Autor: hc000061 (Página 3 de 7)

Escucha de lo familiar en terapia individual.

Eduardo A Grinspon.

Voy a compartir las derivaciones de un escollo clínico en el cual a partir nuestra escucha de lo familiar en el espacio de terapia individual de uno de los padres, hemos accedido a una repuesta al “pasaje por el acto de sus hijos” en su función mensajera. Diferenciamos el pasaje al acto que va a la descarga, del pasaje por el acto[1] en su función mensajera dentro de una intersubjetividad posible.

En esta comunicación me voy a referir a padres separados y sus hijos en su dependencia ineludible. Queda fuera de esta investigación los hijos producto de sistemas de fertilización por donación a partir de la decisión de uno de sus progenitores. 

Interrogante de base.

¿En qué medida nuestra escucha de llo familiar, como posición implicativa en sesión, cualquiera que sea la espacialidad terapéutica a la que refiramos, puede sostener la co-construcción de un continente intersubjetivo[2]? Diferenciando el continente de sus contenidos, este continente intersubjetivo es el necesario para que advenga aquello que pulsa en búsqueda de su representancia[3] y el trabajo de subjetivación. Me refiero a restos en sectores clivados intrafamiliares que van a ser movilizados a partir del sufrimiento e interrogantes de los hijos, habitualmente púberes o adolescentes, expresados como pasajes por el acto mensajeros hacia alguien disponible y utilizable.

Pero, en primer lugar ¿a qué familia nos estamos refiriendo?

Enuncio la dimensión familiar pensada a partir de “los hijos” quienes fundaron “lo familiar para ellos”, más allá del destino del vínculo dado entre sus genitores. Es lo familiar para ese hijo. El término “familiar”, tan habitual en nuestros planteos es algo que en estas configuraciones vinculares, pulsa desde el negativo sin estar suficientemente constituido y resta aun a definir “familiar para quien” y “desde quien está siendo enunciado”.

Respecto a los clivajes  intrafamiliares[4],  es necesario diferenciar  lo “clivado en esta intersubjetividad familiar” (un clivaje funcional[5]), de lo “clivado de la subjetividad de estos hijos[6] (un clivaje estructural), es decir, aquello que como consecuencia del funcionamiento “exitoso de la comunión de desmentida[7] genitora parental”, nunca fue parte de su patrimonio subjetivo[8]. Es decir, refiero a un pacto jugado en el sector genitor, en su diferencia con padres en su función, dentro de la asimetría generacional.

Habitualmente este pacto es producto de la articulación de soluciones narcisistas frente al sufrimiento narcisista singular. Una solución “a deux”[9] en la cual los restos de experiencias traumáticas vividas en cada uno de sus miembros, pudieron transformarse entre dos en una herida narcisista referida y ligada a un agente responsable siempre deudor y omnipresente en lo actual[10]. Esta solución « a deux » es una organización defensiva preventiva frente a la posibilidad del retorno de estos restos, los cuales siguen sometidos a una compulsión de integración más allá del principio de placer y como plantea R Roussillon “ya sea en razón de la reactivación dada por la actualidad de la vida del sujeto, o en las alianzas  dadas[11].

Sabemos que los espacios grupales familiares, de un modo específico dentro de la asimetría antes mencionada, contienen y superan a los vinculares que a su vez contienen y superan a los singulares.

Estos sectores clivados intrafamiliares condensan fragmentos de historia, traumática los cuales desde la perspectiva del hijo fueron necesariamente vividos en “su” familia, y sostenidos como escenas clivadas en un impasse atemporal. Pensamos este recurso como un modo patógeno de sostener la vigencia de corrientes defensivas singulares de sus genitores “y \ o” alguna continuidad narcisista familiar. Enuncio lo patógeno pues estos equilibrios inter-defensivos preventivos, ante la presencia de los hijos se tornan ofensivos[12]. Es decir ante el advenimiento de un hijo y a partir de su inevitable dependencia en la constitución de su narcisismo, se inaugura la posibilidad diacrónica, “que lo nuevo salido de nosotros”, quede al servicio de esta neo continuidad identitaria familiar “a deux”. Este pacto patógeno revela la categoría de alianzas alienantes[13].. Desde nuestra posición clínica sostenemos, que en lo singular de cada hijo estos mecanismos patógenos dejan restos que no cesaran en su insistencia de subjetivación y es a partir de esta insistencia que van a darse los retornos a los que hoy estamos refiriendo. Accedemos en sesión a un tipo de trabajo del negativo que enunciamos como trabajo del resto[14] .

¿Qué determina la vacilación de estos equilibrios? ¿Cuál es el circuito posible dado desde la emergencia intrafamiliar del sufrimiento en el sector hijos junto a la adecuación defensiva preventiva parental, hasta que el grito de alguno de ellos accede a su función mensajera para un otro disponible y utilizable? ¿Quién? ¿Uno de sus genitores en sus terapias? ¿Nosotros en sesión? ¿Los padres de amigos testigos de sus desbordes? ¿Los servicios hospitalarios y policiales?

En estos hijos por ser los únicos testigos[15] vivos del encuentro “alguna vez habido” al cual pueden referir su origen, priman las consecuencias de un caos cognitivo dado por el bastardeo repetido de sus interrogantes interpelando a su medio familiar y contextual[16].  Son hijos en quienes este bastardeo pervertizante de sus búsquedas los lleva a que finalmente en una derivación identitaria incestual se transformen dentro de su medio familiar en “hijos problemas” o hijos “Únicos de genitor único”.

Pero ¿problema para quién? Para “sus” padres”, el hijo en si no es problema, el hijo problema es un “apellido otro” que le adjudican sus genitores ¿padres? a partir de la fijeza de las escenas familiares dentro de las que quedan cautivos y cautivados[17] como parte de esa escena.   Un interrogante del hijo en lugar de ser interrogante hacia sus padres, a partir de mecanismos perversivos, se tornan afirmaciones de estos sobre su accionar. Estas afirmaciones conducen al hijo a una solución con una derivación identitaria intrafamiliar de “hijo problema”,   “desastre”, “drogón” etc.[18].

Anticipo, la habitual y pertinaz resistencia de muchos de estos hijos “problemas y Únicos” a habitar un espacio de terapia o a sostenerlo. ¿Qué condiciones podemos imaginar para que este se habilite y resulte eficaz?

En un intento de desplegar interrogantes, voy a delinear los efectos o consecuencias de ciertas experiencias transferenciales ante el retorno del modo posible de lo clivado “de la subjetividad de los hijos”. Aún resta por ser conceptualizado ¿a qué refiero con “nuestra escucha familiar”? ¿Alcanza con nuestra formación en TPFP?

A partir de los sucesivos pasajes por el acto de “los hijos de mis pacientes”, fueron surgiendo en mí inquietudes y diversas intervenciones relacionadas con un imperativo que ya habitaba en mí accionar clínico acerca de “cuidar un hijo”.

Si bien este imperativo sostenía en nuestro espacio transferencial la presencia por retorno de los restos de experiencias de sufrimiento vividas por “mi paciente” como “hijo”, de un modo no previsto comenzó a instalarse en mí un malestar frente al retorno “en parejas ya separadas”, aun habiendo constituido parejas estables de mucho tiempo, de una escena fija con su pareja anterior. Esta se hacía presente “en sesión” sosteniendo de un modo reiterativo lo ya conocido y era actualizada en acto y a partir de “lo actual” por el accionar de algún hijo, quien dentro de la asimetría innegociable hacía presente su dependencia, su sufrimiento e interrogantes frente a la escena sostenida por sus “genitores”.

Una característica singular fue el modo en el que en sesión individual y a partir del accionar de estos hijos, se reactualizaba en mi paciente” “su tono”[19]en referencia a su partenaire genitor o a su propia historia familiar.  Este registro subjetivo transferencial llevó a detenerme, quizás a sustraerme en una apertura co alucinatoria[20] frente al afecto en su función mensajera, e imaginar en sesión el accionar de estos hijos, como una interpelación “a sus genitores”, no siempre madre o padre en función y vehiculizando sus interrogantes acerca del encuentro del cual cada hijo es hijo. Interrogantes que a su vez provienen de los restos cuantitativos sostenidos en sus sectores testigos[21] (antes planteados), aun en búsqueda del testimonio del vínculo alguna vez habido “entre y con” estos. Hijos que van a ser hijos de sus genitores más allá de las fallas en su presencia o muerte. Este movimiento pulsional jugado dentro de nuestra intersubjetividad transferencial, expresa la presencia de una pulsión de saber[22] aún vigente en nuestros pacientes, extensiva a sus derivaciones relacionales familiares y la necesaria presencia de un “sujeto otro y su pulsión” para que esta pueda desplegarse y salir del impassé de su solución narcisista. Estos restos se re-presentan en sesión a partir del efecto en nosotros implicados frente a las consecuencias de los diversos pasajes por el acto mensajeros dados en el inter-juego[23] de las diferentes soluciones narcisistas en familia.

Comenzó a instalarse en mí, pulsando ya desde la negatividad, el interrogante acerca del tipo de encuentro habido en la pareja genitora y sus derivaciones a través del tiempo.

¿Había matices en la escena fija aportada en sesión que podían ser necesario diferenciar ante lo que no cesaba de insistir a partir de la presencia de los hijos de “mi paciente”[24]?

En sesión y a partir del sector hijos, se hacía presente un sub grupo familiar clivado y en latencia que al estar fusionado de un modo atemporal constituía un cuerpo común incestual[25] “genitor-genitora -hijos producto y testigos”, en el cual en un momento determinado se produjo una vacilación del estado exitoso de este equilibrio interdefensivo ofensivo. Esta vacilación se evidencia por un grito de llamado de un hijo en “lo actual” que “nos implica” y es nuestra posición e intervenciones posibles, lo que posibilita salir del estancamiento[26] del proceso y relanzar a su vez sectores de los procesos individuales de sus genitores en su dimensión de sujetos singulares. Estos muchas veces están estancados dentro de una escena fija y privada sosteniendo una posición contestataria a su partenaire obligatorio. Esta escena “fija y privada sostenida en “un entre dos” vacila ante la presencia de uno de sus hijos y sus “gritos de llamado “hacia un otro intrafamiliar disponible y utilizable.

Insisto “familiar para estos hijos” quienes muchas veces son la causa por la cual sus genitores deben reconocer y sostener un producto de un vínculo alguna vez habido.

Son escenas en las que se nos presenta alguna referencia a este “otro” causa y responsable que se nos torna omnipresente en la escena familiar “actual”. Por ej a partir de demandas de dinero, mi paciente dice “puta como su madre”, o un padre híper protector “sufriente y desorientado frente al accionar auto agresivo y promiscuo de su hija adicta, planteándola como una hija víctima del des-investimiento y promiscuidad materna, “o registramos en los hijos conductas oscilatorias “siendo” en cuerpo presente papa para mama y mama para papa”.

Así mismo esta escena en la que prima la tensión y la co-excitación, puede representar para sus hijos la escena primaria[27] a la cual referir como origen posible. Estos hijos de un encuentro desencontrado”, ya que un encuentro alguna vez hubo y su ombligo lo evidencia, sostienen en acto y a través de lo actual, la vigencia de esta escena en búsqueda del otro “intrafamiliar” necesario para acceder al trabajo de subjetivación de su propio sufrimiento aun no reductible.

Plantear esto claramente en el ámbito individual con mis pacientes, nos posibilitó revisitar estos encuentros gestantes, a partir de lo cual también resultó claro y ahora explicito que estos hijos problemas que van ocupando tensamente “nuestros espacios” no podían referir a un encuentro ¿amoroso? alguna vez habido y honrado.

Este “relato que mata dato” al ser co-construido en sesión y en presencia de mi paciente en función de “padre, ya no solo genitor de sus hijos”, derivó en su compromiso en la apertura y acompañamiento del proceso terapéutico de sus hijos. Así mismo se tornaba innegociable la presencia de su partenaire genitor para que este objetivo pudiera llevarse a cabo. Este es un punto crucial en nuestra posición, a partir del fracaso de varios intentos de derivación, en los cuales hemos omitido este paso.

En la casuística que llevamos, diferenciamos aquellos encuentros que fueron gestantes en ausencia de un encuentro amoroso[28], de aquellos en los que a pesar de haber existido este, en lo actual sigue vigente en la pareja genitora una herida narcisista o más específicamente “una ilusión herida” que no cesa en su insistencia sosteniendo la presencia de la tensión fusional y el bastardeo alguna vez vivido. ( A partir de una historia de infidelidad ya no presente en sesión, la afirmación puta como su madre” o refiriendo a la madre de su hija afirmar  “ otra loca”). Son situaciones familiares en las que el maniobrar de los genitores convoca a sus hijos a una adaptabilidad antinarcisista[29], y si bien estos tienden a quedar cautivos dentro del magma familiar[30], existen restos de su sufrimiento, lo propio no reductible que “aún grita” convocando las situaciones clínicas “familiares” que intento describir.

En estas familias los hijos acusados hoy a “partir de su accionar” de bastardear los imperativos familiares, son los encargados de sostener para sus genitores en la re-petición[31] la escena en referencia a su origen, “de cuerpo presente”. Una escena fija y paradojal sin posibilidad de diferenciar interrogantes, subjetividades y generaciones, hasta que este “grito de llamado” emerja para alguien y su equilibrio pueda vacilar. Lo que determinó la variación en el equilibrio patógeno y un acceso a la “re-petición hacia una diferencia”, estuvo dado a partir de los pasajes por el acto de estos hijos hacia “nuestro espacio de terapia individual”   y la respuesta efectiva y afectiva de algunos de sus padres ante mis intervenciones en permanentemente referencia a la pareja parental para ese hijo. Nuestra escucha de lo familiar no da lugar a la opción de “hijo Único de genitor único contra el otro genitor”.

Acerca de la escena primaria gestante y fundante como producto de nuestra escucha de lo familiar.

Un pensamiento en escenas “jugadas” en sesión me acercaron a la “escena primaria gestante y fundante”, en su referencia a la gestación necesaria y fundaciónal como ser vivo singular, dada en todo ser humano “que tenga ombligo y hable”. Esta referencia nos impone transitar los matices que condensan el concepto de escena primaria en su diferencia con escena primitiva.

En pacientes, ¡alguna vez hijos, no importando su edad!, en quienes su solución narcisista y derivación identitaria, los lleva compulsivamente a vivir en una re-edición de escenas fijas intrafamiliares altamente toxicas, podemos imaginar   que al haber sido un hijo alguna vez parte del “cuerpo común incestual familiar”, persiste una “falla en la alucinación negativa suficiente(mente buena)” de la escena primaria de una pareja en tren de crearlos. ¿Capacidad de estar todo presente estando ausente, y \ o estar ausente en la presencia[32]?

Nuestro registro intra-sesion de la presencia de este matiz de falla en  este matiz de “alucinación negativa” es fruto del trabajo del negativo dado dentro de la intersubjetividad transferencial que nos implica y en el circuito co-alucinatorio posible. Estamos refiriendo como plantea R Roussillon a una fantasía originaria de escena primaria, vista desde el “hijo que estaba y no estaba allí”, una posibilidad de salir del autoengendramiento[33] sostenido en su solución narcisista de sobrevida psíquica y acceder en sesión a la capacidad de estar solo frente a su pulsión en presencia de un otro y también de la pareja genitora. 

Primer ejemplo que fue base para este desarrollo.

Voy a referir a un paciente con serios procesos depresivos y compromisos somáticos que sostenía de un modo estable su nueva pareja. No mencionaba a su pareja anterior con quien había convivido menos de 3 años y había tenido un hija. Esta hija creció y se tornó una hija problemática y agresiva que se fue transformando en un tumor intra familiar en su ámbito actual. ¿De qué familia estamos hablando? Esta hija se “presentaba” en sesión como “una loca” a la que mi paciente la aplacaba configuradose progresivamente una escena fija y privada en un “entre dos”. Esta hija fue habitando en mi paciente en su diferencia a poder estar con ella, no había dialogo, previsibilidad y continuidad. Estas actitudes fueron promoviendo lo peor de mi paciente en reminiscencia de lo vivido en su familia primaria y también desde su cuerpo. En un momento a partir de los efectos del accionar de esta hija emergió en mí el interrogante al cual refiero en esta comunicación. Su omnipresencia en sesión evidenciaba a su vez que este padre nunca la había entregado. Avanzaban las conductas autoagresivas y demandas económicas, frente a las cuales reacciona solo mi paciente explicitando que con la madre de esta hija “otra loca” no se podía contar.  Este registro subjetivo transferencial, me llevo a pensar que tanto el vínculo de su hija como el de mi paciente, mantenía en estasis una escena fija y una ilusión herida con una madre no disponible y un padre que brillaba por su ausencia.  Poniéndome en la posición de la hija, registre su necesidad e interrogantes desde una hija del encuentro desencontrado y retomado la escena que advino en mí, su “genitor ¿padre? estaba presente”.  A partir del llamado de esta hija en su vínculo univoco hacia sus genitores pensé en la necesidad que la pareja genitora pueda salir de la escena fija y honrar el producto vivo. Ningún espacio terapéutico para esta hija se había podido sostener. Antes de una nueva derivación, le propuse a mi paciente, dentro de nuestro espacio, una entrevista con la pareja parental para intentar un acuerdo en cuidar a su hija honrando el patrimonio filiativo. Mi paciente acepta y acuerdan una sesión en mi consultorio. En esa entrevista, (continuando “mi escena en sesión con mi paciente) intervengo en un doblaje psicodramático desde la hija, preguntando y sosteniendo el interrogante acerca de “cuando era chiquita. Ante mi asombro la madre habla y encuentro una madre para esta hija. El clima cambia y hubo recuerdo de escenas afectivas posibles. Los padres hablaron con su hija y pudimos acordar una derivación posible, los padres entrevistaran a esta analista y su hija hábito este espacio analítico

Es   de jerarquizar que a posteriori esta hija pudo vivir dos años en la casa del padre con su nueva familia, organizando la palabra familia quizás no aun constituida

[1] R Roussillon,

[2] A Ciccone , contenance,

[3] R Roussillon,

[4] E Grinspon “Articulación entre lo clivado en la subjetividad parental y los efectos del retorno de lo clivado de la subjetividad del hijo, producto del trabajo de lo secretado”.

[5] G Bayle,”Moi et defenses”

[6] A partir de R Roussillon quien diferencia “lo clivado del yo” de “lo clivado hacia el yo” .

[7] PC Racamier en su referencia a la Incestualidad.

[8] Lo secretado, coincidencia de la gestación con infidelidades, embarazos accidentales, experiencias de incesto, interrupción de embarazos   fallidos etc.

[9] E Grinspon, “Del cuerpo familiar incestual a la singularidad subjetiva. Pasajes por el acto o por el soma como tránsito a la reapropiación subjetiva del núcleo identitario singular”   El contrato deviene en una derivación “patógena”, un pacto en el que prevalece una asignación inmodificable “a un emplazamiento de perfecta coincidencia narcisista entre el conjunto y el sujeto”. En la alianza parental, cada uno le aporta al otro el personaje necesario para sostener la eficacia de las corrientes defensivas singulares. Esta derivación está presente tanto en la articulación sincrónica dada en las parejas, como en  las familias, en las que ante el advenimiento de un hijo , a partir de su dependencia inevitable en la constitución de  su narcisismo, se abre la posibilidad diacrónica, “que lo nuevo salido de nosotros”, quede al servicio de esta neo continuidad identitaria familiar “a deux” .  

[10]  R Roussillon , « cerner l’impasse par attribution, en lui trouvant ou en lui reconnaissant un responsable, un « coupable », le fait d’une subjectivité humaine incarnée. L’impasse ne peut être traitée « de soi à soi », elle doit être partagée par au moins plus d’un autre, elle doit impliquer l’autre, lui être adressée

[11] Roussillon : « La situation dont le sujet a dû se retirer pour survivre, celle qui portait l’agonie psychique, ne disparaît pas avec le retrait, elle disparaît du présent, de l’actualité du sujet, mais elle reste inscrite dans la psyché comme toutes les expériences significatives. Et les traces qu’elle a laissées sont susceptibles d’être réactivées, soit en raison de poussées intégratives internes liée à la compulsion de répétition qui représente une contrainte d’intégration « au-delà du principe du plaisir », soit en raison de réactivation en lien avec les situations rencontrées dans le présent, dans l’actualité de la vie du sujet, soit dans l’alliance des deux, l’actualité du sujet venant renforcer la menace d’activation interne des traces traumatiques »

[12] PC Racamier.

[13] R Kaes.

[14] E Grinspon “El trabajo del trauma en un “entre dos” y su especificidad en TPFP  frente a soluciones de supervivencia psíquica”.

[15] E Grinspon, “Trabajo de subjetivación del testigo intra-subjetivo del sufrimiento narcisista padecido por “nuestros pacientes” y subyacente en su solución de sobrevida psíquica”.

[16] Una interpelación homologa al caos somático posible frente a la presencia y respuesta inadecuada dada en el tránsito desde ese saber preparado biológicamente y que inevitablemente va a la búsqueda de la respuesta adecuada del medio.

[17] A partir de la seducción narcisista patógena incestual,

[18] Estos cuestionamientos clínicos conceptuales se reforzaron ante la presencia en hijos adoptivos de las consecuencias de sus enigmas acerca del origen y el modo en el que intentaban resolver por medio del accionar, los agujeros negros subyacentes, un tipo de negatividad que no cesa en su insistencia.

[19] E Grinspon “Un tipo de capacidad de reverie ante el retorno de lo clivado de la subjetividad. Valor a partir del analista de la percepción de la descarga somática del afecto.

[20] E Grinspon, El concepto de lo alucinatorio y su aplicación en nuestra especificidad en TPFP

[21] E Grinspon, Trabajo de subjetivación del testigo  intra-subjetivo del sufrimiento narcisista padecido por “nuestros pacientes” y subyacente en su solución de sobrevida psíquica.

[22] S Freud, pulsión epistemofilica o de saber,

[23] R Roussillon, “entre (je) jeu”

[24] E Grinspon, “Adecuación posible del encuadre a partir de una “escucha familiar” implicativa que resiste al sostenimiento de los clivajes intrafamiliares patógenos. Presencia de los hijos u otros miembros de la familia de “nuestros pacientes” en sus espacios de terapia individual”-.

[25] PC Racamier, surantimoi et sur anti ideal du moi singulier…exige « de croire tout en interdisant de savoir. Ce n’est pas une loi, c’est une tyrannie. Elle interdit mais ne protège pas. Il présente la vérité comme faute, la pensée comme un crime et les secrets comme intouchables ».

[26] E Grinspon, “Estancamiento de un proceso terapéutico y su diferencia con interrupción”.

[27] En su diferencia con la escena primitiva por ej M. Fain y D. Braunschweig respecto  a esta describe la “censura del amante” que ilustra  como la madre presente contiene al padre en su pensamiento como un tercero que modula, en un cierto sentido, su estilo interactivo

[28] Una paciente muy golpeada en su historia y hoy separada, ante la interpelación de una hija, pudo poner palabras y explicitar que cuando concibieron a sus dos hijas hubo un proyecto familiar pero no amoroso y recién con sus hijas pudo organizar su piel y conocer la ternura.

[29] F Pasche,

[30] PC Racamier, “Galaxia narcisista”,

[31] R Roussillon,

[32] R Roussillon, RFP « En seance » 2018 hablando de un paciente, “le falta una alucinación negativa suficiente de la pareja en tren de crearlo”, el fantasma originario de escena primitiva que supone que “el chico esté o no esté allí”, no puede organizarse.

[33] Descripto dentro de la incestualidad y las soluciones perversivo narcisistas , PC Racamier, A Eiguer, E Grinspon,.

Traza perceptiva o huella de lo vivido aun no vivenciado o subjetivado.

En momentos altamente tóxicos en sesión, aquellos en los que a partir de nuestro malestar singular no banalizado registramos la descarga somática del afecto en su función mensajera, accedemos al momento perceptivo alucinatorio[4]de interfase entre lo corporal y lo psíquico, al cual dentro de la espacialidad intersubjetiva transferencial que nos implica, lo pensamos y recibimos como un tipo de petición  ya sea esta individual o familiar.

La descarga somática que nos involucra parte de un acting in singular que en su función semaforizante adquiere a partir de un pasaje por el acto[5] y en lo actual (agieren), el valor de un actingout que involucra indefectiblemente a otros, una función mensajera que no cesa de insistir muchas veces a través de generaciones. Son momentos fugaces de confusión en los que surgen en nosotros dudas o imágenes que nos asombran. Estas operan como equivalentes preoniricos dentro del circuito intersubjetivo co-alucinatorio transferencial, en el que lo alucinatorio es el lugar del entrecruzamiento, entre la regresión de nuestro pensamiento y la posibilidad de utilizar nuestro registro corporal para la recorporación[6]de ciertas experiencias vividas y aun no subjetivadas por nuestros pacientes. Es necesario diferenciar en nuestro espacio intersubjetivo transferencial1) la función mensajera de la descarga del afecto de 2) la representación. La representación no entraña ninguna manifestación que se traduzca por una modificación del estado del cuerpo, cuando este llega a sufrir una transformación es por regresión bajo la forma de la alucinación que cae sobre  la cenestesia[7].

En nuestra especificidad en TPFP, es la presencia de trazas perceptivas[8]presubjetivas que no cesan de insistir en su retorno y es nuestro malestar el que nos posibilita conectarnos con esta presencia de la representación cosa de la no representación[9], sostenida en lo aun clivado de la subjetividad. Referimos al modo en el que a partir de nuestra presencia implicativa, tanto en terapia individual como en terapia familiar, lo singular tiende a presentarse a re-presentarse al darse la vacilación del equilibrio inter-defensivo patógeno familiar. Una posibilidad de pasaje del cuerpo común incestual (sostenido en pareja o familiar), un plural patógeno trans-subjetivo y trans-narcisista, a la singularidad subjetiva mediatizada por nuestro malestar y  disponibilidad subjetiva singular. Es decir somos nosotros quienes sostenemos la dimensión de lo singular frente a la incestualidad.

Al ser el acceso a la representación cosa el organizador del espacio representativo, este punto inaugura la diferencia entre lo cuantitativo que iría en la desesperación a la descarga perdiendo su efecto de significancia, o la posibilidad de acceder a la re-petición dentro de la intersubjetividad transferencial, su acceso a lo cualitativo, la figurabilidad y la representación .

En sesión y en una transferencia por retorno[10], se presenta ante nosotros un tipo de retorno, el de “aquel resto” aún no subjetivado que está más allá (o quizás podemos pensarlo como un “más acá”) del principio de placer, proveniente de la marca o huella de lo vivido pero aun no subjetivado y que funciona clivado “de” la subjetividad. Decir que “funciona u opera” no es casual ya que como enuncia R Roussillon el automatismo de repetición y la compulsión a la subjetivación, funciona como un tercer principio junto al de placer y de realidad frente a la necesariedad para el aparato psíquico singular de inscribir y dar acceso a la subjetivación a lo aun no subjetivado. 

Si pensamos al movimiento perceptivo alucinatorio, como una interfase entre lo corporal y lo psíquico en la búsqueda de un objeto[11]alucinable disponible y utilizable, podemos imaginar el proceso afectivo en estas circunstancias como una anticipación del encuentro del cuerpo del sujeto con otro cuerpoun objeto otro sujeto en términos imaginarios y en su condición posible de presencia. En situaciones clínicas en las que la relación de sujeto del Yo previa a la relación de objeto del Yo, está potencialmente en juego, el afecto adquiere pues una función preparatoria o más bien anticipatoria.

La referencia al imaginar no es banal ya que el modo singular en que cada analista se va a poder implicar en la espacialidad intersubjetivo transferencial, depende del modo en que pueda “imaginar” y dar figurabilidad a este momento inaugural del proceso de psiquizacion, en el circuito pulsional objetalizante. En este escenario o circuito es fundamental entender la importancia del reinvestimiento alucinatorio en el proceso de  retorno, es decir revalorizar y pensar  el lugar de lo alucinatorio frente a la problemática del retorno de lo aun no subjetivado dentro de nuestro proceso transferencial.

R Roussillon (1992) plantea que uno de los vectores fundamentales de la pulsión es su fuerza de representancia, por lo cual su forma de manifestación en estos casos adquiere un valor mensajero. Entre los representante psíquicos de la pulsión además del representante afecto y del representante de la representación de cosa y palabra, incluye a la representación cosa de la ausencia de representación. Es decir aquel resto de una experiencia traumática vivida pero no vivenciada y que clínicamente referimos al escollo clínico que enunciamos como impass del proceso, un impassé[12] por no poder hacer el duelo necesario de lo “no habido” para acceder a la memoria posible.

Pero esta representación cosa de la ausencia de representación, al ser pensada en la subjetividad transferencial es un signo para alguien subjetivamente presente y expresión del resto que retorna.

Cuando el circuito pulsional no se complejiza en un trayecto progrediente, sino que en un movimiento regrediente va a la solución biológica, es esta la que se torna una posibilidad para el ser vivo que el afecto pueda recuperar su efecto de significancia y poder ser un representante pulsional en el camino hacia la objetalizacion necesaria para hacerse significante para un  yo.

 

[4] C Botella

[5] R Roussillon,

[6] A Green

[7] A Green,

[8]C Botella y R Roussillon en el aparato de memoria RFP 2016,

[9] R Roussillon-C Botella

[10] R Roussillon,

[11] C Botella,

[12]P Denis,

Un tipo de capacidad de reverie ante el retorno de lo clivado de la subjetividad . Valor a partir del analista de la percepción de la descarga somática del afecto. Efecto en el analista de la presencia de la representación cosa de la ausencia de representación[26]

A partir de nuestra experiencia clínica con pacientes y familias en las que impera un clima toxico que nos involucra de un modo somatopsiquico, describimos  un tipo de capacidad de reverie en la cual  a partir del malestar del analista  y  lo singular de su subjetividad, es posible rescatar la percepción de la descarga somática del afecto.  Momento que dentro del circuito pulsional objetalizante, refiere al primer pasaje de lo puramente cuantitativo en búsqueda de lo cualitativo y primer componente presubjetivo que sostiene el valor mensajero del afecto[27], para alguien subjetivamente disponible. (Green lo describe como percepción del yo inconsciente atravesado por movimientos internos desprovisto de cualidad).

El afecto pensado como primer representante pulsional en su camino hacia el objeto[28]adquiere una función semaforizante[29] , es decir se torna índice para alguien psíquicamente presente y puede recuperar el transito somato-psíquico necesario que va de la descarga somática a la percepción de la descarga y finalmente al acceso al matiz afectivo.  Transito en el que dentro del espacialidad de terceridad analítica que es  la intersubjetividad  transferencial, queda convocado el tercero analíticosujeto tercero de la intersubjetividad en su dimensión pulsional e inconsciente[30],  Pensar al afecto dentro del circuito pulsional  y la intersubjetividad transferencial,  inaugura posibilidades ante la presencia de los efectos de diferentes clivajes de/en la subjetividad tanto en terapia individual como familiar. Es el concepto de pulsión el que articula de un modo articulado y no articulable la dialéctica sujeto/ objeto.

En situaciones clínicas en las que la relación de sujeto del Yo está potencialmente en juego, el afecto adquiere una función preparatoria o más bien anticipatoria ya que el proceso afectivo es una anticipación del encuentro del cuerpo del sujeto con un otro  en términos imaginarios o presente.[31] Así mismo es importante revalorizar y pensar  el lugar de lo alucinatorio frente a la problemática del retorno de lo aun no subjetivado.

En la espacialidad intersubjetiva transferencial a través de la  complementariedad interfantasmática y sobre un fondo co-alucinatorio inconsciente, podemos recuperar el tránsito hacia la figurabilidad, es decir un modo en nuestro proceso de análisis, de hacer consciente lo inconsciente. Referimos tanto a  aquello que no tuvo ligadura con la representación por ser una huella perceptiva, presubjetiva y atópica así como  a situaciones escindidas o clivadas defensivamente entre el afecto y la representación.

Es el malestar del analista el que posibilita registrar la descarga somática del afecto y situarnos frente al efecto de la presencia de la “representación cosa de la no representación” ante lo clivado de la subjetividad (R Roussillon). Este es un punto fundamental en nuestro desarrollo ya que siendo esta ultima  el organizador del espacio representativo, lo enunciado habla de la diferencia entre lo cuantitativo que iría a la descarga perdiendo su efecto de significancia o  entrar en la re-petición dentro de la intersubjetividad y recuperando el acceso a lo cualitativo y a la representación,  

El concepto del fondo alucinatorio del psiquismo[32] articula la capacidad de reverie específica en estos momentos en los que el afecto en su dimensión cuantitativa nos convoca, con el mecanismo del retorno de lo aun no subjetivado[33]. De un modo automático y compulsivo se da un reinvestimiento alucinatorio de la experiencia traumática, en la cual hubo experiencia alucinatoria sin acceso al objeto y a la representación[34].

Es el malestar del analista el que posibilita registrar la descarga somática del afecto y situarnos frente al efecto de la presencia de la “representación cosa de la no representación” ante lo clivado de la subjetividad (R Roussillon). Este es un punto fundamental en nuestro desarrollo ya que siendo esta ultima el organizador del espacio representativo, lo enunciado habla de la diferencia entre lo cuantitativo que iría a la descarga perdiendo su efecto de significancia entrar en la re-petición dentro de la intersubjetividad y recuperando el acceso a lo cualitativo y a la representación.

El concepto del fondo alucinatorio del psiquismo,[1]articula la capacidad de reverie específica en estos momentos en los que el afecto en su dimensión cuantitativa, nos convoca con el mecanismo del retorno de lo aun no subjetivado[2]. De un modo automático y compulsivo se da un reinvestimiento alucinatorio de la experiencia traumática, en la cual hubo experiencia alucinatoria sin acceso al objeto y a la representación[3].

 

[1] R Roussillon, C Botella.

[2] R Roussillon

[3] R Roussillon la enuncia como “Experiencia de displacer” y le otorga un lugar específico en estas situaciones clínicas.

[26] C.Botella, R.Roussillon

[27] R Roussillon,

[28] R Roussillon Es el concepto de pulsión el que articula de un modo articulado y no articulable la dialéctica sujeto/ objeto.

[29] R Roussillon

[30] T Ogden

[31] C Botella

[32] R Roussillon, C Botella.

[33] R Roussillon

[34] R Roussillon la enuncia como “Experiencia de displacer” y le otorga un lugar específico en estas situaciones clínicas.

Articulación entre lo clivado en la subjetividad parental y los efectos del retorno de lo clivado de la subjetividad del hijo, producto del trabajo de lo secretado.

 

Lo desmentido o secretado en una generación “resta” como clivado “en la subjetividad de la pareja parental” y retorna como lo forcluido, aquello clivado “de la subjetividad” o aun no subjetivado en la generación de los hijos. Este tipo de retorno lo entendemos como un producto del trabajo de lo secretado dado en la alianza patógena parental y su comunión de desmentida. Es un clivaje de la subjetividad, un clivaje “hacia el Yono un clivaje del Yo”, y la parte no representada, en su status de lo aun no subjetivado deberá pertenecer al Yo. Lo clivado tiende siempre a retornar y en la medida en que no es de naturaleza representativa, el retorno es en acto y actual sosteniendo y re-presentando el estado traumático mismo.Nos encontramos ante problemáticas de fallas de continente o de envolturas psíquicas, en un espacio dominado por la compulsión a la subjetivación[19] de lo aún no advenido de sí mismo.

Lo no advenido de sí mismo, aquello que no pudo ser integrado en el Yo sujeto, resta en estado potencial, pidiendo en un tipo particular de re-petición un sujeto en el cual nacer subjetivamente. Estas huellas presubjetivas preontológicas y atópicas que están más allá del principio del placer, o quizás en un “mas acá” previo a la solución, al ser sometidas a la compulsión a la repetición, tienden a ser alucinatoriamente reinvestidas.

Lo anteriormente desplegado abre la posibilidad del retorno de aquello aun no subjetivado, restos provenientes de la huella de lo alucinado vivido pero no vivenciado, no simbolizado primariamente y que “funciona” clivado de la subjetividad. Decir que “funciona” no es casual ya que como enuncia R Roussillon el automatismo de repetición funciona como un tercer principio el cual, junto al de placer y al de realidad, implica la compulsión a la subjetivación, por medio de la cual, lo aun no subjetivado retorna. Del mismo modo enuncia al retorno de lo aun no subjetivado como un cuarto vasallaje del yo junto al ello, el superyo y la realidad.

En este universo intersubjetivo transferencial impera una tensión toxica fusionante[20] que obtura, tapona las fallas del continente necesario, Un tipo de violencia sostenida por diferentes contrainvestiduras que operan como un “masoquismo  guardián del clivaje” al que articulando el pensamiento de Benno Rosemberg y de R Roussillon lo pensamos como un masoquismo guardián de sobrevida psíquica en lugar del “guardián de la vida” que B Rosemberg enuncia.

Ante este tipo de re-petición el espacio terapéutico individual o familiar muchas veces no alcanza, instalándose un clima toxico de desesperanza, retracción, fragmentación familiar y no salida, siendo el malestar del analista aquello que se torna índice “para alguien” y abre la posibilidad de acceder al “espacio terapéutico ampliado no escindido”. Es decir ampliar el espacio terapéutico convocando en el caso de tratamientos individuales al espacio familiar o del mismo modo en tratamientos familiares y ante momentos de atrapamiento trans-subjetivo, aceptar la demanda de alguno de los miembros a una entrevista singular (a las que diferencio de un modo cualitativo de las “individuales”).

El espacio terapéutico ampliado no escindido, es una indicación  en estas situaciones clínicas  en las que impera la articulación, muchas veces “mortífera”, del clivaje en la subjetividad parental con lo insistencia en su retorno de lo clivado de la subjetividad en un hijo (por ser un clivaje hacia el Yo) Se inaugura una espacialidad internarcisista, donde este resto de dolor sin conciencia, es decir presubjetivo, preontológico y atópico, hasta ese momento sostenido como una descarga somática del afecto “fuera de la presencia del objeto”, en lugar de ser descargado, desvitalizado en una neutralización energética[21], y desestimado en el circuito toxico incesante, pueda ser transformado en recuerdo, a partir de  nuestra implicancia en la inter subjetividad transferencial.

Este  despliegue se da  a partir de nuestra presencia subjetiva dentro de esta espacialidad intersubjetiva transferencial, que contiene y supera a las diferentes espacialidades en juego. Para acceder a esta condición de posibilidad es fundamental de inicio, resistir (endurance necesaria) a la tendencia explicativa, a la agencializacion forzada y  a no demonizar produciendo agentes causales y culpables. Esta posición subjetiva transferencial nos permite pensar que “la comunión de desmentida y lo clivado en la subjetividad parental” condensa también la articulación de fragmentos traumaticos de historias en este tipo de alianza inconsciente y su equilibrio interdefensivo patogeno. Es decir también re- presenta  un tipo de solución en alguien alguna vez hijo y probablemente sosteniendo un resto aun clivado de su subjetividad, Muchos de los “pacientes problemas” por los que consultan este tipo de familias, son actuadores predestinados[22]  siendo el  pasaje por el acto un tipo de re-petición posible para salir del imperativo de la transmisión en términos transgeneracionales. Son hijos fetichizados, dentro de una  solución fetichista parental, que no deliran sino que actúan lo secretado en la pareja parental y es expresión del retorno posible ante la vacilación del clivaje familiar. Pensar en términos de circuito pulsional dentro de la espacialidad intersubjetiva transferencial, posibilita rescatar la descarga somatica del afecto “intra sesión” como  un “acting in” en su funcion semaforizante para el analista en persona y darle al “acting out” que involucra indefectiblemente a otros, una función mensajera[23].

En estos hijos  habita un impasse subjetivo, una vergüenza de ser, o  mejor dicho “en el ser”, que amenaza la existencia misma de la subjetividad, y que a partir de sus pasajes por el acto accede a  un tipo de culpabilidad que es lo que finalmente le posibilita tornar subjetivamente coherente un guión respecto de sus dudas filiativas o de sentirse un hijo producto del desamor o de un “ecuentro desencontrado”.

A partir de las innumerables dificultades técnicas para sostener la continuidad de estos procesos terapéuticos, es útil no pensar en una transferencia negativa  sino que detrás de lo ruidoso de las contrainvestiduras esta la presencia de la negatividad en la transferencia[24] en su función mensajera para alguien disponible y utilizable[25].

Si como analistas soportamos nuestro malestar y resistimos la tendencia a explicar a partir de lo ya conocido, nos podremos conectar  a partir de la percepción actual  con lo que retorna a partir de la marca del dolor que habita en desesperanza en nuestro paciente y su medio familiar. Nuestra capacidad de reverie sosteniendo un holding intersubjetivo va a habilitar el tránsito que permita al dolor, marca o huella cuantitativa, acceder dentro de la complementariedad internarcisista e interimaginaria, a su convalidación intersubjetiva y a la re-subjetivación (o quizás subjetivación) historizante, del sufrimiento de alguien (nuestros pacientes) “para alguien” “nuestro analista”.

 

[19] R Roussillon,

[20]La tensión intersubjetiva perversa descripta por  M Hurni, G Stoll, la entiendo como un demasiado lleno toxico y fusional que opera como un contenido perverso que tapona las fallas de un continente adecuado.

[21] R Roussillon

[22] planteo de A Eiguer a partir del concepto de figurante predestinado de PC Racamier)

[23] R Roussillon,

[24] R Roussillon,

[25] Winnicott

Acceso al trabajo de reflexividad[12]necesario para la subjetivación de lo aun no subjetivado.

En aquellas soluciones narcisistas en las que están puestas en juego recursos de sobrevida psíquica, la marca o huella del fracaso histórico del Yo a re-encontrar su reflejo en el objeto, (fracaso de la función reflexiva del objeto otro sujeto necesario), implicó para ese ser vivo haber tenido que estructurar la corriente del apego dentro de estrategias de sobrevida psíquica. Nos acercamos a la posibilidad del apego al negativo del objeto, en la cual él la experiencia de sufrimiento y su traza o huella[13], es el último testimonio presubjetivo de la falla de la función reflejante y  es “la sombra del objeto” la que se cierne sobre el yo.

Para que advenga en la transferencia la posibilidad de un “trabajo de reflexividad” la respuesta del objeto otro sujeto, en nuestro caso el analista en persona, no debe ser un simple eco especular al movimiento del sujeto. Un trabajo de apropiación subjetiva[14] supone la confrontación con un juego de diferencias [15] . La diferencia sin el fondo de similitud llevaría a un clivaje y la similitud sin un fondo de diferencia suficiente es factor de confusión[16] . Este concepto es determinante  en los momentos diagnósticos para pensar al  agente perversivo como un ser humano “como uno” con una solución perversiva dentro de una espacialidad pluripsíquica y posicionarnos  de un modo implicativo dentro de la tensión transferencial en la que estos pacientes transactuan[17] .

Existen conceptos definidos habitualmente en términos del abordaje individual o intrapsíquico que involucran indefectiblemente al espacio familiar así como hay otros del abordaje familiar que emergen a través del sufrimiento singular de uno de sus miembros.

Es la subjetividad del analista que operando en un “adentro – afuera”[18] , articula de un modo articulado y no articulable ambas espacialidades  y recupera la posibilidad  transformacional del espacio terapéutico, un espacio intermediario que posibilitará el efecto de apropiación subjetiva  en términos  intergeneracionales y el acceso al trabajo de figurabilidad.

[12]R Roussillon

[13] Diferenciamos huella perceptiva de huella mnémica,

[14] R Roussillon, “La pulsión y la intersubjetividad”, “Pluralite de l’appropiation subjective en  La Subjectivation 2006

[15] D Maldavsky “afín pero diferente”

[16] Roussillon La pulsión y la intersubjetividad. y “Pluralite de l’appropiation subjective en La Subjectivation2006

[17] P C Racamier

[18] C Botella

Acerca de la subjetividad del analista en la transferencia a partir de una concepción de intersubjetividad que integra su dimensión pulsional e inconsciente

R Roussillon  utiliza el término “intersubjetividad”  para pensar la “cuestión del encuentro de un sujeto animado de pulsiones y de una vida psíquica inconsciente con un objeto otro sujeto  también animado por una vida pulsional  de la cual una parte es inconsciente”. Este modo de  concebir la intersubjetividad nos permite pensar el lugar del objeto otro sujeto en la situación transferencial , en nuestro abordaje refiere  “al tránsito de la persona del analista al  analista en persona”[9], un objeto subjetivo familiar coconstruido a partir de su respuesta a los movimientos pulsionales intersubjetivos dados dentro del medio familiar. En estas coyunturas clínicas singulares, es el analista en persona, en su función continente y contenedora, el que inaugura la posibilidad de la co-construcción del encuadre posible para la necesaria constitución de la situación analizante.

A partir del planteo de Freud “lo que en ello era en yo debe advenir”, JL Donnet agrega que la apropiación subjetiva no concierne solo al Ello, sino que debe también acompañarse de una apropiación del Superyo con lo cual R Roussillon enuncia “lo que en el Ello y el Superyo era, debe en Yo sujeto advenir”En nuestra especificidad lo referimos al aparato psíquico familiar y al yo familiar.

El advenimiento del Yo-sujeto implica diferenciar la necesaria relación de sujeto del Yo (en una intersubjetividad innegociable) previo a la relación de objeto del yo, es decir diferenciar al Yo deviniendo sujeto, el cual pasa de inicio por el objeto otro sujeto y su posibilidad reflejante[10] en el momento de la construcción primordial del Yo, un otro de quien depende estrechamente para constituirse. Diferenciamos pues al Yo deviniendo sujeto, del Yo objeto es decir el Yo tomado como objeto y en nuestro abordaje clínico conceptual, el concepto de sujeto está relacionado al proceso de subjetivación y apropiación subjetiva[11].

Integrar la instancia superyoica incluye de inicio la transmisión posible entre generaciones así como los límites o posibilidades de nuestra escucha para pensar los matices y diferencias de su función organizadora en cada grupo familiar.

 

[10] R Roussillon

[11] R Roussillon

Supervivencia psíquica en la catástrofe familiar, matices de la anormalidad 1 necesaria y sus posibilidades en TPFP.

El título de nuestro trabajo articula la supervivencia psíquica y la norma[1]. Más allá que la primera se relacione a catástrofes climáticas, de guerra o familiares, la supervivencia siempre refiere a cierta vivencia catastrófica para ese ser vivo singular, una situación extrema ante la cual debió apelar a recursos extremos. Es pertinente recordar que para R. Roussillon la lógica de sobrevida responde a la lógica de la “anormalidad” es decir no reductible a nuestro modo de pensar habitualmente la articulación desvalimiento y recursos posibles.

Nos centraremos en la especificidad de la supervivencia singular y su derivación vincular en “nuestra clínica de familia y pareja”. Sobrevida psíquica dada en familias en las que lo sucedido y secretado dentro del espacio intrafamiliar, (incesto, abusos sexuales y narcisistas, incestualidad, cuadros psiquiátricos y sufrimientos psíquicos sostenidos sin salida entre otros), adquirió su carácter patógeno a través de la transmisión traumática de lo traumático. Familias en las que en las alianzas parentales priman pactos narcisistas y una comunión de desmentida, no solo de la diferencia de sexos y generaciones sino fundamentalmente de la autonomía narcisista, de la diferencia vivo muerto y de la interdicción a la intercambiabilidad de seres.

Volviendo a la norma, tenemos que diferenciar la norma imperante en el momento de sobrevivir de la norma vigente y necesaria una vez lograda esta. Por la perentoriedad dada como condición para sobrevivir, pensamos a los recursos narcisistas de sobrevida en una interacción dada entre una perentoriedad sostenida por lo tiránico y perversivo de la norma en el medio, incestual, junto a la perentoriedad también tiránica y trófica dada por la autoconservación y el egoísmo necesario.

Es una especificidad clínica en la que nos encontramos subjetivamente implicados ante recursos y soluciones que refieren al singular modo de haber sobrevivido al modo de presencia del objeto otro sujeto y la terceridad necesaria en su condición de posibilidad.  Es decir de algún modo se logró resistir a los climas abusivos, ya sea por exceso o por defecto, y acceder a una “solución narcisista” sostenedora del sentimiento de sí. Éstas operan para cada uno como su marca identitaria, “su modo de ser”, muchas veces enunciada como rasgo de carácter y con la cual se hacen presente en sesión. Este modo de ser es un equivalente afiliativo de supervivencia psíquica, que expresa la síntesis lograda   a partir del abuso narcisista padecido en la transmisión traumática de lo traumático y el modo posible de apropiación de lo transmitido. 

Centraremos nuestra posición en sesión a partir de poder imaginar la supervivencia singular “lograda” en su referencia inevitable a las vicisitudes de la presencia del objeto otro sujeto, la normatividad imperante “para ese sujeto” y “su terceridad” lograda. Insisto referimos al tipo de presencia y no de pérdida o desaparición, un matiz que nos implica dentro de la presencia de la negativdad en estos escollos clínicos. Punto esencial al que luego volveremos. 

Desde esta posición clínica pensamos que en “nuestro paciente” hubo una experiencia traumática especifica en la cual se articuló su “desvalimiento singular” con la posibilidad de “apelar a recursos” a partir de los cuales logró resistir (endurance[2]) y sostener su continuidad narcisista e identitaria. Haber resistido en la paradojalidad apelando a su adaptabilidad frente a un tipo  extremo de sufrimiento[3] narcisista[4] que R Roussillon enuncia como impasse subjetivo existencial o experiencias agonísticas enunciadas por D Winnicot . Esta adaptabilidad se logró en base a recursos que articularon lo propio no reductible a la norma[5] imperante que determinó la terceridad posible en esa situación específica.

En familias incestuales en las que rige un medio perversivo de las diferencias y de lo nuevo, esta normatividad refiere a un organizador que tiránicamente determina las posibilidades de esta adaptabilidad singular. Así mismo pensamos que de algún modo fue posible preservar algo de “lo propio no reductible como parte del sufrimiento vivido –(experiencias somaticas de dolor[6])– más allá de la adaptabilidad anti narcisista[7] en su necesaria referencia al imperativo tiránico. A este imperativo lo pensamos no solo en referencia al Superantiyo de la incestualidad, sino también respecto al super ideal anti yo singular, en su referencia que hace PC Racamier a la posibilidad de pervertir las posibilidades del ideal del yo singular en estas familias.

¿A que nos referimos al enunciar el sufrimiento narcisista en la solución de sobrevida y su derivación identitaria?

Respecto a lo especifico del sufrimiento narcisista, Nos referimos al impasse subjetivo existencial, experiencias agonísticas vividas a partir de la no respuesta del medio dentro del “contrato previsto” en quien subyacía una expectativa o ilusión..

¿Por qué derivación identitara? Si estas experiencias  se prolongan más allá de  cierto límite, el sentimiento de pertenencia está amenazado y con él los ejes del sentimiento identitario.

En el caso que se haya podido acceder a una solución de sobrevida, esta evidencia el esfuerzo y posibilidad del psiquismo singular de constituir una organización defensiva preventiva frente a la amenaza del al retono posible de restos de traumatismos, aun clivados. Nos referimos a restos de “experiencias” de dolor, trazas somáticas del afecto que sometidas al automatismo de repetición, retornan compulsivamente[8] “evitando el encuentro con la necesidad del objeto”.

¿Qué destino tendrá la insistencia de estos restos e ilusión ?

Nuestros pacientes no nacen ni comienzan con el trauma.

Partiendo que todo trauma fue trauma para alguien y de los interrogantes que nos fueron surgiendo pudimos imaginar el siguiente transito:

  • A partir de un estado de desesperanza[9]identitaria o ante la exclusión social[10].
  • Alguien “a su modo” y “como pudo”, para mantener “su” relación narcisista con “sus” objetos significativos.
  • en una retracción que tendió al anonimato y primó la perentoriedad, el “alivio y la calma”[11],
  • Apeló a una adaptabilidad anti-narcisista “a costa de lo propio” o del propio sentir[12],
  • Debió amputar algo de su “propia experiencia vivida” y quedar adherido en “su” medio familiar, al humor y sufrimiento de otro; habitualmente a la calma o el alivio de este otro (o en una referencia identitaria al representante del imperativo social),
  • Pudo constituir una solución garante del no retorno de lo clivado, amenazador de su continuidad identitaria.
  • Pero este resto de “experiencia clivada hacia el yo”[13], está presente, y pulsa en negativo
  • lo clivado“propio –ajeno” ¿un extranjero a sí mismo?
  • trazas cuantitativas de dolor vigentes en la vertiente somática del afecto e inscriptas en el cuerpo.  
  • ¿Qué destino tiene este resto en su insistencia? ¿re-edición hacia un más de lo mismo, o re–petición hacia la diferencia? ¿Cómo “lo encontramos” en el modo de vivir de estas parejas o familias y en el motivo de consulta posible?

Una especificidad en la derivación identitaria posible, valor de la negatividad operante .

  • como producto de la singular capacidad de resistencia (endurance), ante situaciones extremas,
  • surge una derivación identitaria específica,
  • reacción de apego[14] ¿aferramiento? de sobrevida logrado al negativo[15]del objeto posible,
  • Vigencia de lo propio no reductible y el recurso a la negatividad como posibilidad de sostener la continuidad narcisista e identitaria.
  • el rédito narcisista estuvo dado por “su” capacidad de resistir frente a su necesario llegar a ser “alguien para alguien”.
  • “Su solución” es sostenedora del sentimiento de si,
  • “ser lo que sufrieron” en su escena privada[16] en la que
  • aun “en lo actual” el propio sufrimiento mantiene en negativo tanto “la vigencia de lo “des-conocido” o bastardeado por el objeto cuya presencia alguna vez fue esperada, asi como legalidad vigente a la cual referir.
  • En sesión afirmaciones identitarias dentro de nuestro neogrupo[17] intersubjetivo transferencial”,
  • ante “Yo soy” o sus equivalentes, escuchamos Yo soy ¿Para quién?

¿Cómo se presentan en nuestra clínica en TPFP?

Solución a deux. Presencia de la articulación de soluciones de sobrevida psíquica.

Esta especificidad nos posibilitó conceptualizar el hecho que en las parejas en las que prima un pacto narcisista dado por la articulación de estas soluciones, los restos de las experiencias vividas para sobrevivir se puedan transformar en un “entre deux”, en una herida narcisista, referida a un agente responsable y “siempre” deudor ahora presente. Es decir, como enuncia R Roussillon[18] « Cernir el impasse por atribución , el impasse no puede ser tratado  « de soi à soi »,  debe ser compartido por lo menos por más de un otro,  debe implicar al otro a quien es dirigido »

Esta solución “a deux” es un recurso defensivo preventivo ante el retorno de los restos de experiencias de dolor susceptibles de ser reactivadas, que representan  una obligación de integración más allá del principio de placer, ya sea por la reactivación en relación con la actualidad de la vida del sujeto , o en la alianza “a deux[19].

La vivencia agónica tiende a ser alucinatoriamente reactivada. En cuanto no ha recibido el status tópicamente situable, en cuanto no ha sido simbolizada, es sometida a una especie de compulsión de re-petición, de reactivación automática.

Esta referencia a la reactivación alucinatoria es otro de los pilares de nuestra posición subjetiva en sesión

En sesión nos encontramos subjetiva y transferencialmente implicados, en un circuito trans-subjetivo sostenedor de un apego al negativo del objeto, en el cual estos restos no cesan en su insistencia y acceden en lo actual a la dimensión cualitativa del sufrimiento de alguien para alguien disponible

¿quien ? ¿nosotros?

Se hace presente una escena en la cual a partir del “sufrimiento que “hoy padezco”, “mi dolor”, testimonio de los restos propios de experiencias alguna vez vivida que pulsan desde la negatividad, al ser sostenido en lo actual, accede a la dimensión cualitativa de sufrimiento “de alguien” para alguien disponible.

A partir de una transformación pasiva activa “a deux,”al operar las consecuencias de esta reacción de apego a la negatividad, el aferramiento al dolor es un organizador y habitualmente priman la queja, la deuda y el reproche en “referencia” a un otro incuestionable. En esta expresión sintomática en acto y en “lo actual”, un Yo puede activamente reclamar desde una posición de “agente acreedor”, a un agente “siempre deudor”, el sufrimiento vivido a partir de las consecuencias de algo sucedido en una atemporalidad[20] innegociable[21]. Una escena fija sostenedora de la reedicion, en la que ambos miembros están  aferrados en la posición de únicos para el otro

La presencia incuestionable en sesión de esta expresión sintomática, es lo que sostiene “el lugar del objeto” en estas soluciones de sobrevida “a deux” en las que prima un uso doloroso del objeto[22] . Se logra un tipo de intrincación pulsional por lo cual el empecinamiento  en sostener estas escenas fijas pasa a ser un tipo de masoquismo que podría operar como guardián de la vida y no aquel que tendiendo a la desvitalización y a la muerte de la pulsión operara como un masoquismo mortífero.

El tono afirmativo con el cual se enuncian las escenas de lo “no” recibido y que brilla por su ausencia, nos lleva a pensar en el rédito narcisista logrado en estas soluciones, por lo cual el “no” opera en una función positivante[23]. Pensar la condición de posibilidad del negativo del objeto “para alguien” en sesión, que tiene ombligo y habla, nos permite imaginar el momento en que alguien sobrevivió al impasse subjetivo existencial[24], manteniendo lo propio no reductible, experiencia somática del  dolor como  registro de la falla en la presencia del objeto necesitado.

Una secuencia posible pensada dentro de la intersubjetividad transferencial que nos implica,

Desde una posición implicativa que nos posiciona dentro de los movimientos enloquecidos y enloquecedores que se dan en estas parejas o familias, sus efectos nos involucran “más allá del momento de sesión”. Estos efectos o “afectación inter-sesión”, nos llevó a ampliar el concepto de transferencia al de intersubjetividad transferencial, una espacialidad intersubjetiva que nos implica como analistas en persona, en el neogrupo[25] que constituimos y en la que se da la posibilidad de la penetración actuada  del clima toxico “invivible” en el que sobreviven estas familias.

Secuencia posible dada en estos equilibrios interdefensivos,

Experiencia de dolor singular, una dimensión cuantitativa en búsqueda de la objetalizacion necesaria.

 

Al ser esta “en desesperanza” se da un tipo de desvitalizacion representante de la hemorragia libidinal tendiente a lo agónico.

 

Alerta intrasubjetiva[26] que lleva a la desesperación, dimensión humana que enuncia la.

Recuperación pre subjetiva de la condición de posibilidad.

 

Posición singular  de nuestros pacientes ante la cual, nos encontramos implicados frente a diversas opciones entre las cuales distinguimos:

  1. A) rumiación “intrasubjetiva” y posibilidad de instalar un “incorporatintra somático, o
  2. B) apelar a una agresividad necesaria en su función objetalizante, pero degradada a un tipo de violencia con:

 

tendencia a la descarga provocante y convocante ahora de un “otro no otro” necesario, un tipo de doble narcisista y,

respuesta de este otro acorde a su propia posibilidad, dada por su singular solución narcisista de sobrevida psíquica.

 

Configuración en sesión en acto y en lo actual, en un “entre dos”, de una escena entre un acreedor con “su razón entendible por humanos”, frente a “su pulsión” y al objeto “ahora presente y deudor”.

Al darse esta escena en sesión el registro de objeto presente y deudor implica a una terceridad demandada, sostenido en latencia en nuestro malestar o confusión. ¡Este registro ya es un resto y  un  “acceso al trabajo del resto dentro de nuestra intersubjetividad transferencial!.

Posición clínica en sesión. Presencia incuestionable de las vicisitudes del objeto dentro de la negatividad posible.

En sesión estamos subjetivamente implicados ante el “modo posible” de retorno de estos restos de experiencias vividas “presentados” en la fijeza del accionar de estas personas atrapadas en sus personajes. Es nuestra implicancia subjetiva la que puede aportar la objetalización necesaria para acceder al trabajo de representancia[27] y subjetivación historizante de estos restos.  

No referimos al acceso a la verdad imposible, sino a la fragilizacion del equilibrio inter-defensivo a deux, para dar acceso a la posibilidad de subjetivación del matiz singular del sufrimiento alguna vez vivido.

Nuestra endurance (resistir durando y durante el tiempo necesario), memoria y posición activa consecuente y prospectiva, posibilita una transformación pasivo activa terapéutica a partir de la condición de “disponible y utilizable” de la persona del analista. Hacemos extensiva a la transferencia dada en TPFP ante estas soluciones narcisistas “a deux”, lo planteado por R Roussillon cuando enuncia que el analizando ha podido desarrollar una forma de “utilización del analista”, pero una utilización negativa y paradojal. El analizando, en nuestro caso la pareja o familia, viene “como puede” a “hacer entender, ver o sentir aquello que de él no ha podido ser integrado psíquicamente, aquello que ha sido repudiado sin representación, clivado mas que reprimido. Viene a hacer vivir al otro aquello que el mismo no está en condiciones de soportar o resistir de su propia historia, aquello que él no ha podido inscribir en su subjetividad, aquello a lo que ha estado sometido sin poder integrar”.

En estas situaciones transferenciales tan difíciles para nosotros, poder aceptar nuestros asombros y confusiones, sin banalizar de un modo reduccionista nuestra memoria, nos conecta con los momentos del retorno de lo clivado en el modo posible. En lo específico de esta posición clínica, nuestra memoria responde a un tipo de escucha que sostiene un modo singular y activo de dar lugar en nuestro espacio a la dimensión cuantitativa del dolor de alguien, “mi paciente”. Son situaciones clínicas en las que nos corresponde a nosotros sostener la dimensión continente e interrogativa, sin olvidar que nuestros pacientes no nacen ni comienzan con el trauma

 


 

[1] La « norme » et la normativité ne s’établissent pas indépendamment de la situation subjective, elles sont fonction des conditions concrètes des situations vécues et de celle de l’exercice des processus de la vie en leur sein.

[2]D Rose, L’endurance primaire.

[3] R Roussillon, una patología narcisista relacionada con una dificultad en la función subjetivante del Yo. Se sostiene una organización defensiva contra los efectos de un traumatismo primario clivado y la amenaza que su huella, al estar sometida al automatismo de repetición, pueda afectar a la organización del aparato psíquico y de la subjetividad. Son pacientes que más que la carencia en ser están caracterizados por una carencia en el ser.

[4] M de M’Uzan : Vital- identital.

[5] R Roussillon refiere la soluciones de sobrevida a “La psicopatología de la anormalidad » Dice R Roussillon Ma réflexion présente essaye de cerner certaines des logiques qui dominent un monde subjectif confronté à l’impasse du principe de réalité et donc de la norme courante, elle vise à essayer de considérer les nouvelles normes qui s’instaurent alors. La psychopathologie, « l’anormalité », n’est plus alors à rechercher dans la mise en œuvre des « solutions » trouvées pour survivre à l’impasse subjective existentielle et qui sont sans doute les seules ou pour le moins les plus efficaces dans la situation vécue, mais dans le rapport que le sujet entretient avec le fait de devoir les mettre en œuvre. Si, en effet, les quelques solutions de survie que je vais explorer sont « anormales » du point de vue de la logique du renoncement, elles sont par contre « logiques » dans les situations d’impasses existentielles. À situations limites ou extrêmes de la subjectivité, mesures extrêmes.

[6] R Roussillon, Affect inconscient, affect passion et affect signal.

[7] F Pasche.

[8]R Roussillon, Compulsión a la repetición y a la subjetivación,

[9]Chicos golpeados, abusados, lastimados, pendientes del sufrimiento sin salida de quienes dependen, padres violentos, adictos, delirantes etc.

[10] R Roussillon, L’errance identitaire

[11] Lógica de la sobrevida psíquica en su diferencia con la de la vida psíquica en la que hay acceso al principio de placer, la objetalizacion necesaria y la experiencia de satisfacción.

[12]Solución sacrificial, a costa del egoísmo necesario, anti-narcisista a partir de F Pasche.

[13]R Roussillon La loi du plus faible,

[14] R Russillon, Láffect.

[15]“Porque vos” Actualidad Psicológica” 2016,

[16] Adela Abella “paradigma relacional de base  –

[17] E Granjon,

[18]   Respecto a las soluciones a deux con las que nos encontramos en nuestra clinica R Roussillon plantea en La loi du plus faible « Deux processus sont donc ici en cause, d’une part cerner l’impasse la circonscrire, d’autre part l’attribuer. On peut en effet chercher à cerner l’impasse en lui trouvant ou en lui reconnaissant, c’est selon, un responsable, un « coupable », le fait d’une subjectivité humaine incarnée. On passe ainsi du sentiment d’une impasse intrapsychique à celui d’un d’une impasse effet de l’autre, d’un autre, de ses manifestations. Il n’agit pas seulement ici de ce qu’on appelle habituellement projection, il s’agit d’une condition de possibilité de tout traitement, l’impasse ne peut être traitée « de soi à soi », elle doit être partagée par au moins plus d’un autre, elle doit impliquer l’autre, lui être adressée ».

[19] Roussillon : « La situation dont le sujet a dû se retirer pour survivre, celle qui portait l’agonie psychique, ne disparaît pas avec le retrait, elle disparaît du présent, de l’actualité du sujet, mais elle reste inscrite dans la psyché comme toutes les expériences significatives. Et les traces qu’elle a laissées sont susceptibles d’être réactivées, soit en raison de poussées intégratives internes liée à la compulsion de répétition qui représente une contrainte d’intégration « au-delà du principe du plaisir », soit en raison de réactivation en lien avec les situations rencontrées dans le présent, dans l’actualité de la vie du sujet, soit dans l’alliance des deux, l’actualité du sujet venant renforcer la menace d’activation interne des traces traumatiques »

[20] Ch David, solución nostálgica, investimento del objeto en nostalgia, aquello que brilla por su ausencia Objeto nostálgico.

[21] ….sostenida por “siempre vos….”en una referencia al “habría o hubiera”. A su vez el agente “siempre” deudor, de un modo desesperado necesita demostrar a “su supuesto otro no otro”, que “yo no soy ese que vos afirmas que soy”.

[22] C Chabert, “Maintenant il faut se quitter”.

[23] Referencia al objeto nostálgico a partir de CH David en Eduardo Grinspon, “Del apego al negativo a la perversión afectiva nostálgica.”

[24] R Roussillon,

[25] E Granjon,

[26] E Grinspon, “testigo intrasubjetivo del sufrimiento vivido”  citar referencia

[27] R Roussillon,

El trabajo del trauma en un “entre dos” y su especificidad en TPFP frente a soluciones de supervivencia psíquica

Por Eduardo A. Grinspon

Ante esta especificidad de sufrimiento narcisista pensado en TPFP, “el trabajo del trauma de alguien” (dentro de la grupalidad familiar en sesión), pide una espacialidad ¿tróficamente clivada dentro del magma incestual?[1], en la cual se inaugure a partir de la presencia implicativa de un semejante, un “entre dos” con quien acceder al trabajo de apropiación subjetiva de los restos o marcas de sufrimiento aun clivadas “de su subjetividad”. Nos enfrentamos transferencialmente a soluciones de sobrevida psíquica en las cuales como salvaguarda de la continuidad identitaria (en el tránsito desde las catástrofes familiares a las generacionales[2]), se configuró un equilibrio inter-defensivo preventivo ante la amenaza del retorno “en crudo”[3] de aquello clivado. Referimos a pactos incestuales defensivo preventivos dados en pareja, una solución “a deux”, producto de la articulación de las corrientes defensivas singulares con sus habituales derivaciones familiares.

Partimos de la idea que el retorno de estos restos de sufrimiento vivido (pero quizás aún no vivenciados) no cesa en su insistencia y da lugar en nuestro espacio terapéutico familiar a un tipo del trabajo del negativo que exige un proceso en dos tiempos, (por ejemplo frente a la vigencia de los movimientos perversivos narcisistas, la presencia del sufrimiento clivado en un hijo o en un partenaire víctima).

Es necesario en un primer tiempo que podamos co-construir en sesión “en acto y a través de lo actual”, es decir “a partir de nuestra realidad”, una escena, en la que ese “resto cosa”[4] de sufrimiento singular, se haga presente, es decir que pueda ser re-presentado[5] para alguien subjetivamente presente, que resista (endurance singular posible) a los imperativos[6] desvitalizantes y confusionantes. Accedemos al primer momento del trabajo de simbolización, en el cual sostenemos la posición del objeto para simbolizar el objeto a simbolizar ¿en este caso lo secretado?, para finalmente acceder en un segundo tiempo a una representación posible para nuestros pacientes. Es decir lograr en un primer momento la distancia necesaria para que lo clivado pueda tornarse “pensable y decible”[7], (lo alguna vez impensable e indecible), frente a nosotros como un semejante, es decir “un humano como uno”.

Esta etapa transformacional responde en estos pacientes, con un importante sufrimiento narcisista identitario (por su derivación identitaria) , o vital identital[8], por su referencia a la autoconservacion), a su necesidad de configurar en un “entre dos”, en acto y a través de lo actual, una escena, en la que se acceda al testimonio[9] y se re-presente el “paradigma relacional”[10] de sobrevida psíquica singular subyacente. A partir de nuestra disponibilidad y resistencia singular (endurance), sostenemos la terceridad necesaria para la vacilación de la rigidez del equilibrio interdefensivo familiar, accediendo en un primer momento a nuestros interrogantes, los cuales operan “en sesión” al modo de “significantes enigmáticos”[11] tróficos y no patógenos. Esta dimensión de la pulsión de saber esta interdicta por la articulación de un super-anti-yo y una sobreinvestidura patógena del Ideal “anti” yo singular sostenido en la incestualidad, (como enuncia Racamier un Sur-ideal-anti moi). Los enunciamos “significantes enigmáticos tróficos por su efecto subjetivante en quien aún pulsan interrogantes en espera de la respuesta de un otro presente. Si bien los enunciamos como interrogantes,  referimos a improntas cuantitativas, marcas de experiencias de dolor[12]alguna vez vividos que no cesan de insistir en búsqueda del objeto otro sujeto “y su pulsión”[13], “con quien”, ante este tipo de retorno, “pasar”[14]a la dimensión cualitativa de vivencia de dolor de alguien y para alguien. À partir de la proposición que Lacan nos ha dejado [15]Wo es war soll ich werden”. R Roussillon nos propone “Allí donde Ello era (o estaba) el sujeto, (el Yo, el sujeto, el Yo instancia) debe advenir Dicho de otro modo los contenidos del Ello deben integrarse en la subjetividad, deben ser apropiados en y por esta. Aquello que está en resto en la vida psíquica, aquello que resta bajo la forma de Ello, es decir sin sujeto ni objeto, debe advenir Yo considerado este como instancia de la subjetividad.

Referimos a las posibilidades dadas en la transferencia por retorno[16], la cual sostiene en sesión el encuentro co-alucinatorio, es decir el potencial alucinatorio singular de “nuestros pacientes” reorganizado dentro de la intersubjetividad transferencial que nos implica. Se recupera de este modo “el sentido y la fuerza subversiva” del representante psíquico de la pulsión.  El potencial alucinatorio es parte del narcisismo de vida ya que articula pulsión y narcisismo, y es atacado en los movimientos perversivos narcisistas.

Cuando referimos al encuentro co-alucinatorio “en sesión”, la posibilidad de subjetivación de aquello vivido traumáticamente por nuestros pacientes, no referimos solo a los traumas infantiles. Suponemos que el potencial alucinatorio desencadenado por la huella perceptiva[17] de lo vivido traumáticamente, dentro de lo estructuralmente humano, está siempre disponible en búsqueda de un objeto alucinable. El potencial alucinatorio original, indestructible incluido en el ello[18], puede siempre ser recibido y remodelado por un objeto que tenga las cualidades psíquicas adecuadas. Nuestros pacientes pueden reorganizar su potencial alucinatorio en contacto con “su” objeto analista en persona, un objeto “otro sujeto y su pulsión”[19] vivido en continuidad co-alucinatoria con su psiquis. Momento crucial en nuestra propuesta de posición subjetiva implicativa dentro de estas transferencias paradojales y por retorno .

El trabajo de subjetivación de lo que insiste desde este tipo de negatividad, depende de una disposición fundamental “del otro”, que es exigido en primer lugar a nosotros como personas implicadas. Un tipo de pasividad necesaria que posibilita dejarnos penetrar por lo desconocido, por aquello no identificable con el predicado, en su diferencia con el resto cosa[20] que retorna. Diferenciamos “la cosa” del “predicado”, este es aquello con lo que nos podemos identificar, un atributo que reconocemos como lo conocido, mientras que “la cosa” es aquello extraño “aún desconocido”. Esta “pasividad activa” (en su diferencia con la pasivación) frente a estas situaciones clínicas, es la regla fundamental que nos posibilita ir a la búsqueda desde nuestra posición implicativa[21] a lo desconocido o más precisamente a lo aun impensable de nuestros pacientes. A esta pasividad la homologamos a la “passibilité”, es decir nuestra disponibilidad a sostener un objeto de transición o de pasaje, en su diferencia con el objeto transicional, le “passeur” que enuncia D Scarffone[22] y retoma Catherine Chabert.

Aquel sector clivado que retorna y amenaza a partir de un levantamiento del andamiaje defensivo preventivo “a deux”, muchas veces es intolerable para ciertas configuraciones familiares o de pareja y su continuidad identitaria. Son momentos de vacilación de nuestros procesos en los que estos pueden llegar a interrumpirse[23] y exigen nuestra supervivencia y creatividad para acceder a intervenciones posibles. Son intervenciones dentro de este tipo de encuadre posible, por ej; dar lugar a entrevistas con algún miembro o subgrupo familar, o compartir mensajes por una via actual como el WhatsApp etc.

La escena fija dada en la pareja parental, sostiene en acto y a través de lo actual la neutralización del inevitable retorno, dentro de una escena en impasse garante del sostenimiento del “sin historia” (impassé)[24], pero al darse en sesión, ya es frente a un testigo implicado como “passeur” sostenido por nuestra presencia y disponibilidad[25]. Depende de nuestra endurance singular encontrar el timing o “tempo” de cada paciente, (ya sea individual o en un espacio de pareja y familia), en el pasaje del “a deux” a lo singular, en compañía de nuestra presencia “con memoria hacia un futuro” y dentro de la grupalidad familiar.

Retomo el modo en que Adela Abella describe “el paradigma relacional”, muy pertinente con nuestra escucha familiar y un pensamiento en escenas dentro de la intersubjetividad transferencial. En “La construcción en psychanalyse” dice- “Nosotros sufrimos de nuestro pasado, pero más exactamente de los paradigmas relacionales inconscientes que hemos construido a partir de nuestro pasado, filtrándolos y construyéndolos a través de nuestra pulsionalidad… y luego  agrega (pág. 28) … en la transferencia se da la tendencia del individuo a actualizar sus paradigmas relacionales inconscientes en la relación con el analista…en esta relación no son los objetos externos del paciente, arcaicos o actuales, sino que son sus objetos internos y la calidad de su relación entre ellos tal como el sujeto los ha construido, que son transferidos”.


NOTAS

[1] E Grinspon posibilidad del “Espacio terapéutico ampliado no escindido”.

[2] PC Racamier, André Carel.

[3] Recordamos  una referencia de J Laplanche, quien enuncia que en la transferencia en crudo, “se re-presenta lo enigmático del otro, es un incendio en el teatro que pone en crisis la corriente asociativa y abre sobre la “experiencia actual” de la alteridad”……

[4]D Scarffone.

[5]Jean Claude Rolland 1998, Retorno, presentación, re-presentación para alguien, acceso a la representación.

[6] Presencia en nuestro espacio terapéutico de un “super anti yo singular” (Surantimoi , Racamier).

[7]J Altounian.

[8]M de M’Uzan, por su referencia a la autoconservación.

[9] E Grinspon, Trabajo de subjetivación del testigo intra-subjetivo del sufrimiento padecido por “nuestros pacientes. Intervenciones del analista en su diferencia con la interpretación.    www.eduardogrinspon.com

[10] A Abella.

[11] J Laplanche.

[12] R Roussillon.

[13] R Rousillon transferencia por retorno jugada en el movimiento compulsivo a la repetición de la diferencia.

[14] D Scarffone, travail de passibilite.

[15] À partir de la proposition que Lacan a rendu tellement célèbre « Wo es war soll ich werden », R Roussillon nous propose «là où était le Ça le sujet (le Ich, le sujet, le Moi, le Moi-sujet) doit advenir », autrement dit les contenus du Ça doivent s’intégrer dans la subjectivité, doivent être appropriés dans/par celle-ci. Ce qui est en reste dans la vie psychique, ce qui reste sous une forme « Ça », c’est-à-dire sans sujet ni objet, doit devenir Ich, doit devenir Moi considéré comme instance de la subjectivité ».

[16] R Roussillon,

[17] Cesar y Sara Botella,

[18] Lo que en ello estaba en yo debe advenir , pensado en nuestra especificidad de TPFP;

[19] R Roussillon,

[20] S Freud. Proyecto de una psicología para neurólogos.

[21] Es su diferencia con la estéril, pero tranquilizadora para nosotros,  posición explicativa.

[22]RFP, L’actuel en psychanalyse Dic 2014.

[23] por ejemplo ante el decir de un paciente “a pesar de todo lo que sufro la quiero mucho y tenemos algo muy fuerte que nos une”.

[24] P Denis, D Scarffone.

[25] R Roussillon, Utilización del objeto  para simbolizar….,

Transito posible desde nuestro malestar a un tipo de intervención eficaz.

Nuestra memoria y la posición activa consecuente, posibilita una transformación pasivo activa terapéutica a partir de la persona del analista.

Aceptar lo desconocido de nuestros pacientes, es no olvidar ni banalizar nuestra memoria de un modo reduccionista. Son momentos en los que un espacio de inter-visión con colegas es muy útil, ya que nos posibilita en un clima confiable, plantear nuestros asombros, confusiones, y ser escuchado “en una situación en la que siendo la misma persona, estoy en un momento posterior”.

Pienso que nuestra presencia subjetiva en su dimensión benevolente   y disponible, posibilita a nuestros pacientes, quienes para transitar la sobrevida psíquica, han tenido que soportar experiencias inaceptables hoy dentro de los mecanismos de vida psíquica, conectarse con los restos de estas experiencias que no cesan de insistir.Refiero a todas las experiencias que fue necesario vivenciar para sobrevivir y llegar en el momento actual a ser quien cada uno es.   Diferenciamos la lógica de la sobrevida psíquica en la que primó el anonimato el alivio y la calma, de aquella lógica propia a la vida psíquica en la que la experiencia de satisfacción, el acceso al principio de placer y a una terceridad eficaz fue posible.

En la especificidad de nuestra posición clínica ante este escollo clínico, nuestra memoria responde a un tipo de escucha que sostiene un modo singular y activo de dar lugar en nuestro espacio a la dimensión cuantitativa del dolor de alguien, “mi paciente” y su nacimiento subjetivo posible a ser sujeto de su propio dolor en su dimensión cualitativa. Aclaro “mi” paciente porque esta búsqueda se da dentro de un tipo particular de intersubjetidad transferencial[1] sostenedora de la objetalizacion necesaria para el nacimiento subjetivo de “alguien para alguien”, en primera instancia para “mi-nuestro analista de pareja”. En estas situaciones clínicas, es a nosotros a quienes nos corresponde sostener la dimensión plural[2], diferente a aquella lógica abusiva sostenida en el “accionar a costa del otro”. Poder mantenernos subjetivamente vivos, a partir de nuestra (“endurance”) resistencia singular, posibilita el pasaje del estado exitoso fracasado del equilibrio interdefensivo a fracasado en búsqueda de la diferencia. Recuperar la dimensión del “sujeto del propio dolor” y salir de la posición quejosa y pasiva del objeto del dolor causado por el movimiento de un otro ubicado como agente del propio sufrimiento, posibilita que advengan estas referencias en nuestro espacio.

En estas configuraciones vinculares, a partir de nuestra presencia implicativa objetalizante, se da un trabajo de subjetivación historizante en el que lo que varía son “nuestros pacientes” y es nuestra memoria la que “debe mantener esta variación”. La posibilidad de que vacile la sintomatología del equilibrio interdefensivo imperante es casi nula. Al primar estrategias de sobrevida psíquica, la variación es lenta y progresiva y en lo manifiesto se van a mantener en la misma posición dentro de sus personajes. Fue en nuestro espacio terapéutico, en el que se dio la vacilación posible y es a partir de nuestra posición, que se va a poder cumplir un imperativo que prima en nosotros como analistas, cuyo enunciado es “el efecto trófico de nuestra tarea es centrifugo, es decir desde el interior de nuestro espacio hacia el exterior, su medio familiar y social”.


NOTAS

[1] Subjetividad transferencial que nos implica como analistas en persona, en el neogrupo que constituimos.

[2] En la que el todo es más que la suma de las partes”,

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