido y dirigiéndome a la hija enunciar que su madre biológica decidió no abortarla, de algún modo la deseó viva y luego de algunos meses posteriores a su nacimiento la entregó en adopción.  Continúe explicitando, ahora dirigiéndome a su madre, que sus padres adoptantes ante su dificultad de concebir un hijo mantuvieron innegociable el lugar del “hijo deseado”. Esto posibilitó el encuentro y nacimiento “familiar” de esta hija para esta pareja parental adoptante, quienes continuando con el medio maternante necesario, posibilitaron a esta hija tanto ser quien hoy era así como sostener sus interrogantes en sesión.

Desde mi posición en sesión esta enunciación sostiene en cada hijo la diferencia entre su madre genitora de la función maternante. J Andre se interroga ¿“un afecto no constituido puede nacer de la experiencia transferencial”? , agregando que la diferencia entre analistas y obstetras no es tan clara, un planteo con el que mi experiencia clínica  me lleva a estar totalmente de acuerdo.  

Ombligo marca de una experiencia subjetivable.

Enunciamos al ombligo como “el ombligo de alguien singular”, una marca corporal “nombrable” para todo ser nacido y vivo que implica a su vez una “experiencia incuestionable alguna vez vivida”. Esta marca es un vestigio del vínculo con su genitora quien cumplió su función gestante y fundante de ese ser vivo. En todo hijo que “tiene ombligo y habla”, esta marca refiere a lo más arcaico y vital de esa relación[8] junto a sus múltiples avatares. Esta enunciación al ser pensada desde el hijo, nos enfrentó con interrogantes y diferencias en esta necesaria función maternante para cada “hijo” frente a su desvalimiento inaugural. Es el destino de los avatares antes mencionados con lo que nos enfrentamos en nuestra clínica frente al sufrimiento narcisista identitario extremo.   

En cada hijo el corte del cordón realizado por un “tercero” fue su primera separación e interrupción de su continuidad humoral en el camino” de acceso a su autonomía somato psíquica. Se inaugura su acceso a la posibilidad de respirar y luego en su dependencia inevitable con el medio (environement) se accede a la termo regulación y alimentación. Esta experiencia relacional fundamental generó la inscripción de significantes de demarcación[9] para ese hijo, a partir de lo cual esta marca corporal sostiene “una huella (trace)” abierta a la “relación de lo no reconocido” en su diferencia con la “relación de l´inconnu” o de desconocido. Lo no reconocido como lo deja planteado G Rosolato[10] es de algún modo conocible o deducible de otros significantes en la sustitución posible. Esta diferencia al ser pensada desde una posición implicativa  dentro de nuestra intersubjetividad transferencial, nos llevó a plantearlo como lo aun no reconocido.  

Pensamos que en un hijo esta marca sintetiza y evoca sus diferentes búsquedas del objeto (otro sujeto y su pulsión), en cuanto “objeto de o para su pulsión”. Búsquedas con su consecuente apertura alucinatoria y las marcas generadas acorde a la respuesta registrada[11]. Experiencia vivida por nuestros pacientes en quienes el trabajo del afecto[12] sostuvo el circuito en el que se articularon los significantes enigmáticos enunciados por J Laplanche con los de demarcación descriptos por G Rosolato. Es necesario aclarar que nos referimos tanto a las marcas generadas a partir de la presencia trófica de este objeto y el acceso a la experiencia de satisfacción, como a aquellas dadas por las fallas en su presencia[13]. Estas últimas restan como trazas cuantitativas enunciadas como  perceptivas[14].  En estas al ser “la sombra del objeto la que fue incorporada”[15], se inaugura la ´posibilidad de constituirse un apego al negativo del objeto como recurso de sobrevida psíquica[16] y la consecuente presencia en “lo actual” de “incorporats”[17]. Estos incorporats evidencian la capacidad de resistencia primaria[18] de nuestros pacientes como base estructural en el acceso a su solución narcisista de sobrevida psíquica[19].  Al pensarlos como   una presencia “en lo actual” de restos de alguien para alguien, un destino posible de estas incorporaciones es acceder al trabajo de representancia logrado a partir de la transferencia por retorno[20] de estos restos en sesión.  Partiendo del concepto que el par pulsión-objeto se considera indisoluble, nuestra  posición clínica  se   implica en el circuito inter pulsional entre lo  intrapsíquico  y  lo intersubjetivo[21]. En este punto lo planteado como lo no reconocido pasa a ser lo aun no reconocido en nuestra intersubjetividad transferencial. Lo desconocido por impensable es la matriz negativa que subyace en nuestra reverie articulada con las búsquedas en las que el sufrimiento de nuestros pacientes se torna en sesión, gritos mensajeros para alguien disponible.   

 Pensamos al ombligo como marca de una experiencia vital y un saber corporal con la posibilidad de un conocimiento aun no re-conocido. Estamos refiriendo a partir de la separación original a una experiencia de vacío en búsqueda del objeto de perspectiva y solución narcisista lograda. El ombligo, una marca corporal en ausencia de función, sostiene la posibilidad de una representación fantasmatica para alguien y disponible para la “puesta en juego” del trabajo del resto dado en el circuito desde  lo desconocido hacia lo aun no reconocido.

¿Qué es lo necesario para esta puesta en juego?

Para acceder a esta posibilidad en nuestros pacientes, es necesario relanzar el trabajo de representancia[e1]  o de simbolización[22] previo a toda representación. Una situación estructuralmente homologa a la que en la dimensión de lo primario, la falla en la presencia del objeto condujo a su incorporat. Estamos enunciando la posibilidad del retorno de los restos de este incorporat, para lo cual es necesario relanzar desde la intersubjetividad posible, la búsqueda alucinatoria de lo aun no re-conocido. Esta búsqueda que desde nuestros pacientes no cesan en su insistencia, se plasma a partir de la apertura co-alucinatoria dada por la presencia de un objeto otro sujeto y su pulsión[23].

 ¿Quién? ¿Nosotros en sesión frente a la presencia de la desesperanza? ¿Situaciones de riesgo de vida en nuestros pacientes?

Esta cicatriz es un orificio obturado que reenvía directamente a una madre genitora, enunciado por G Rosolato como “fente”, hendidura o grieta, “los labios de un orificio que expresa la discontinuidad hacia un interior continente y a un exterior “abismal”. Un límite y una cubierta (couvercle).  

Al enunciar la escena primaria (u originaria)[24] gestante y fundante, intento continuar la reflexión de A Green al enunciar “no podemos seguir pensando en jerarquizar padre “o madre, sino pensar en la pareja y su evolución hacia el padre (del hijo). Una relación de tres, la madre originaria de inicio, luego, ¿qué es el padre para esa madre?  Una relación de dos con un tercero en latencia, “a trois”, el padre sale de su latencia hacia un verdadera triangulación”. Debemos pensar todo esto en sus diferencias entre las posiciones familiares para cada uno de nuestros pacientes. 

¿Es posible en situaciones de gran desvalimiento que alguien apele a esta marca en búsqueda de alguna sensación necesaria como un punto de fijación[25] ante la tendencia desobjetalizante en desesperanza? Refiero a una búsqueda desde nuestros pacientes o desde nosotros como personas implicados en nuestra intersubjetividad transferencial. 

 Ejemplos que relanzaron este interrogante

Guy Rosolato[26] despliega el ejemplo de una paciente que en momentos de repliegue en su infancia, se chupaba el pulgar con una mano y con la otra iba debajo de su ropa y se acariciaba el ombligo, logrando un sentimiento muy vivo de omnipotencia. Esta paciente refería a una madre psíquicamente ausente. Este ejemplo abrió el interrogante acerca de su diferencia con una paciente mía que en la actualidad padece artritis reumatoidea auto inmune, quien de chiquita sola en su casa frente a una madre desinvistiente y un padre no conocido, se cubría con la sabana y para dormirse se arrancaba las pestañas necesitando la experiencia de su dolor para dormirse. Un equivalente de experiencia intrauterina accediendo a un apego al dolor como marca del apego al negativo del objeto como estrategia de sobrevida psíquica.

Otra paciente relata que a los pocos  meses que muere su mama,  comienza con  mucha angustia, “no era extrañarla ya que no la veía seguido, pero me  angustiaba mucho darme cuenta que nunca más la iba a volver a ver ni escuchar su voz”. ¿Presencia de la negatividad necesaria en búsqueda de la representación de la falta? Continua mi paciente “registro su muerte y comienzo con crisis de llanto, en las que se me tornaba imposible parar de llorar y tranquilizarme. Una noche acostada en mi cama, sin darme cuenta me toco el ombligo y automáticamente me doy cuenta de que mi ombligo era la marca en mi cuerpo de que estuve unida a ella. Me invadió una sensación de tranquilidad y me calmé en ese mismo momento, me alivió el dolor, dejé de llorar y tocándome mi ombligo pensé ¿Cómo nunca lo pensé o como no me di cuenta antes? El hecho de pensar que tengo una cicatriz “de por vida” que representa la unión con mi mama me daba tranquilidad. Luego me quedo dormida y al día siguiente al despertarme siento una molestia en el ombligo y lo tenía lastimado, supuse que dormida me lastime. A los pocos días “se me hicieron cascaritas” que luego se fueron. A partir de ahí empecé a utilizarlo como herramienta para los días difíciles.

Siempre tuve sensibilidad en el ombligo, no tolero que alguien me toque el abdomen por miedo a que me lastimen el ombligo. Incluso si alguien acercaba la mano a mi panza me encorvaba para protegerme. A los 16 años me hice un piercing en el ombligo, requería de mucho cuidado para que no se infecte. “No lo cuide como debía” creyendo que no iba a pasar nada y se infectó. Luego de curar esta infección, pudo cicatrizar y me saqué el piercing. En ese momento tenía doble marca, la del ombligo y la del arito ya que era una marca visible. Hoy a los 34 años, a 6 años de que murió mi mama sentí ganas de volver a hacerme el piercing, no sé si por el arito en si o para cuidármelo como correspondía. Así lo hice, cuidé la marca, cicatrizó más rápido de lo que se espera y hoy es parte mía”.  


[1] E Grinspon 2017 “Posición pre-onírica del analista en sesión. Resistencia (endurance ) necesaria del analista frente a los movimientos pervertizantes  dados en la articulación patógena de diferentes soluciones narcisistas”.

[2] Refiero a nuestra posición como analista en persona dentro del pliegue posible constituido en toda experiencia transferencial frente al sufrimiento extremo de nuestros pacientes.     

[3] E Grinspon 2017 “Apertura de la posibilidad co-alucinatoria y acceso al trabajo de subjetivación historizante en TPFP. Endurance necesaria del analista frente a la presencia “en sesión” de trazas de la endurance singular de nuestros pacientes”.

[4] Benno Rosemberg, Daniel Rose,

[5] E Grinspon 2016 “La supervivencia psíquica, una diversidad cultural en nuestra escucha psicoanalítica frente al sufrimiento narcisista identitario familiar”.                                                    

[6] Enunciada como « escena originaria » por G Rosolato.  

[7] R Roussillon D Anzieu.

[8] La mère assure ainsi le dépassement pour l’enfant d’une déréliction s’établissant par impuissance quant aux besoins et par impossibilité à établir des repères premiers (signifiants) qui rendent soutenable la relation d’inconnu. La mère, parce qu’elle est le foyer des besoins infantiles et parce qu’elle sait répondre à ceux-ci assure non seulement la délimitation mais la coordination de ces premiers signifiants, que ce soit dans un même champ perceptuel, visuel ou auditif principalement, ou entre les divers champs corporels, afin de constituer les représentations analogiques.

[9] G Rosolato Une première démarcation des signifiants n’est possible que par l’action signifiante initiale et continue de la mère. Cette indispensable incidence doit être impérativement prise en considération à travers une constante compréhension maternelle des besoins manifestés par les réactions « physiologiques » et affectives de l’enfant, reçues comme des « messages » où l’on décèle les racines de toute communication. Ces interactions se font, à l’évidence, par des signifiants de démarcation. La parole maternelle, indiscutablement perçue et reconnue très précocement (et entendue dès le ventre maternel), ne l’est d’abord que comme une constante sonore, particularisée, dont les variations constituent des signifiants de démarcation que renforcent ceux qui viennent des autres sens.

[10] G Rosolato L’inconnu PUF 2009.

[11]  G Rosolato  Enfin, les signifiants de démarcation supportent la connotation d’une origine, non seulement des premières apparitions de traces mnésiques, elles-mêmes ne laissant pas de souvenir, donc prenant place dans l’inconscient d’un refoulement originaire, mais aussi comme éléments initiaux, de base, constitutifs de la structure propre aux représentations. Ainsi renvoient-ils aux premières distinctions, aux premières différences, liées à celles des paramètres que je viens d’énumérer, où l’on verrait la naissance insaisissable de la pensée, de sa structure en double codage, analogique et digital.

[12] A Green.

[13] Si fallan los significantes de demarcación sostenidos por la  función maternante, la simbolización de la falta es irrealisable. Se da una “falta del significante de la falta, una forclusion.

[14] C y S Botella,  R Roussillon.

[15] R Roussillon.  

[16] R Roussillon.

[17] R Roussillon.

[18] D Rose L´endurance primaire.

[19] El Ello es;

•             aquello del inconsciente más ligado íntimamente al cuerpo. Relación entre la psyche primitiva al cuerpo y al objeto maternal.

•             Es el reservorio de excitaciones somáticas y restos de lo aun no subjetivado.

[20] R Roussillon.

[21] A Green  y Urribarri, 2015,partiendo, de modo tal que, según este autor “… (p. 40)

[22] R Roussillon.

[23] Interacción constante de la psyche primitiva con un medio encargado de lidiar con la neotenia humana (conservación de algo de estado primitivo, primario en el adulto).

[24]  L’inconnu PUF, G Rosolato,  «L ’ ombilic et la relation d’ inconnu » pag 28.

[25] Al modo en el que operan los puntos de fijación posible en la regresión psico- somática dentro del monismo psicosomático Cl Smadja 

[26]


 [e1]

Resistencia necesaria frente a los efectos del Covid 19 Posibilidades de nuestra posición como analistas en persona ante lo incierto informe y desconocido consecuente a nuestra falta de inmunidad a nivel mundial. Eduardo Grinspon en dialogo con las interpelaciones y aportes de Irma Morosini.

Nivel de resistencia necesaria. Configuración de alianzas preventivas de índole inmunitaria.

Diferencia entre “no me quiero morir” en su referencia al sufrimiento como organizador y “quiero vivir” en su referencia a un equivalente de lo aún incierto y vital”.

¿Cómo lo transitamos?   

(Este informe es producto de las primeras tres semanas de confinamiento (13-3 al 06-4) y los ejemplos clínicos junto a su evolución en cada proceso los podremos compartir en nuestro grupo de intercambio y reflexión). 

Introducción 

Entre los múltiples matices desde los que podemos intentar abordar y pensar la crisis mundial actual, voy a referirme a lo que día a día voy transitando en ese espacio de interfaz en el que hoy se torna nuestro espacio intersubjetivo transferencial. Digo interfaz para poder pensar el momento pre-sesión, es decir la posición desde la cual iniciamos nosotros como analistas en persona cada sesión, hasta poder escuchar lo que nuestros pacientes aportan desde su nivel de angustia referida en acto a lo actual.  

¿Cómo co-construir de inicio un continente para recibir “en el tempo” necesario estas vivencias hasta acceder a las asociaciones posibles referidas a cada historia singular?  

Referimos a nuestra posibilidad de sustraernos de imperativos supeyoicos tiránicos y no negociando nuestro encuadre interno, acceder a una adecuación del equilibrio interdefensivo que nos implica y posibilitar la  plasticidad de un encuadre que inaugure la opción de diferenciar  “lo actual” sin perder de vista nuestra    apropiación de la historia familiar transmitida. Desde mi posición en sesión como analista en persona y desde el vínculo inter-subjetivo transferencial que veníamos transitando con cada paciente o familia, haber podido  resistir ante lo traumático que irrumpió sin anticipación “en nuestra realidad”, posibilitó sostener la asimetría para que el proceso continúe.  Un tipo de adaptabilidad compensatoria y trófica muy necesaria ante la situación con la que cada proceso nos enfrenta. 

Es un momento en el que los parámetros que sostenían nuestro encuadre han cambiado con diversas consecuencias en nuestra posición y accionar clínico.

Un matiz ya conocido y al cual refieren muchos colegas es el referido al uso de la virtualidad como medio posible de sostener la continuidad de nuestros vínculos terapéuticos.  Partiendo del concepto clínico conceptual que “el vínculo preexiste al conflicto”, en esta situación singular es desde nuestro vínculo “ya co-construido” que vamos a transitar la adaptabilidad al medio virtual posible con sus avatares que todos padecemos. Una diferencia notable es el modo en el que participamos hoy en la convivencia familiar, por ejemplo la presencia imprevista de hijos y mascotas.   

Respecto a la continuidad del proceso, a la que considero una meta fundamental de nuestra posición clínica en la asimetría transferencial, es notable el modo en el que esta continuidad se encuentra afectada por la vigencia en acto de “lo actual”, una dimensión incierta y desconocida que ineludiblemente nos implica. Por ejemplo el brusco cambio de condiciones de trabajo, de producción y acceso al dinero. Esta referencia emerge sin anticipación a muchos niveles, por ejemplo respecto al circulante posible, a los bancos que permanecen cerrados sin poder muchos de nosotros acceder a nuestras reservas, en dueños de empresas con locales al púbico que quedaron sin ningún ingreso. Esto dividió el grupo de pacientes entre los empleados de empresa que trabajan desde su casa y aún siguen recibiendo su ingreso, hasta los que recibían ingresos por su actividad comercial o profesional bruscamente distorsionados. Estos registros traumáticos por inimaginables movilizan diferentes angustias que entran en resonancia con nuestras situaciones personales. Esto me llevo a rescatar mi posición clínica frente a la supervivencia psíquica y la preeminencia del verbo resistir. Una dimensión de la “endurance” que enuncié como resistir durando y durante un proceso. Poder recuperar mis experiencias frente a un tipo específico de sufrimiento  narcisista que en su derivación identitaria refiere a estados límites de la subjetividad y subjetivación, habilitó matices en mi posición en sesión.   En las condiciones actuales una posición en sesión “con memoria y “en espoir” sostiene resilientemente una apertura hacia lo incierto y desconocido que posibilita salir del impasse atemporal. Este matiz de resistencia (endurance) parte de nuestra historia personal, de aquello que hayamos podido hacer con nuestros propios sufrimientos junto a las experiencias clínicas transitadas. Sin caer en la omnipotencias de pensar que hemos de resistir siempre pero sí por ahora. Como corresponde al momento actual, en una temporalidad acotada día por día, a lo sumo semana a semana.  

Propongo compartir nuestra experiencia con este nivel de endurance singular e incluso evaluar hasta este momento (últimas tres semanas) la diferencia entre los procesos que pudieron sostener una continuidad y otros que no pudimos  sostener.  La vigencia de lo actual incierto y desconocido es una dimensión que nos abarca desde los referentes conceptuales del encuadre, hasta nuestras dependencias con nuestros pacientes e incluso ingresos económicos. Dependencias que hasta ahora estaban implícitas pero no las tomábamos en cuenta. Por ejemplo si no vienen nuestros pacientes en los encuadres actuales ¿facturamos la sesión? Personalmente hasta ahora he buscado recuperarla a menos que la ausencia sea resistencial.  ¿Cómo pensamos nuestra situación actual cualitativamente desconocida? Al haber un cambio en la situación global junto a todos los contratos vigentes pensamos en la necesidad de un cuestionamiento acerca de los valores a los que refiere nuestro encuadre. Por ejemplo abandonar el valor numérico y sostener el valor de nuestro proceso inter-subjetivo transferencial. Esta posición nos enfrenta a cuestionar nuestros valores desde una posición asimétrica dentro de nuestro vinculo transferencial. Esto nos posibilita evaluar cada proceso. Por ej una paciente muy comprometida con su análisis y nuestro vínculo, tiene sus locales de venta  cerrados y varios sueldos de empleados a afrontar. Planteó con insistencia interrumpir sus sesiones.  Comencé a dirigirme a la paciente que ya habitaba en mí    (a partir de nuestro proceso) , cuestionando la interrupción y le propuse por dos meses anular los honorarios. Finalmente acordamos y pudimos continuar. En nuestra última sesión comentó que sin haberlo previsto relanzó la venta on line y pudo abonar sus sesiones. ¿Resiliencia a deux? O alianza necesaria para resistir a deux.         

En nuestra clínica 

La situación actual mundial evidencia nuestro desvalimiento dado, 

  • por la falta de inmunidad frente a lo aún desconocido,
  • un desconocido sostenido tanto por la presencia del coronavirus como sus consecuencias inéditas a nivel mundial,    
  • la evidente e inimaginable deficiencia de recursos sanitarios disponibles

Este matiz incierto y desconocido nos lleva a apelar e intentar articular:

  • la presencia de un estado protector,  junto a 
  • nuestra singular posibilidad de resistencia (endurance) ante lo que hemos planteado acerca de la sobrevida psíquica Un paradigma diferente al correspondiente a la vida psíquica. 

¿Por qué apelar a la conceptualización acerca de la sobrevida psíquica? 

Poder pensar a la supervivencia psíquica como un paradigma diferente al de la vida psíquica me permitió recuperar mís experiencias de resistir en sesión y adecuar mi escucha junto a diferentes tipos de intervenciones en estas semanas.

En la sobrevida de un ser vivo priman situaciones extremas ante las cuales, para poder resistir vivo debe apelar a recursos extremos “posibles pero quizás aún desconocidos”.  Por ejemplo en la casa de una paciente  su hijita de 4 años comenzó a circular por la casa con la aspiradora robot diciendo que era su perrito nuevo quien fue nombrado Superman o  mi paciente que pudo inaugurar la venta on line ayudada por una hija, sin haberlo imaginado  antes. Recursos intrafamiliares propios de esta convivencia inédita. 

En el momento actual y siendo estos recursos un factor esencial, nuestro resistir dentro del paradigma de la sobrevida psíquica es un verbo prínceps. En una temporalidad especifica y acotada resistimos “desde lo que ya somos” con lo propio no reductible como un valor para cada uno de nosotros. En el  momento de la irrupción traumatica en acto y a través de lo actual, la temporalidad, mirando el pasado es lo ya perdido o ineficaz , y el futuro al ser desconocido puede llegar a ser un estímulo frente a lo incierto. 

Enuncio ineficaz en cuanto a su eficacia como recurso en el momento puntual de la irrupción traumática que irrumpe en acto y a través de lo actual arrasando nuestras continencias. Es un momento en el que es necesario sostener el continente intersubjetivo transferencial para luego acceder a nuestros contenidos. Por ej    asociar el recuerdo de aquellos que pudieron resistir tanto en la guerra como en otras catástrofes   

¿Cómo resistir ante lo aun inimaginable sin apelar a mecanismos defensivos conocidos? La acción de resistir en condiciones extremas sostiene en sí misma una temporalidad orgánica somato psíquica implícita en el verbo vivir, un tiempo interno singular esencial en la acción de vivir.   

¿Cómo la configuramos en nuestros vínculos tanto personales como transferenciales al no haber “nadie” (es decir sin haber alguien) que sepa y tenga todo lo que estamos necesitando? ¿Cómo abordamos desde nuestra intersubjetividad la endurance necesaria para dar matices al sujeto “nadie” que desde la negatividad insiste en su presencia y en nuestro desvalimiento?   

Si bien hasta ahora he pensado la acción de “resistir en las soluciones de sobrevida” desde lo singular somato-psíquico, en esta situación específica pienso que la opción para resistir frente a lo incierto informe y desconocido es articular “alianzas preventivas de índole inmunitario”. Ante este desvalimiento singular y “mundial” propongo apelar a nuestra disponibilidad subjetiva y recursos singulares para co-generar estas “alianzas de índole inmunitaria”.  Enunciar “de índole inmunitaria” es referir a lo posible para resistir el tiempo necesario en el que no contamos con inmunidad

Desde nuestra asimetría transferencial estas alianzas implican una intersubjetividad ineludible junto a la posibilidad de acceso a circuitos co-alucinatorios tróficos. Es decir un movimiento que partiendo de aquello que en nuestros pacientes pulsa en búsqueda de un objeto otro sujeto y su pulsión, accede a su resonancia en nuestra implicación y respuesta. Un circuito inter-pulsional que al resistir frente a lo incierto y desconocido, nos posibilita acceder a los referentes propios de cada historia personal y sus consecuencias en nuestro proceso clínico.  

¿En que medida nuestra palabra dentro de los espacios intersubjetivos transferenciales porta las bases de la inmunidad necesaria?

Nuestra palabra en sesión no es solo lo que enunciamos desde nuestra subjetividad implicada, sino un aporte dentro de los circuitos co alucinatorios tróficos dados en nuestros vínculos intersubjetivos transferenciales.  Si hay un motivo de consulta   o espacio de sesión, hay en “nuestros” pacientes una posición “en espoir” que se torna pedido para alguien disponible y utilizable Diferenciamos la desesperanza que tiende a la agonía de la desesperación que sigue siendo aún búsqueda si hay alguien que resista en su disponibilidad subjetiva, ese es nuestro desafío actual .

Soluciones patógenas sostenedoras de lo conocido y figurable, generadas en una convivencia inédita a nivel mundial.

Personalmente considero útil diferenciar entre una enfermedad letal o terminal y esta virosis, cuya característica es la alta contagiosidad y el destino funesto esta dado por la falta de recursos sanitarios. ¿Cómo toleramos nuestra falta de recursos sin hipertrofiar lo patógeno de un virus que sigue mutando y adaptándose? ¿Y nosotros? La muerte como opción es sostenida insistentemente por los medios pero enuncia o grita la falta de recursos sanitarios a nivel mundial.  Vivíamos pensando en la inequidad social pero no dudando que alguien tenía y podía. Pero en lo actual ¿quién sabe, puede y tiene?.  

No es lo mismo la muerte a la que hoy referimos, que una mortalidad “legal” refiriendo a la legalidad de los seres vivos.

Esta reflexión me posibilitó diferenciar aquellos pacientes o grupos familiares en los que prima “no me quiero morir” o “me da terror morir solo” de aquellos en los que pudimos co-construir “yo quiero vivir”. Este registro subjetivo transferencial me permitió acceder a las diferencias entre pacientes

  • en los que el sufrimiento es un organizador de sus soluciones narcisistas habitualmente referidas a agentes tiránicos,
  • de otras opciones referidas al vivir y sus recursos frente a lo aún incierto y vital.

Es de jerarquizar que estas opciones han surgido a partir mi propio resistir dentro del circuito co-alucinatorio dado dentro de nuestra intersubjetividad transferencial.  

Entre estas al ir a buscar los momentos puntuales referidos a “querer vivir” en un clima sin tensión, una paciente pudo asociar y aportar en sesión “una pelela a la noche en casa de la abuela que la acompañaba debajp de su cama”, o unas “pasta muy rica que la mama hacia antes de llegar a una  depresión”. Pasta que pudo cocinar en esta cuarentena

 La metáfora inmunitaria vigente en mi posición clínica, me permitió a su vez diferenciar en nuestros pacientes la intención de apelar a la agentividad forzada 

para constituir recursos inmunitarios posibles y conocidos. Es decir lograr un agente responsable que organice nuestro sistema defensivo frente a lo incierto. Las defensas se tornan preventivas ofensivas y si bien logran disminuir el nivel de angustia colocando al virus en uno de nuestros próximos ya conocidos, genera circuitos tensionales de co-excitacion. Estos pueden llegar a la perdida de  movimientos  pulsionales necesarios para resistir vivos el tiempo necesario . 

¿Por qué forzada? ¿No hay siempre  circunstancias que nos fuerzan a estas soluciones?   

 Este interrogante inaugura la diferencia entre un camino en búsqueda de lo conocido sosteniendo por ej un apego al negativo del objeto siendo el sufrimiento un organizador, de otro camino en búsqueda de una diferencia, Matiz diferencial entre la re-edición hacia el más de lo mismo en una temporalidad circular de la re-petición hacia la diferencia como enunciar R Roussillon  

Otras opciones que he notado son 

  • apelar a un equivalente de auto inmunidad mediante un accionar que sostenga una culpabilidad patógena o poniendo el agente virus patógeno dentro de nuestro propio cuerpo. Solución muy complicada porque nos enfrenta con un plus de desvalimiento ya que los recursos médicos están colapsados.
  • Al primar la desmentida exitosa arrojarse en un tipo de fuga y sostener que “cuanto antes me contagie es mejor porque puedo lograr la inmunidad. 

 En sesión en este periodo me encontré interviniendo en el discurso de mi paciente o familia diciendo “es transitorio”,” No es que no quiere, no puede “  y luego ¿cómo resistir ante  este  momento que nadie sabe ni tiene lo que todos necesitamos”’ O ¿mas adelante?  ¿Cuándo? ¿Podemos saber? O “desde lo que uno ya es”.  Es decir nuestra respuesta continente compartiendo lo incierto y desconocido. 

Conclusión   

Este informe es producto de las primeras tres semanas de confinamiento y los ejemplos clínicos junto a su evolución en cada proceso los podremos compartir en nuestro grupo de intercambio y reflexión.   

Orden o desorden en las generaciones.

Eduardo A Grinspon.

En primer lugar agradezco a la comisión organizadora[1] habernos dado la posibilidad de reflexionar acerca del desorden en el proceso inter-subjetivo inter-generacional, Nos referimos a un rasgo especifico de ciertas configuraciones familiares patógenas en las que movimientos perversivos[2] trans-narcisistas y trans-subjetivos generan una “transmisión trans-generacional de restos aun no subjetivados”, pudiendo llegar a constituirse un cuerpo común incestual. En este quedan arrasadas las diferencias constitutivas de un grupo familiar en su asimetría específica y acorde a nuestra cultura.

Hablar de orden o desorden en este proceso de transmision, implica referir a una terceridad  desde donde esta diferencia puede ser registrada y pensada. En esta comunicación este matiz lo sostendrá nuestra posición como analistas en persona implicados dentro de los pliegues[3] dados en nuestra “intersubjetividad transferencial” frente a toda “familia en sufrimiento”. No refiero solo al espacio de sesión familiar sino al “espacio inaugurado por nuestra “escucha familiar”, o específicamente nuestra escucha “de lo familiar” dada tanto en nuestros espacios de terapia individual como en el espacio intersesion.

Nuestros desarrollos en los últimos años estuvieron referidos al escollo clínico que nos presentaban grupos familiares sobreviviendo[4] en un estado límite de subjetividad y subjetivación[5]. En estos primaba el sufrimiento narcisista identitario, sus soluciones posibles y frecuentes derivaciones perversivas[6] dadas en pareja y familia.

El título de esta convocatoria me llevó a interpelar un desarrollo[7] surgido luego de un hallazgo clínico en el cual, “a partir de nuestra “escucha de lo familiar” en el espacio de terapia individual de uno de los padres”, hemos accedido a una repuesta al “pasaje por el acto de “sus hijos” en su función mensajera”. Así mismo, nos posibilitó relanzar hacia la subjetivación sectores clivados “en nuestro proceso de terapia individual” y sostenidos en “escenas fijas y privadas” de “mi paciente” que implicaban de un modo patógeno a sus hijos. Es decir fue la presencia de ciertos pasajes por el acto mensajeros de los hijos, sus efectos y consecuencias en “nuestros procesos transferenciales”, lo que nos llevó a interpelar el circuito de transmisión interpulsional intrafamiliar y su posibilidades tróficas.

Jerarquizando en cada unidad familia, la singularidad de la pareja parental como un nodo en el proceso de transmisión” para cada hijo, intentare esbozar los mecanismos y efectos de la transmisión “de lo traumático” de un “modo traumático a través” de generaciones. Enunciamos como traumático tanto a lo ya transmitido trans-generacionalmente como a lo padecido singularmente por cada uno de los miembros de la pareja. Pensamos a este ítem junto a lo secretado en familia como una puerta hacia el desorden en el proceso inter-subjetivo inter-generacional.   

En estas familias primaban:

  • La incestualidad sostenida por movimientos perversivos narcisistas de lo aun pervertible de un otro, por ejemplo “los hijos” en posición de testigos implicados a partir de su disponibilidad narcisistas y sus búsquedas. Es pertinente recordar que P C Racamier describe al super-anti-yo familiar  (surantimoi) en la incestualidad como una instancia heredera de la seducción narcisista,débil en libido pero fuerte en destructividad. Se coagula un ideal del yo soberano. Exige creer todo prohibiendo saber, (el incesto es la exigencia de ceder junto a la interdicción de desear). No es una ley severa, es una tiranía. Prohíbe pero no protege. Presenta la verdad como una falta, el pensamiento como un crimen y los secretos como intocables”.
  • En las parejas parentales prima la presencia de soluciones de sobrevida psíquica logradas frente a sufrimientos narcisistas singulares y su derivación familiar esta dada por la posibilidad de configurar pactos narcisistas patógenos sosteniendo una solución “entre dos” (a deux) [8].
  •  En esta solución los restos de experiencias traumáticas “vividas singularmente” no cesan en su errante insistencia en búsqueda de subjetivación.  Esta insistencia puede transformarse “entre dos”, en acto y a través de lo actual, en una herida narcisista referida y ligada a un agente responsable siempre deudor y omnipresente en “lo actual” (una agentividad forzada como mecanismo defensivo preventivo). Se logra configurar en cada uno de sus partenaires “su escena fija y privada”.
  • Estas alianzas garantizan la eficacia de las corrientes defensivas singulares, logrando reducir la historia propia de cada uno de los miembros de la pareja parental, a una escena fija “a deux” co-sostenida en una articulación  patógena atemporal[9].
  • Para sostener la vigencia de esta solución, cada uno le aporta a su partenaire el personaje necesario que garantice la eficacia de sus propias corrientes defensivas de sobrevida psíquica. Se genera un reforzamiento recíproco de sus trazas identitarias, habitualmente enunciadas como rasgos de carácter y derivadas a su vez de sus “singulares” soluciones narcisistas[10].
  • En esta solución “a deux” subyace el sufrimiento como organizador y es a su vez sostenedora  de una neo continuidad identitaria dada a partir de la ilusión da autoengendramiento “a deux”, un sin historia[11] posterior al auto desengendramiento como lo plantea A Carel.
  • Estas escenas intrafamiliares sostienen un paradigma relacional estático que inevitablemente va a ser interpelada por sus hijos, razón por la cual este pacto patógeno puede convertirse en alienante[12].

 Derivaciones dadas en la unidad familia pensada como un nodo en el proceso de transmisión.

  • Las consecuencias patógenas de estas soluciones parentales “a deux” están dadas en sus hijos a partir de la posibilidad de la transmisión de lo traumático de un modo traumático “a través de las generaciones”.
  • Intentando diferenciar la comunión de desmentida parental del efecto en “sus hijos”, nos acercamos al concepto de clivajes intrafamiliares. Ya al enunciar clivajes estamos refiriendo en su situación tópica a sectores de la vida psíquica “de alguien” que no han podido ser integrados en su subjetividad por medio de la función subjetivante del yo .

¿Cómo pensar este concepto en TPFP?

  • Recordemos que René Roussillon define a los “sufrimientos narcisistas identitarios como una patología narcisista relacionada con una dificultad en la función subjetivante del Yo”. Así mismo diferencia lo “clivado del yo”, de “lo clivado hacia el yo” por nunca haber sido patrimonio subjetivo[13].
  • Intentando pensar la transmisión traumática de lo traumático de un modo estructuralmente homólogo, en estas configuraciones patógenas diferenciamos lo “clivado en la intersubjetividad familiar a partir de la alianza parental” (un clivaje funcional[14]), de lo “clivado hacia el yo de algún hijo, un resto “cosa” clivado de su  subjetividad  (un clivaje estructural). Es decir, aquello que como consecuencia de la comunión de desmentida genitora parental”, no forma parte de su patrimonio subjetivo[15].  Al primar soluciones perversivas narcisistas la comunión de desmentida no es solo de la diferencia de sexo y generaciones, sino que se agrega la desmentida de la autonomía narcisista, de la interdicción a la intercambiabilidad de seres y de la diferencia vivo muerto[16].
  • Como plantea R Roussillon estos restos de experiencias vividas por cada uno, siguen sometidos a una compulsión de integración más allá del principio de placer “ya sea en la reactivación dada por la actualidad de la vida del sujeto, o en las alianzas dadas”. Esta referencia nos enfrenta con “las posibilidades” tróficas de nuestro espacio terapéutico pluripsiquico familiar en el que específicamente estamos transferencialmente implicados dentro de un “equilibrio inter-defensivo ” e “inter-generacional” en permanente readecuación[17].
  • Este matiz inauguró en nuestra clínica la posibilidad del retorno de los restos clivados aún no subjetivados, tanto en los hijos como en las escenas fijas y centripetas articuladas en la soluciones de sobrevida “a dux” Accedimos a la transferencia por retorno descripta por R Roussillon y sostenida por el imperativo de subjetivación (compulsión de subjetivación), enunciado como un cuarto vasallaje del yo, pensado ahora desde la perspectiva familiar y dentro de la interpulsionalidad  familiar .  En esta situación de retorno dentro de “nuestro espacio intra e intersesiòn”, lo clivado “de la” subjetividad del hijo pasa a ser “lo clivado en” nuestra intersubjetividad transferencial que abarca al hijo, su familia y a nosotros implicados como “su” analista familiar.

2 Proceso de transmisión a través” de generaciones.

 

Posibilidad del retorno de lo transmitido de un modo traumático en cada unidad familia.

Entre los diferentes matices descriptos acerca de la parentalidad en su referencia a las alianzas y su descendencia o filiación, la clínica actual en TPFP nos llevó a jerarquizar el destino de los restos de la transmisión traumática de lo traumático en los hijos. Hijos quienes a partir de sus pasajes por el acto mensajeros[18] generan un motivo de consulta que inaugura la posibilidad del retorno de estos restos aun clivados y un acceso al trabajo de subjetivación historizante “en familia”.  Son hijos quienes al no poder encontrar (-crear) un encuentro parental al cual referir su origen, se sostienen dentro de la tensión toxica y el permanente desencuentro o más específicamente del encuentro des-encontrado paradojal e inseparable del cual siguen formando parte. En estos hijos habitan, como plantea P C Racamier las consecuencias de “ les points obscurs que touchent aux origines”. Esta referencia a los orígenes nos llevó a sostener a partir de nuestro malestar en sesión frente a la tensión toxica, el interrogante “¿Tensión toxica para quién? ¿Oscuros para quién?  ¿De que encuentro cada hijo es hijo”? ¿Tienen un ombligo como cicatriz de una experiencia “incuestionable” alguna vez vivida ?  Un matiz especifico que luego desplegaremos[19].

Nuestro pensar clínicamente en “generaciones” nos condujo de inicio a   una unidad o nodo en el proceso de transmisión llamado familia, una grupalidad especifica en la cual prima una asimetría y direccionalidad inter-generacional innegociable. Este nodo se inaugura a partir del nacimiento de un hijo y jerarquizo “lo familiar para ese hijo”, es decir la familia que cada hijo pudo constituir. Esta asimetría organiza un gradiente de circulación a partir del cual pensamos, un primer eslabón del fenómeno de transmisión referido al intra-familiar, para luego pensar en su matiz inter-generacional. Esta dimensión nos enfrenta con el destino de los restos cosa de experiencias traumáticas aun no subjetivadas que inevitablemente circulan errantes como lo clivado aún no subjetivado. En familia desde “lo no dicho de lo dicho” y\o “secretado”, estos restos errantes acceden a nivel transgeneracional”. ¿Cómo incide en este eslabon el trabajo del afecto a nivel intrafamiliar?  

Detengámonos en matices del término familiar y transmisión, pensados desde nuestra posición clínica.  

El término “familiar” en estas configuraciones vinculares patógenas, “pulsa en nosotros desde la negatividad” y nos enfrenta con la necesidad de definir:

  • ¿desde quien está siendo enunciado”?
  • ¿“familiar para quién?
  • Para un hijo no es lo mismo padres en su función (acorde a nuestro pensar lo psíquico), que sus genitores por el hecho biológico de haberlo gestado.

La transmisión tanto en su vertiente trófica o patógena es dada de un modo ineludible a partir de la asimetría específica de los grupos familiares. Sabemos que los espacios familiares, de un modo específico contienen y superan a los de la pareja fundante de la unidad familia (¡para cada hijo!), que a su vez contienen y superan a los singulares. ¿Cómo pensamos el gradiente y la inter relación posible entre estos espacios?

Nuestra proposición:

Nuestra posición implicativa en sesión ante los retornos dados por los “pasajes por el acto mensajero” de algún hijo, en quien el afecto pasión se tornaba signo o señal para alguien disponible que resista (endurance necesaria) la coexcitacion centrípeta, nos llevó a repensar el trabajo del afecto dado en la intersubjetivdad familiar. Articulando las conceptualizaciones de A Green y R Roussillon pensamos que dentro de la interpulsionalidad familiar, el trabajo del afecto[20] al partir de su “vertiente somática del afecto singular” de un hijo y la apertura alucinatoria[21]en su búsqueda objetal para acceder al trabajo de representancia[22], contiene un circuito de transmisión más allá del resultado de este encuentro. El afecto a partir del reinvestimiento alucinatorio de la huella perceptiva de toda experiencia vivida, despliega un potencial alucinatorio que es expresión del  empuje pulsional « singular”, un movimiento de aferencia « en búsqueda del objeto “otro sujeto y su pulsión” indispensable  para el acceso a la representancia en su camino a la representación psíquica del afecto. Trabajo de representancia  o simbolización necesario para acceder a la vertiente psíquica subjetivable.

En sesión y a partir de nuestra disponibilidad subjetiva, esta búsqueda que no   cesa en su insistencia[23] se torna mensajera y semaforizante. Como dice P Denis[24] el afecto es “lo más motor dentro de movimiento pulsional”.

Nos referimos por ejemplo a los restos de experiencias traumáticas e interrogantes subyacentes en los hijos y sus destinos en cada familia.

Este circuito de transmisión puede transgredir perversivamente el imperativo que compromete a cada generación a metabolizar lo transmitido por la generación anterior y darse una transmisión trans- narcisista, trans-subjetiva y trans generacional (en su diferencia cualitativa con lo intergeneracional) pudiendo constituir un cuerpo familiar incestual.

Es decir se concreta una transmisión (traumática) de lo traumático, a partir de los restos en los sectores hijos subyacente en la solución (“entre dos”) “a deux” de la pareja parental. Esta solución es parte fundante de los clivajes intrafamiliares mencionado anteriormente.

En este “cuerpo común incestual” como plantea PC Racamier, las alianzas defensivas devienen preventivas-ofensivas. Estas últimas sostienen un pacto sobre un negativo particular[25]  acerca de la necesidad de expulsar al testigo intrasubjetivo[26] del sufrimiento padecido y producir a su vez la desvitalizacion del depositario para que no haya posibilidad de retorno de los restos expulsados.  Se despliega una violencia incestual sostenedora de una tension fusional “a costa” de la subjetividad de un otro. El contrato posible deviene un pacto patógeno en el que prevalece una asignación inmodificable a un emplazamiento de perfecta coincidencia narcisista entre el conjunto y el sujeto[27]. Son consecuencias patógenas dadas por el equilibrio sostenido por la articulación de estas soluciones frente al singular sufrimiento narcisista identitario. Este equilibrio inter-defensivo e inter-generacional familiar por ser pluri-psíquico es un cuasi equilibrio dinámico y en permanente readecuación, adaptándose sin cesar a situaciones internas y/o externas, pudiendo acceder paulatinamente a un grado más elevado de libertad. Este matiz es una base en nuestra posición clínica en sesión.

En estas configuraciones patógenas, estos hijos (quizás de un modo homologo a sus padres) quedan rehenes, cautivos y cautivados por la seducción narcisista subyacente en estos movimientos perversivos. Como consecuencia del esfuerzo de dar sentido al sin sentido dado por los enigmas en la transmisión patógena, estos hijos restan aferrados “en parte” al movimiento parental perversivo incestual.

Enuncio en parte pues en “estos hijos” persisten y restan  sectores del propio sufrimiento no reductible (homologo lo propio no exterminable planteado por J Altounian)  que no cesaran en su insistencia en búsqueda del acceso al trabajo de representancia necesario para su subjetivación.

Para remarcar la humana humildad con la que debemos acercarnos a la comunión de desmentida subyacente a problemáticas en las que prima la supervivencia psíquica, retomo un planteo de J Altounian descendiente de sobrevivientes del genocidio armenio.

“Aquellos que han podido sobrevivir a genocidios, quedan despojados de una identidad singular y están reducidos a protegerse en el continente que les ofrece el silencio de sus muertos. Sus descendientes, al contrario, se ven necesariamente obligados al destino de deber ser su porta voz, en suma que estas vibraciones ancestrales, “las almas de nuestros padres, vibran aun en nosotros por los dolores olvidados. Un tipo de escritura por delegación (desplazamiento sobre un tercero) , que ofrece a las almas de nuestro pasado, a los sujetos en falta de ellos mismos , como albergar sus dolores  a no olvidar. Esto a su vez constituye  una transgresión .

Como enfrentamos desde nuestra posición clínica esta transgresión en los circuitos de transmisión transgeneracional y temporalizar el tiempo de cada generación? Como acceder a la palabra o acto simbólico enunciado por J Altounian como terrorista dentro de un equilibro dado por la supervivencia y vivencias innombrables e intraducibles

La transmisión patógena para sus hijos.

¿Cómo pensamos la transmisión de lo secretado no dicho?

Sabemos que “lo no dicho de lo dicho circula por lo oído”. Pensando en la transmisión de “lo secretado, imaginamos una transmisión “del negativo” pero “en negativo”.  En la circulación intrafamiliar, esta puede darse tanto a partir de los “silencios audibles” como a partir del componente afectivo que se torna mensajero al aportar el tono (o la entonación) de la enunciación de alguien para alguien. Lo no dicho de lo dicho circula tras “lo oído” siempre que haya interrogantes o una disponibilidad narcisista subyacentes en quien escuche (Por ej hijos testigos de escenas de sufrimiento sin salida y  de coexcitacion fusional que opera como un atractor centrípeto).  Propongo pensar dentro del aparato psíquico familiar, la existencia de una glandula de secreción interna intrafamiliar, que al igual que las endocrinas   segregan lo secretado o “el secreto secretado” y administrado por los diferentes pactos narcisisitas dados en la pareja parental sostenedora de la comunión de desmentida antes planteada.

Conclusión  

 Los escollos en la clínica nos llevaron a jerarquizar la búsqueda en los hoy hijos, un movimiento dado en sus pasajes por el acto a través de lo actual hacia lo enigmático de su pareja parental. Es a partir de lo nuevo y sus búsquedas de un sentido al sin sentido que se sostiene la tensión trófica con lo aun pervertible y es a partir de los efectos tróficos de esta tensión que se accede a un motivo de consulta. Este momento fundamental es un desafio analítico que posibilita  nuestra presencia implicativa sostenedora en sesión del clivaje trófico Surmoi-surantimoi en su función anti-extintiva.

 

 

 

[1] Congreso de las Américas AIPFP 2020.

[2] E Grinspon, “La perversión narcisista, una solución perversiva dentro de un equilibrio patógeno de soluciones narcisistas. Posición del analista dentro de la incestualidad”.

[3] A Ciccone,

[4] E Grinspon 2016 “La supervivencia psíquica, una diversidad cultural en nuestra escucha psicoanalítica frente al sufrimiento narcisista identitario familiar”.

[5] R Roussillon, en las que se halla en juego lo no-apropiado de la propia historia.

[6] E Grinspon 2017 “La perversión narcisista, una solución perversiva dentro de un equilibrio patógeno de soluciones narcisistas. Posición del analista dentro de la incestualidad”

[7] E Grinspon 2019, “Escucha familiar en terapia individual. Acceso a los interrogantes por el origen en hijos de un encuentro des-encontrado y su derivación identitaria”.

[8] E Grinspon, “Del cuerpo familiar incestual a la singularidad subjetiva”. Pasajes por el acto o por el soma como tránsito a la reapropiación subjetiva del núcleo identitario singular” 2016.  

[9] La enuncio como escena fija pues sostiene un paradigma relacional estático.

[10] R Roussillon.

[11] PC Racamier.

[12] R Kaes.

[13] R Roussillon Es un clivaje de la subjetividad, un clivaje “hacia el Yo, no un clivaje del Yo”, y la parte no representada, en su status de lo aun no subjetivado deberá pertenecer al Yo

[14] G Bayle,”Moi et defenses”.

[15] E Grinspon “Lo secretado”, coincidencia de la gestación con infidelidades, embarazos accidentales, experiencias de incesto, interrupción de embarazos   fallidos etc.

[16][16] A partir de PC Racamier en su referencia a la Incestualidad.

[17] Al pensar esta situación de retorno en “nuestro espacio intra e intersesiòn”, lo que estaba clivado “de la” subjetividad del hijo pasa a ser “lo clivado en” la subjetividad transferencial que incluye al hijo, su familia y a nosotros como “su” analista familiar

[18] En su diferencia con el pasaje al acto.

[19] E Grinspon 2019 “Ombligo de alguien. Cicatriz de una experiencia “incuestionable” alguna vez vivida y via de acceso a “lo desconocido” o “lo aun no reconocido”.

[20] A Green,

[21] El afecto a partir del reinvestimiento alucinatorio de la huella perceptiva de toda experiencia vivida, despliega un potencial alucinatorio que es expresión del  empuje pulsional « singular”, un movimiento de aferencia hacia el objeto « en búsqueda del objeto “otro sujeto y su pulsión” indispensable  para el acceso a la representancia en su camino a la representación psíquica del afecto.

[22] R Roussillon,

[23] R Roussillon, Un imperativo  sostenedor de la compulsión a la re-petición y subjetivación

[24] en su referencia el trabajo del afecto enunciado por A Green,

[25] R Kaes, 1997,

[26] E Grinspon,2018  “Trabajo de subjetivación del testigo intra-subjetivo  del sufrimiento padecido por nuestros pacientes”.

[27] R Kaes, 2014.

¿Cuáles son los matices específicos del retorno jugado en esta transferencia por retorno? ¿Cómo se nos hace presente en sesión y cómo relanzar el trabajo del negativo necesario? 

¿Cuáles son los matices específicos del retorno jugado en esta transferencia por retorno? ¿Cómo se nos hace presente en sesión y cómo relanzar el trabajo del negativo necesario? 

La situación analizante es determinada por un demasiado “lleno” de realidad histórica paradojalmente actual y\o por un demasiado de excitación poco ligada psíquicamente.

Es en referencia a este matiz que surge en mí y “en sesión”, el interrogante acerca de “la ilusión posible subyacente en un a priori de toda vivencia traumática”. Todo trauma al cual referimos en nuestra clínica, evidencia las consecuencias de una experiencia que se tornó traumática a partir de un movimiento pulsional en el cual subyacía un movimiento en esperanza (en espoir), que sostenía una interpelación al medio ¿una “ilusión” que correspondería a la “expectativa” enunciada por Freud en 1926?  El resultado traumático y su resto de dolor “en alguien”, son marcas que quedaron también registradas en ese movimiento en ilusión. ¿En que se transforma esta ilusión para que este movimiento de algún modo se sostenga? Una ilusión herida que luego sigue insistiendo y mantiene la marca de esta herida en los restos de este movimiento vigente en lo actual.   ¿Qué recursos están puestos en juego para que se sostenga esta endurance singular? Finalmente un desenlace posible con el cual nos encontramos en la clínica, son soluciones en las que el “sufrimiento y la tensión” priman como organizadores de un apego al negativo, expresión de la presencia organizadora de la negatividad en nuestra clínica frente al sufrimiento narcisista y su derivación identitaria.

¿En qué momento este estado de espera e ilusión se transforma en desesperanza –des-ilusión–, perdida de energía vital, hemorragia libidinal y va a hacia lo agónico? 

Al ser nuestra presencia e intervenciones un aporte desde una posición implicativa, somos nosotros quienes transformamos nuestro malestar en sesión en ilusión posible dentro de un movimiento prospectivo. Esta transformación es parte del circuito co-alucinatorio en sesión que posibilita salir del impasse y relanzar el trabajo del negativo necesario para acceder o restaurar lo faltante de una alucinación negativa encuadrante al trabajo de simbolización que llevará a las representaciones posibles. 

Es la falla en la constitución de la alucinación negativa necesaria la que pulsa y motoriza en el espacio intersubjetivo transferencial, los movimientos co-alucinatorios, que posibilitan salir del demasiado lleno de realidad histórica y recuperar la posibilidad imaginaria singular y acceso a los interrogantes. Esta situación específica se presenta tanto en la espacialidad de la terapia individual como de TPFP. 

 La convalidación en sesión del sufrimiento padecido dentro de lo humano es un paso necesario en el pasaje de las marcas cuantitativas habitando en el testigo intrasubjetivo del sufrimiento padecido, a la dimensión cualitativa del testimonio dentro de nuestra intersubjetividad transferencial. A partir de la ilusión en nosotros accedemos junto a nuestros pacientes a la posibilidad de fantasear una escena primitiva y primaria gestante y fundante. La ilusión es un significante que aportamos en sesión, producto de la negatividad operante en el espacio intersubjetivo transferencial y que al ser aportado, si tiene efecto en nuestros pacientes, abre la dimensión in-cierta o imaginaria, diferente a la vigencia del hubiera que sostiene “en acto” la doble realidad paradojal. Es una posibilidad de pasar a partir de nuestra presencia y espesor subjetivo objetalizante, del estancamiento de libido narcisista hacia lo objetal posible. 

 

 

 

Especificidad del concepto de escena primaria en su relación con el interrogante por el origen. 

Especificidad del concepto de escena primaria en su relación con el interrogante por el origen

En un intento de encontrar matices al trabajo de simbolización necesario para la subjetivación del sufrimiento padecido en soluciones narcisistas de sobrevida psíquica, me acerque a diversas intervenciones que ponían en el tapete los interrogantes sobre el origen. Este registro a su vez me llevó a repensar los matices de aquello a lo que referimos como teorías sexuales infantiles, “duelo originario”, confusión de generaciones, des-parentización (deparentisation) de ascendientes y des-filiación  de descendientes, como enuncia PC Racamier .

 ¿Cuáles son las condiciones para acceder al trabajo de simbolización necesario frente al retorno posible de estos interrogantes? ¿Cómo sostener en nuestro espacio intersubjetivo transferencial el pasaje transformacional   frente a la fijeza de escenas en sesión en las que el sufrimiento es un organizador junto a un apego al negativo del objeto, sosteniendo una solución narcisista con su  derivación identitaria, habitualmente referida por su invariancia a rasgos de carácter?

Esta singular situación transferencial me llevó en sesión a diferentes intervenciones cuyos efectos me permitieron registrar (a partir de la co-generatividad asociativa) la posibilidad de una vacilación gradual y progresiva de la rigidez defensiva. Estas intervenciones comenzaron en sesión a partir de un tipo de malestar singular frente al clima toxico dado por “el más de lo mismo”, una  reedición dada por la vigencia de mecanismos contestatarios en una interacción provocante convocante. Este malestar en sesión me posibilitó sustraerme del exceso de realidad histórica, ante lo cual al recuperar mi pensamiento en escenas con memoria y en “espoir” aparecieron en mi imágenes acompañadas de cierta reflexión contra-afirmativa por ejemplo, ”pero si tiene ombligo y habla algo recibió”. Una reflexión intrasesion que me lleva a aportar    por ejemplo, ¿fue chiquito alguna vez? ¿Tiene ombligo?

Si bien se tornaba más complejo en sesión de familia y pareja, al apoyarme en una trasferencia sobre el encuadre con una escucha familiar, a partir de mi malestar singular me  posicioné como un objeto de pasaje dando acceso dentro de la grupalidad familiar al trabajo de simbolización de los restos del sufrimiento singular que no cesan en su insistencia y retorno. Es en este tránsito que se hicieron presentes “en mi” y en sesión, “los hijos de mis pacientes” y pude complejizar el interrogante sobre el origen accediendo a una intervención en la que enuncié una “escena primaria gestante y fundante”. Mi malestar y endurance se apoyaban en el  imperativo de no negociar el matiz del sufrimiento singular alguna vez padecido, matiz pervertido en los movimientos incestuales. 

Esta escena advenida en sesión individual, “presentaba para alguien subjetivamente disponible”, los interrogantes de sus hijos acerca del origen alguna vez habido, es decir una “escena primaria, gestante y fundante”, en su diferencia conceptual con la habitual descripción de “escena primitiva”. Situación transferencial singular en la que advinieron en nuestro espacio los interrogantes ¿de qué encuentro soy hijo? ¿Hubo alguna vez un encuentro al cual referir? ¿fue amoroso?

Este movimiento pulsional jugado dentro de nuestra intersubjetividad transferencial, expresa la presencia de una pulsión de saber aún vigente en nuestros pacientes, extensivo a sus derivaciones relacionales familiares y la necesaria presencia de un “sujeto otro y su pulsión” para que esta pueda desplegarse y salir del impassé de su solución narcisista. Estos restos en nuestros pacientes se re-presentan  en sesión, a partir del efecto en nosotros posicionados implicativamente frente a las consecuencias de los diversos pasajes por el acto dados en el inter juego de las diferentes soluciones narcisistas en familia.    

A partir de mis pensamientos en escenas “jugadas” en sesión enuncié este tipo de escena primaria en su referencia a la gestación necesaria y fundaciónal como un ser vivo singular, dada en todo ser humano “que tenga ombligo y hable”. Esta referencia nos impone transitar los matices que condensan el concepto de escena primaria. 

En pacientes, (¡¡alguna vez hijos, no importando su edad!!) en quienes su solución narcisista y derivación identitaria, los lleva compulsivamente a vivir  en una re-edición de escenas fijas intrafamiliares altamente toxicas, podemos imaginar en estos hijos, alguna vez parte del “cuerpo común incestual familiar”, una falla en la alucinación negativa suficiente de la escena primaria de una pareja en tren de crearlos. ¿Capacidad de estar todo presente estando ausente, y \ o estar ausente en la presencia?

Nuestro registro de la presencia de este matiz de falla en la “alucinación negativa” es fruto del trabajo del negativo dado dentro de la intersubjetividad transferencial que nos implica y en el circuito co alucinatorio posible. Estamos refiriendo como plantea R Roussillon a una fantasía originaria de escena primitiva, vista desde el “hijo que estaba y no estaba allí”, una posibilidad de salir del autoengendramiento sostenido en su solución narcisista de sobrevida psíquica y acceder en sesión a la capacidad de estar solo en presencia del otro y también de la pareja (de sus padres). 

Escucha de lo familiar en terapia individual. Acceso a los interrogantes por el origen en hijos de un encuentro des-encontrado y su derivación identitaria.

                                                                                                       

Eduardo A Grinspon.

Enunciamos hijos de un encuentro desencontrado, a aquellos hijos quienes al no poder encontrar (-crear) un encuentro al cual referir su origen, se sostienen dentro de la tensión toxica y el permanente desencuentro del cual siguen formando parte. Como enuncia PC Racamier, una consecuencia de « les points obscurs que touchent aux origines ». «Pero ¿toxica para quién? y ¿oscuros para quién?» A esto nos referiremos.                                                              

Desde nuestra posición en sesión y los interrogantes que la clínica del sufrimiento narcisista[1] familiar nos presenta, compartiré un hallazgo clínico en el cual a partir nuestra escucha de lo familiar en el espacio de terapia individual de uno de los padres, hemos accedido a una repuesta al pasaje por el acto de sus hijos en su función mensajera. Así mismo, nos posibilitó relanzar hacia la subjetivación sectores aun clivados “en nuestro proceso de terapia individuaI” y sostenidos en “escenas fijas y privadas” de “mi paciente” que implicaban de un modo patógeno a sus hijos, atrapados como rehenes de su propia solución narcisista.

Aclaremos algunos términos,   

Diferenciamos el pasaje al acto que va a la descarga, del pasaje por el acto[i] en su función mensajera dentro de una intersubjetividad posible (valor del aguieren). 

En esta comunicación voy a referir a padres “tensamente separados”, (es decir aun unidos en un impassé por la tensión) en quienes priman soluciones narcisistas singulares y sus hijos en su “dependencia ineludible.

Pensamos a la “escucha de lo familiar” o escucha con la posibilidad de una perspectiva familiar como un matiz de nuestra escucha como analista en persona y fruto de la articulación entre nuestra experiencia personal de análisis de nuestros propios sufrimientos, nuestra formación y experiencia clínica. 

Interrogante de base.

¿En qué medida nuestra escucha de lo familiar, como posición implicativa en sesión, cualquiera que sea la espacialidad terapéutica a la que refiramos, puede sostener la co-construcción de un continente intersubjetivo? Diferenciando el continente de sus contenidos, este continente es el necesario para que advenga aquello que pulsa en búsqueda de su representancia[ii] y un acceso a la apropiación subjetiva. Me refiero a sectores clivados intra-familiares, cuyos restos van a ser movilizados a partir del sufrimiento e interrogantes de los hijos, habitualmente púberes o adolescentes, expresados como pasajes por el acto mensajeros hacia alguien disponible y utilizable.

 Al enunciar intrafamiliares ¿a qué familia nos estamos refiriendo?

En esta comunicación enuncio la dimensión familiar pensada a partir de “los hijos” quienes al nacer fundaron “la posibilidad de lo familiar para ellos”, más allá del destino del vínculo dado entre sus genitores. Es lo familiar para ese hijo. El concepto “familiar”, en estas configuraciones vinculares patógenas, “pulsa en nosotros desde la negatividady nos enfrenta con el interrogante ¿“familiar para quién? y ¿desde quien está siendo enunciado”? No es lo mismo para un hijo padres en su función (acorde a nuestro pensar lo psíquico), que sus genitores por el hecho biológico de haberlo gestado y a quienes nombra y nombramos “sus padres”. ¿Cuáles son los matices y el destino de la inter-relación entre ambas dimensiones? ¿Cuánto influye nuestra posición en sesión? 

Respecto a los clivajes intrafamiliares[2]y los diferentes retornos posibles en TPFP,

Abordar este ítem en TPFP es implicarnos en los pliegues que se dan en la articulación entre:

  • el sufrimiento narcisista en términos singulares,
  • sus derivaciones a nivel familiar, dadas por la posibilidad de soluciones patógenas “a deux” en la pareja genitora parental,
  • la transmisión de un modo traumático de lo traumático hacia sus hijos,
  • la temporalidad que hoy nos convoca.

Ya al enunciar clivajes estamos refiriendo en su situación tópica a sectores de la vida psíquica “de alguien” que no han podido ser subjetivados, integrados “en su subjetividad” por medio de la función subjetivante del yo. Recordemos que R Roussillon define a los “sufrimientos narcisistas identitarios como una patología narcisista relacionada con una dificultad en la función subjetivante del Yo”. Así mismo diferencia lo “clivado del yo”, de lo clivado hacia el yo” por nunca haber sido patrimonio subjetivo[3]. A partir de este matiz R Roussillon propone la posibilidad de la transferencia por retorno[4] de lo “aun” no subjetivado, en la cual  nuestros pacientes nos demandan ser el espejo del negativo de sí mismo, nos hacen vivir aquello que no ha podido  ser vivido de su historia y que resta como clivado.  

Este es una pilar en nuestra posición clínica en sesión, tanto frente al retorno de lo clivado en la pareja genitora parental como al retorno de lo clivado de la subjetividad del hijo[5].  

Pensando de un modo estructuralmente homologo, en TPFP y a partir de la posibilidad de la transmisión traumática de lo traumático, en estas configuraciones patógenas diferenciamos lo “clivado en la intersubjetividad familiar” (un clivaje funcional[6]), de lo “clivado de la subjetividad de sus hijos (un clivaje estructural para esos hijos), es decir, aquello que como consecuencia de la comunión de desmentida[7] parental”, no forma parte de su patrimonio subjetivo[8].  Refiero a un pacto jugado en el sector parental dentro de la asimetría generacional innegociable en nuestra posición. Un pacto cuyos efectos los registramos a posteriori y a partir de las consecuencias de los pasajes por el acto de sus hijos, mensajeros hacia nuestros espacios. 

Habitualmente este pacto es producto de la articulación de soluciones logradas frente al sufrimiento narcisista singular. Se constituye entonces una solución “a deux”[iii] ,en la cual los restos de experiencias traumáticas “vividas singularmente”, pudieron transformarse “entre dos” en una herida narcisista referida y ligada en “lo actual[iv], a un agente[9] responsable siempre deudor y omnipresente. Se configura en cada uno y de un modo atemporal (impasse et impassé) “su escena fija y privada con su otro no otro”, dentro de un paradigma relacional estático que implica siempre a sus hijos.

Estos restos de experiencias vividas por cada uno, siguen sometidos a una compulsión de integración más allá del principio de placer “ya sea en la reactivación dada por la actualidad de la vida del sujeto, o en las alianzas dadas[v]. Esta referencia nos enfrenta con “las posibilidades” de nuestro espacio pluripsiquico familiar[10] en el que específicamente estamos implicados dentro de un “equilibrio inter-defensivo[11]” e “inter-generacional” en permanente readecuación.

Sabemos que los espacios grupales familiares, de un modo específico dentro de la asimetría antes mencionada, contienen y superan a los de la pareja que a su vez contienen y superan a los singulares. ¿Cuál es la inter relación posible entre estos espacios? ¿En qué medida la vertiente somática del afecto en su búsqueda objetal, se torna mensajera y nos posibilitará acceder al trabajo de subjetivación de estos retornos?  

Desde la perspectiva del hijo : Estos sectores clivados intra familiares condensan fragmentos de historia traumática, los cuales desde la perspectiva del hijo fueron necesariamente vividos en “su familia” y sostenidos para él, como escenas clivadas de su subjetividad en un impasse atemporal (impassé). Esto es consecuencia del modo patógeno de sostener la vigencia de corrientes defensivas singulares de cada uno de sus genitoresy \ o” alguna continuidad narcisista familiar. Enuncio lo patógeno pues estos equilibrios   preventivos, ante la presencia de los hijos se tornan ofensivos[vi]. Es decir, ante el advenimiento de un hijo, se inaugura la posibilidad “que lo nuevo”, quede al servicio de esta neo continuidad identitaria familiar “a deux” ¿un matiz del autoengendramiento, un sin historia dado en pareja? Este pacto patógeno revela la categoría de alianzas alienantes. A partir de nuestra experiencia sostenemos, que en “lo singular de cada hijo” estos mecanismos patógenos dejan restos que “a su vez” no cesaran en su insistencia en búsqueda de la apropiación subjetiva. Es a partir de este “no cesar en su insistencia” que va a darse en la transferencia por retorno que nos implica, un tipo de trabajo del negativo que conduce a la subjetivación de los restos[vii] (trabajo del resto) (JL Donnet trabajo de transferencia que es inconsciente). Trabajo del afecto en su función mensajera que no cesa de insistir[12]. (Au même temp nous pensons «l’enfant» en famille, comme quelqu’un re-présentant aujourd’hui des nuances de la souffrance de l’enfant qui subsiste encore dans les agents pathogènes du couple parental).  

¿Cómo imaginamos estos restos? Estos restos en los hijos, provienen de huellas cuantitativas presubjetivas o mnémicas perceptivas[13], dadas por experiencias alucinatoriamente vividas pero que al ser fallidas en su búsqueda objetal, no pudieron ser subjetivadas[14]y que “funcionan” clivadas de la subjetividad del hijo. ¿? ¿Ante las fallas de la presencia del objeto se dio la incorporación de su sombra y quedaron incorporadas como un “incorporat” [15]? ¿Qué destino tendrán estos incorporats[16] en familia ¿

Como dice RR la compulsión a la subjetivación, funciona como un tercer principio junto al de placer y al de realidad, por medio del cual, lo aun no subjetivado retorna[17].

¿Qué determina la vacilación de estos equilibrios familiares patógenos?

¿Cuál es el circuito posible dado desde la emergencia intrafamiliar del sufrimiento en algún hijo, en quien a pesar de la adecuación ofensiva parental que implica a mi paciente y “su escena fija” su grito accede a su función mensajera para un otro disponible y utilizable? ¿Quién? ¿Sus padres? ¿Uno de sus genitores en sus terapias? ¿Nosotros en sesión? ¿Los padres de amigos testigos de sus desbordes? ¿Los servicios hospitalarios y policiales?  ? Nuestra propuesta acerca de este circuito al estar nosotros implicados será desplegado como power point yconclusión.

En estos hijos por ser los únicos testigos[viii] vivos del encuentro “alguna vez habido”, al cual pueden referir su origen, priman las consecuencias de un caos cognitivo dado por el bastardeo repetido de sus interrogantes interpelando a su medio familiar “y \ o contextual[ix]”. Son hijos en quienes este bastardeo pervertizante de sus búsquedas los lleva a que finalmente en una derivación identitaria se transformen dentro de su medio familiar (o social) en “hijos problemas” o hijos “Únicos de genitor único” contra el otro genitor.

Pero ¿problema para quién? Para “sus padres”, el hijo en si no “es” problema, el hijo problema es un “apellido otro” que le adjudican sus genitores ¿padres? (o a veces nosotros en nuestras categorías psicopatológicas), a partir de la fijeza de las escenas familiares en las que prima la tensión y la co- excitación. Esta opera como una seducción narcisista patógena” a partir de la cual estos hijos quedan cautivados y cautivos como parte de esa escena. Un interrogante del hijo en lugar de ser interrogante hacia sus padres, a partir de mecanismos perversivos, se tornan afirmaciones de estos sobre su accionar. Estas afirmaciones conducen al hijo a una solución con una derivación identitaria intrafamiliar de “hijo problema”, “desastre”, adicto, violento etc.[18] Son hijos que no deliran, sino que actúan lo secretado en la pareja genitora y es expresión a su vez del retorno posible ante la vacilación del clivaje familiar exitoso .Además   los hijos acusados hoy a “partir de su accionar” de bastardear los imperativos familiares o sociales, son los encargados de sostener para “sus genitores” y “de cuerpo presente” en la re-petición[19], la escena en referencia a “los puntos oscuros respecto a origen.   

Nos llamó la atención la habitual resistencia de muchos de estos hijos “problemas y Únicos” a habitar un espacio de terapia o a sostenerlo. ¿Qué condiciones pudimos imaginar necesarias para que este se habilite y resulte eficaz?

Vamos a la clínica,  

En nuestra casuística estos retornos se hicieron presente:

  • A partir de urgencias tanto psiquiátricas o médicas que implicaban lo institucional y los cuerpos de sus hijos y
  • En procesos en los que primaban sufrimientos narcisistas.

En estos de un modo no previsto comenzó a instalarse en mí un malestar frente al estancamiento y retorno “en mis pacientes ya separados, incluso habiendo constituido parejas estables, de una escena fija con su pareja anterior.

Esta escena se hacía presente en sesión de un modo reiterativo y era actualizada en acto y a partir de “lo actual” por el accionar de algún hijo.

Una característica singular fue el modo en el que a partir del accionar de estos hijos, se reactualizaba en “mi paciente afirmaciones en un tono particular” en referencia a su partenaire genitor y que implicaba a alguno de sus hijos. A las variaciones del tono de las enunciaciones de “mi paciente como padre”, las recibimos como un “acting in” en su función semaforizante que nos posibilitó darle al pasaje por el acto de sus hijos una función mensajera[20].para alguien que resiste (endurant) en el pliegue. Referimos a un sector de mi paciente presente hoy ante nuestra escucha familiar.

En un clima de hartazgo más que preocupación mi paciente afirma: (“puta como su tía”, “su madre, otra loca”, “a esta nada le alcanza”).  Este registro junto al de estancamiento ¿mi hartazgo en sesión?, me llevó a sustraerme del exceso de realidad histórica (des concretizar Bion) y en una apertura co alucinatoria[21] frente al afecto en su función mensajera, recuperé mi pensamiento en escenas. A partir de este imaginé el accionar de estos hijos, como una interpelación “a sus genitores”, vehiculizando sus interrogantes acerca del encuentro del cual cada hijo es hijo. ¿O eran mis interrogantes? (¿lo oscuro respecto su origen?) Interrogantes que imaginé provenientes de los restos sostenidos en sus sectores testigos[22], aun en búsqueda del testimonio del vínculo alguna vez habido “entre y con” estos. ¿O al poder sustraerme, yo recuperaba una terceridad que me posibilitaba la posición de testigo en sesión? Una posición de analista en persona con memoria y una mirada prospectiva (en espoir.)  Estos restos se re-presentan en sesión a partir del efecto en nosotros implicados frente a las consecuencias del inter-juego[23] de las diferentes soluciones narcisistas en familia. Una configuración familiar en la que impera una tensión toxica derivada de la co- excitación[24]. Un tipo de violencia sostenida por diferentes contrainvestiduras que en familia operan como un “masoquismo guardián del clivaje” al cual[25] (lo pensamos como un masoquismo guardián “de sobrevida psíquica” en referencia al tipo de soluciones narcisistas articuladas,

Así mismo esta escena familiar en la que prima la co-excitación fusional, puede representar para sus hijos la escena primaria [26] a la cual referir como origen posible, Estos “hijos de un encuentro desencontrado para ellos”, sostienen en acto y a través de lo actual, la vigencia de esta escena en búsqueda de su otro “intrafamiliar” necesario para acceder al trabajo de subjetivación de sus interrogantes y su propio sufrimiento aun no reductible.

Paulatinamente comenzó a instalarse en mí el interrogante acerca del tipo de encuentro alguna vez habido en la pareja genitora, que implicaba “ahora” a mi paciente y sus derivaciones a través del tiempo. Esto me posibilitó complejizar el interrogante sobre el origen y acceder a intervenciones relacionadas con la posibilidad de dar figurabilidad a una “escena primaria gestante y fundante” para cada hijo (en su diferencia con la escena primitiva)[27].(este concepto esta explicitado luego).

En sesión y a partir del sector hijos, se hacía presente un sub grupo familiar clivado que al estar fusionado de un modo atemporal constituía un cuerpo común incestual[28] “genitora-genitor-hijos producto y testigos[29], en el cual en un momento determinado se produjo una vacilación de este equilibrio ofensivo. Esta vacilación se evidenció por un grito de llamado de un hijo en “lo actual” que “nos implicaba” y fueron nuestras intervenciones, lo que posibilitó salir del estancamiento[30] del proceso y a su vez relanzar sectores “aun clivados” de los procesos individuales de sus genitores (es decir de “mi paciente”) .

Momento intrasesion en el que nuestra escucha transita entre familiar e individual. En este habitaba “su escena fija y privada” sosteniendo un aferramiento contestatario pasional a su partenaire obligatorio que sostenía rehén a su hijo. ¿Quién rehén de quién?

Estas parejas tensamente separadas (aun unidos por la tensión), nos llevó a diferenciar aquellos encuentros gestantes en los que, en “lo actual” seguía vigente en la pareja genitora una herida narcisista o más específicamente “una ilusión herida” (Green a partir de su vertiente narcisista) que no cesa en su insistencia sosteniendo la presencia de la tensión fusional y el bastardeo alguna vez vivido por alguno de ellos. En lo actual endosada al sector hijos.

Esta escena “fija y privada” sostenida en “un entre dos” vacila ante la presencia de uno de “sus hijos” y sus gritos de llamado hacia un otro intrafamiliar disponible y utilizable.  Momento de pasaje de lo trans a lo inter-generacional.

Plantear esto claramente en el ámbito individual, nos posibilitó re-visitar estos encuentros gestantes, los momentos y condiciones singulares en los que se concretaron, a partir de lo cual también resultó claro y ahora explicito que estos hijos problemas que van ocupando tensamente “nuestros espacios” no podían referir a un encuentro alguna vez habido y suficientemente “honrado”.

Este “relato que mata dato” al ser co-construido en sesión y en presencia de mi paciente en función de “padre, ya no solo genitor de sus hijos”, derivó en su compromiso en la apertura y acompañamiento del proceso terapéutico de sus hijos. Así mismo se tornaba innegociable, “en la medida de lo posible” la presencia de su partenaire genitor para que este objetivo pudiera llevarse a cabo. Este es un punto difícil y crucial en nuestra posición, a partir del fracaso de varios intentos de derivación, en los cuales hemos omitido este eslabón

Acerca de la escena primaria gestante y fundante.

A partir de mis pensamientos en escenas “jugadas” en sesión enuncié una “escena primaria gestante y fundante”, en su referencia a la gestación necesaria y fundaciónal como un ser vivo singular, dada en todo ser humano “que tenga ombligo y hable”. Esta referencia nos impone transitar los matices que condensan el concepto de escena primaria.

En pacientes, ¡alguna vez hijos, no importando su edad!, en quienes su solución narcisista y derivación identitaria, los lleva compulsivamente a vivir en una re-edición de escenas fijas intrafamiliares altamente toxicas, podemos imaginar   que al haber sido alguna vez parte del “cuerpo común incestual familiar”, persiste una “falla en la alucinación negativa suficiente(mente buena)” de la escena primaria de una pareja en tren de crearlos. ¿Capacidad de estar todo presente estando ausente, y \ o estar ausente en la presencia[31]?

Nuestro registro intra-sesion de la presencia de este matiz de falla en la “alucinación negativa” es fruto del trabajo del negativo dado dentro de la intersubjetividad transferencial que nos implica y en el circuito co-alucinatorio posible. Estamos refiriendo como plantea R Roussillon a una fantasía originaria de escena primitiva, vista desde el “hijo que estaba y no estaba allí”, una posibilidad de salir del autoengendramiento[32] sostenido en su solución narcisista de sobrevida psíquica y acceder en sesión a la capacidad de estar solo en presencia del otro y también de la pareja genitora. 

 Primer ejemplo que fue base para este desarrollo.

Voy a referir a un paciente quien a pesar de serios procesos depresivos y compromisos somáticos sostenía de un modo estable su nueva pareja. No era material de sesión una pareja anterior con quien había convivido menos de 3 años y había tenido un hija. Esta hija al crecer se tornó para mi paciente una hija problemática y agresiva que se fue transformando en un tumor intra familiar que atacaba en lo actual a su pareja actual. Esta hija se “presentaba” en sesión como “una loca” a la que mi paciente la aplacaba configurándose progresivamente una escena fija y privada entre ellos. Esta hija fue habitando en mi paciente, en su diferencia a poder estar con ella, no había dialogo, previsibilidad y continuidad. Más allá de las interpretaciones que transitábamos, su omnipresencia en sesión evidenciaba a su vez que este padre nunca la había entregado. Avanzaban las conductas autoagresivas y demandas económicas, frente a las cuales reacciona solo mi paciente explicitando que con la madre de esta hija “otra loca” no se podía contar. Este registro subjetivo transferencial, me llevo a pensar que tanto el vínculo de su hija como el de mi paciente, mantenía en estasis una escena fija y una ilusión herida con una madre no disponible (la de mi paciente depresiva con varios intentos de suicidio) y un padre que brillaba por su ausencia.  Poniéndome en la posición de la hija, registre su necesidad e interrogantes desde una hija del encuentro desencontrado y retomando la escena que advino en mí, que su “genitor ¿padre? estaba presente”. A partir del llamado de esta hija pensé en la necesidad que la pareja genitora pueda salir de la escena fija y honrar el patrimonio filiativo. Ningún espacio terapéutico para esta hija se había podido sostener. Antes de una nueva derivación, le propuse a mi paciente, que tuviera un encuentro con su pareja parental para intentar un acuerdo en acceder a un espacio de terapia para esta hija. Mi paciente acepta y acuerdan, sin que lo hubiésemos hablado antes, una sesión en mi consultorio. En esa entrevista, (continuando “mi escena en sesión con mi paciente) intervengo en un doblaje psicodramático desde la hija, preguntando y sosteniendo el interrogante acerca de “cuando era chiquita”. Ante mi asombro la madre habla y encuentro una madre para esta hija. El clima cambia y hubo recuerdo de escenas afectivas posibles. Los padres hablaron con su hija y pudimos acordar una derivación posible, los padres entrevistaran a esta analista y su hija hábito este espacio analítico.

Viñeta flia 3

Un paciente separado hace muchos años sostiene en sesión a su ex esposa, con quien tuvo 2 hijas, como una mujer promiscua que siempre le ha sido infiel.  Un hecho significativo fue que en uno de sus periodos de descontrol dejó a una de sus hijas con su pareja de turno quien abusó de ella. Este dato emerge en el primer tratamiento individual de esta hija coincidente con el hecho que luego de serias peleas con su madre, deja de vivir con ella y pasa a vivir con su padre, con quien ya vivía su hermana por la misma razón al tiempo abandona este tratamiento individual.

Aparentemente nada se había modificado en esta madre. La hija comienza a accidentarse, a consumir droga y manifiestas conductas promiscuas, que se tornaron omnipresentes en nuestra sesión en referencia al abuso sufrido y el desinvestimiento materno.

En casa de su madre tiene una crisis de excitación psicomotriz. Llaman a la urgencia psiquiátrica e indican la posibilidad de internación Mi paciente me llama en urgencia para poder sostener una derivación confiable. Pregunto primero si era posible trasladarse y los convoco a mi consultorio. Llegan los padres y esta hija retraída y en muy mal estado físico. Me encuentro con la presencia de la pareja parental de mi paciente en mi consultorio. Luego de un somero relato de la crisis y antes que se comience al exceso de realidad confirmatoria del más de lo mismo, le propongo a la hija conversar en otro consultorio. De un modo reticente acepta y de inicio continúa con su silencio evitativo mirando fijo a un costado. Le comienzo a hablar a partir de mi memoria, a la “hija de mi paciente”, refiero a su malestar en la tensión entre la casa de papa y mama y los últimos accidentes que había tenido.  Compartiendo un interrogante que habitaba en mí en ese momento, enuncio el hecho de cuando era profesora de sky, al esquiar sola fuera de pista, voló y tuvo varias fracturas al caer y yo me estaba preguntando si aún hoy ella no estaba pudiendo recuperar su pista. Me responde de un modo monosilábico pero comienza a hablar, que la dejen tranquila, que gritó porque estaba harta y pude registrar que refería a ambos padres con tonos diferentes, “si pero papa me harta” o “a ella solo le importa lo de ella”, continuando con el discurso demonizante de mi paciente percibí que esta hija “era papa en lo de mama” y “mama en lo de papa”. (Pensando que la oreja es el único orificio sin esfínter) le planteo su posición de “oreja full life”, ante lo cual esboza una casi imperceptible sonrisa. Le planteo que ya era hora que se tome vacaciones de esta tarea y acordamos hablar con sus padres. Nos sentamos juntos en un sillón frente al que estaban sus padres y les comunicamos su decisión de dejar esta posición de “oreja full life” y les pedíamos colaboración. Frente a las opciones decidimos que la entreviste esa noche un psiquiatra de mi confianza y la hija puede plantear retomar su terapia anterior. Se relanzó este espacio junto con una terapia familiar que incluyó a su hermana, una testigo también de escenas promiscuas en las que ambas estuvieron afectadas. En este espacio emerge la pregunta ahora desde la madre y delante de su padre acerca del abuso, del cual no estaba segura pero reconociendo no haberlas podido cuidar en ese momento y aquello hasta este momento secretado es compartido La hija puede dejar de ser la hija rehén que aun hoy mi paciente la referenciaba a su madre inimputable y abandonante.

[1] R  Roussillon,

[2] E Grinspon “Articulación entre lo clivado en la subjetividad parental y los efectos del retorno de lo clivado de la subjetividad del hijo, producto del trabajo de lo secretado”.

[3] Es un clivaje de la subjetividad, un clivaje “hacia el Yo, no un clivaje del Yo”, y la parte no representada, en su status de lo aun no subjetivado deberá pertenecer al Yo. Lo clivado tiende siempre a retornar y en la medida en que no es de naturaleza representativa, el retorno es en acto y actual sosteniendo y re-presentando el estado traumático mismo. Nos encontramos ante problemáticas de fallas de continente o de envolturas psíquicas, en un espacio dominado por la compulsión a la subjetivación de lo aún no advenido de sí mismo.

[4] R Roussillon, En su diferencia con la transferencia por desplazamiento. “Agonie, clivage et simbolisation”2005,

[5]  RRoussillon, “Il demande à l’analyste, d’être, le miroir du négatif de soi, le miroir de ce qui n’a pas été senti ni perçu de soi. »…..le sujet vient faire vivre à l’analyste ce qu’il n’a pu vivre de son histoire et qui est resté (resta) clivé de ses possibilités d’intégration.

[6] G Bayle,”Moi et defenses”.

[7] PC Racamier en su referencia a la Incestualidad.

[8] Lo secretado, coincidencia de la gestación con infidelidades, embarazos accidentales, experiencias de incesto, interrupción de embarazos   fallidos etc.

[9] R Roussillon.

[10] Familia se inaugura cuando una pareja al tener un hijo se transforma en genitora de ese hijo.

[11] Equilibrio interdefensivo: a partir de nuestra perspectiva clínica, en TPFP las defensas no pueden seguir siendo enunciadas en términos individuales. En esta especificidad   refieren a la articulación de economías y corrientes defensivas singulares, dentro de una economía pulsional vincular[11] dada en familia y pareja.  Este equilibrio por ser pluripsíquico y plurinarcisista, es dinámico y en permanente readecuación.

[12] P Denis,

[13] R Roussillon « Du jeu dans la mémoire » 2016. Huellas cuantitativas presubjetivas.

[14] Al no haber podido ser simbolizadas primariamente.

[15] R Roussillon.

[16] R Russillon,

[17] ¿Responde al objeto perceptivo Bioniano que nos presenta la cosa en carne y hueso?  Del mismo modo RR enuncia a este retorno como un cuarto vasallaje del yo junto al ello, el superyo y la realidad.

[18] Estos cuestionamientos clínicos conceptuales se reforzaron ante la presencia en hijos adoptivos de las consecuencias de sus enigmas acerca del origen y el modo en el que intentaban resolver por medio del accionar, los agujeros negros subyacentes, un tipo de negatividad que no cesa en su insistencia.

[19] R Roussillon,

[20] R Roussillon,

[21] E Grinspon, El concepto de lo alucinatorio y su aplicación en nuestra especificidad en TPFP

[22] E Grinspon, Trabajo de subjetivación del testigo intra-subjetivo del sufrimiento narcisista padecido por “nuestros pacientes” y subyacente en su solución de sobrevida psíquica.

[23] R Roussillon, “entre (je) jeu”

[24] En la excitación no es posible cualificar ni el afecto ni la representación, ya que la excitación puede pasar a la motricidad en forma de motricidad in-coordinada, no teniendo el valor de gestos que sería portadores de significación   . El afecto está en el corazón ya que es lo más motor en la vida psíquica,   P Denis piensa que el afecto puede llegar a ser un acting in que puede tomar el valor en la transferencia, como dice Freud un acto psíquico

[25] Articulando el pensamiento de Benno Rosemberg y de R Roussillon.

[26] En su diferencia con la escena primitiva por ej. M. Fain y D. Braunschweig respecto  a esta describe la “censura del amante” que ilustra  como la madre presente contiene al padre en su pensamiento como un tercero que modula, en un cierto sentido, su estilo interactivo

[27] En pacientes, ¡alguna vez hijos, no importando su edad!, en quienes su solución narcisista y derivación identitaria, los lleva compulsivamente a vivir en una re-edición de escenas fijas intrafamiliares altamente toxicas, podemos imaginar   que al haber sido un hijo alguna vez parte del “cuerpo común incestual familiar”, persiste una “falla en la alucinación negativa suficiente(mente buena)” de la escena primaria de una pareja en tren de crearlos. ¿Capacidad de estar todo presente estando ausente, y \ o estar ausente en la presencia?

[28] PC Racamier, surantimoi et sur anti ideal du moi singulier…exige « de croire tout en interdisant de savoir. Ce n’est pas une loi, c’est une tyrannie. Elle interdit mais ne protège pas. Il présente la vérité comme faute, la pensée comme un crime et les secrets comme intouchables ».

[29] Por ej. madre promiscua entregadora, padre víctima, hija abusada sexualmente, o padre violento golpeador, madre e pasiva hija y su cuerpo testigo.

[30] E Grinspon, “Estancamiento de un proceso terapéutico y su diferencia con interrupción”.

[31] R Roussillon, RFP « En seance » 2018 hablando de un paciente, “le falta una alucinación negativa suficiente de la pareja en tren de crearlo”, el fantasma originario de escena primitiva que supone que “el chico esté o no esté allí”, no puede organizarse.

[32] Descripto dentro de la incestualidad y las soluciones perversivo narcisistas , PC Racamier, A Eiguer, E Grinspon,.

[i] R Roussillon (2000).

[ii] R Roussillon, “ Le travail de symbolisation”

[iii] E Grinspon, “Del cuerpo familiar incestual a la singularidad subjetiva”. Pasajes por el acto o por el soma como tránsito a la reapropiación subjetiva del núcleo identitario singular” El contrato deviene en una derivación “patógena”, un pacto en el que prevalece una asignación inmodificable “a un emplazamiento de perfecta coincidencia narcisista entre el conjunto y el sujeto”. En la alianza parental, cada uno le aporta al otro el personaje necesario para sostener la eficacia de las corrientes defensivas singulares. Esta derivación está presente tanto en la articulación sincrónica dada en las parejas, como en las familias, en las que ante el advenimiento de un hijo, a partir de su dependencia inevitable en la constitución de su narcisismo, se abre la posibilidad diacrónica, “que lo nuevo salido de nosotros”, quede al servicio de esta neo continuidad identitaria familiar “a deux” (2016).

[iv]  R Roussillon, « La loi du plus faible »  cerner l’impasse par attribution, en lui trouvant ou en lui reconnaissant un responsable, un « coupable », le fait d’une subjectivité humaine incarnée. L’impasse ne peut être traitée « de soi à soi », elle doit être partagée par au moins plus d’un autre, elle doit impliquer l’autre, lui être adressée) (2006).

[v] R Roussillon « Se retirer pour survivre » « La situation dont le sujet a dû se retirer pour survivre, celle qui portait l’agonie psychique, ne disparaît pas avec le retrait, elle disparaît du présent, de l’actualité du sujet, mais elle reste inscrite dans la psyché comme toutes les expériences significatives. Et les traces qu’elle a laissées sont susceptibles d’être réactivées, soit en raison de poussées intégratives internes liée à la compulsion de répétition qui représente une contrainte d’intégration « au-delà du principe du plaisir », soit en raison de réactivation en lien avec les situations rencontrées dans le présent, dans l’actualité de la vie du sujet, soit dans l’alliance des deux, l’actualité du sujet venant renforcer la menace d’activation interne des traces traumatiques » (2017).

[vi] PC Racamier.

[vii] E Grinspon “El trabajo del trauma en un “entre dos” y su especificidad en TPFP frente a soluciones de supervivencia psíquica” (2018).

[viii] E Grinspon, “Trabajo de subjetivación del testigo intra-subjetivo del sufrimiento narcisista padecido por “nuestros pacientes” y subyacente en su solución de sobrevida psíquica” (2016).

[ix] Una interpelación homologa al caos somático posible frente a la presencia y respuesta inadecuada dada en el tránsito desde ese saber preparado biológicamente y que inevitablemente va a la búsqueda de la respuesta adecuada del medio.

 

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